UNICEF confirma que Cuba es el único país de América Latina sin desnutrición infantil

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura también ha reconocido a Cuba como la nación con más avances en América Latina en la lucha contra la desnutrición.

En el último informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) titulado de “Progreso para la Infancia un Balance sobre la Nutrición”, determinó que actualmente en el mundo existen  146 millones de niños menores de cinco años con problemas de graves de desnutrición infantil. De acuerdo con el documento,  28%  de estos niños son de África,  17%  de Medio Oriente,  15%  de Asia,  7%  de Latinoamérica y el Caribe,  5%  de Europa Central, y  27%  de otros países en desarrollo.

Cuba sin embargo no tiene esos problemas,  siendo el único país de América Latina y el Caribe que ha eliminado la desnutrición infantil, todo esto gracias a los esfuerzos del Gobierno por mejorar la alimentación, especialmente la de aquellos grupos más vulnerables. Además, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) también ha reconocido a Cuba como la nación con más avances en América Latina en la lucha contra la desnutrición.

Esto se debe a que  el Estado Cubano garantiza una canasta básica alimenticia y  promueve los beneficios de la lactancia materna, manteniendo hasta el cuarto mes de vida la lactancia exclusiva y complementándola con otros alimentos hasta los seis meses de edad. Además, se les hace entrega diaria de un litro de leche fluida a todos los niños de cero a siete años de edad. Junto con otros alimentos como compotas, jugos y viandas los cuales se distribuyen de manera equitativa.

No por nada la propia Organizacion de las Naciones Unidas, (ONU) sitúa al país a la vanguardia del cumplimiento de materia de desarrollo humano. Y por si fuera poco para el año 2015,  Cuba tiene entre sus objetivos eliminar la pobreza y garantizar la sustentabilidad ambiental.

Y todo esto pese a 50 años de embargo, bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos…

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Fuegos artificiales contra Cuba

Los fuegos artificiales son sinónimos de fiestas, alegrías, celebraciones y de homenajes, casi siempre movidos por autoridades oficiales.

Recuerdo en estos momentos las fiestas patronales de la localidad de Santiago de las Vegas, ubicada a 20 kilómetros del centro de la capital cubana. Procesiones, verbenas, bailables, congas callejeras, caballitos llamados así a los improvisados parques de diversiones, todos precedidos, en espera del 25, por los fuegos artificiales.

Los fuegos artificiales merecen este nombre por su peculiar imitación sonora a disparos de pistolas o fusiles, y por la deslumbrante luz, esparcida en múltiples filigranas visuales de colores diversos.

La oriental provincia cubana de de Santiago de Cuba celebra tradicionalmente el 25 de julio como la fiesta patronal de Santiago Apóstol, en las que también los fuegos artificiales constituyen el llamado a las diversiones organizadas por funcionarios gubernamentales.

En resumen, los fuegos artificiales mueven a la alegría popular con su bondadoso bullicio sonoro y visual que todos saben es de mentiritas, que no de verdad.

Los fuegos reales a diferencia de los artificiales si lo producen los disparos de armas de fuego de las que salen proyectiles que baten objetivos con un propósito bien definido.

Los fuegos artificiales procuran diversión. Los fuegos reales van en dos bandos, los que siembran luto y los que abren reivindicaciones. Los primeros son disparados por los villanos, los segundos por los que combaten a los villanos.

El 26 de julio del año 1953, en Santiago de Cuba, hubo más fuegos reales que artificiales, los que esta vez no fueran patrimonio de los gobernantes, sino de jóvenes revolucionarios que se decidieron a ser libres o mártires al atacar la segunda fortaleza armada de la sanguinaria dictadura batistiana: El cuartel Moncada.

Por lo tanto, es una risible payasada tratar de utilizar los fuegos artificiales para animar sentimientos oscuros, lúgubres y esclavizantes, cuando falta la moral histórica para justificar rebeldías vendidas al nacer a una potencia extranjera.

Solo imaginar el efecto emocional que causara en los cubanos que desde el Malecón habanero gozaron de su momento de carnaval. Unas pálidas lucecitas allá en el nocturno horizonte no le aguaron la fiesta a nadie, y menos al cubano, que reconoce, admira y respeta el patriotismo de los asaltantes a los cuarteles Carlos Manuel de Céspedes y Moncada.

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