Hallan en la Antártida negativos fotográficos de 100 años de antigüedad (+Fotos)

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Un grupo de investigadores halló en la Antártida negativos fotográficos de una de las primeras expediciones al continente atrapada en el hielo polar a principios del siglo XX.

Los miembros de la fundación Antartic Heritage Trust (Fundación del Patrimonio de la Antártida) han encontrado en una cabaña abandonada en la Antártida negativos fotográficos de instantáneas tomadas entre los años 1914-1917 durante la expedición de Ernest Shackleton, informa CNN.

La cabaña donde fueron hallados los negativos pertenecía a la fallida expedición de 1912 liderada por el explorador británico Robert Falcon Scott, que pretendía convertirse en el primer hombre en conquistar el Polo Sur. Sin embargo, Scott llegó al punto de destino deseado 33 días más tarde que su rival, el explorador noruego Roald Amundsen. Ahí no acabaron, ni mucho menos, sus desgracias: el explorador y algunos de sus compañeros fallecieron durante el viaje de regreso.

Varios años después del fracaso de Scott, concretamente en 1914, el irlandés Ernest Shackleton intentó por primera vez cruzar las tierras antárticas desde el mar de Webbell hasta el Mar de Ross. Sin embargo el viaje tampoco terminó con el éxito esperado. El barco de la expedición, el Aurora, se quedó atrapado en el mar helado y sus miembros se vieron obligados a vivir en la cabaña de Scott, que afortunadamente se encontraba cerca. Tres compañeros del explorador irlandés murieron antes de su rescate en 1916.

Los negativos de nitrato de celulosa, los únicos testigos existentes de los hechos, fueron guardados en una caja en el cuarto del fotógrafo de la expedición de Scott, Herbert Ponting. Antartic Heritage Trust llevó el hallazgo a Nueva Zelanda, donde fueron reconstruidas 22 fotografías en blanco y negro. A pesar de que algunas de las imágenes resultaron dañadas los expertos de la fundación lograron reconocer los puntos de referencia del estrecho de McMurdo, donde se quedó atrapado el Aurora.

“Es un hallazgo emocionante y estamos encantados de verlas expuestas después de un siglo”, comentó el director ejecutivo de la Antartic Heritage Trust, Nigel Watson, que también señaló que para la fundación y para la historia de la exploración del Polo Sur, las nuevas imágenes son un tesoro histórico.

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1,3 millones de personas han estado sin empleo en Estados Unidos

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Para más de un 1,3 millones de personas que han estado sin empleo en Estados Unidos durante más de seis meses la temporada de fiestas llega este sábado a un fin duro con la cancelación del subsidio pagado por el Gobierno federal.

La cancelación es resultado de un pacto entre republicanos y demócratas en el Congreso sobre el presupuesto federal que omitió la extensión de los subsidios creados en 2008 para paliar los efectos de la recesión más profunda y prolongada en EEUU en casi ocho décadas.

Los demócratas han prometido que en enero, cuando reanude sus sesiones el Congreso, introducirán proyectos de ley para restablecer el subsidio federal sin el cual otros 3,6 millones de personas perderán el beneficio hacia finales de 2014.

Los republicanos, que dominan la Cámara baja, consideran sin embargo que han desaparecido las razones para seguir renovando indefinidamente estas ayudas.

En su última rueda de prensa del año, el presidente Barack Obama instó a los republicanos a trabajar con los demócratas con el objetivo de prorrogar las ayudas rápidamente al menos por otros tres meses.

El subsidio por desempleo pagado tradicionalmente por los estados en EEUU cubre hasta 26 semanas. La prestación federal cubría durante un tiempo más a quienes permanecían en situación de desempleo pasado ese plazo de 26 semanas.

Durante la recesión entre diciembre de 2007 y julio de 2009 la mayor economía del mundo perdió casi 8,4 millones de puestos de trabajo y para millones de personas la reactivación no ha resuelto el prolongado desempleo.

De acuerdo con el grupo de estudio Economic Policy Institute, de Washington, la proporción de trabajadores que han estado sin empleo por más de seis meses subió de 17,6 % de los desempleados antes de la recesión a más del 45,6 por ciento en el segundo trimestre de 2010, y así se ha mantenido hasta ahora.

El Congreso ha aprobado once veces la extensión del subsidio federal por desempleo, pero, con datos que documentan la mejoría económica, los republicanos -que tienen mayoría en la Cámara de Representantes- han argumentado que el programa ya no se necesita y que cortarlo forzará a los desempleados a buscar activamente trabajo.

Un estudio de la Oficina de Presupuestos del Congreso y otro del banco J.P. Morgan indican que la terminación del programa podría deducir entre 0,2 y 0,4 puntos porcentuales del crecimiento de la actividad económica y que el país perderá en 2014 unos 240.000 empleos debido a la reducción de la demanda.

La terminación del subsidio federal por desempleo asesta un segundo golpe a algunos de los segmentos más necesitados del país a quienes hace un par de meses el Congreso recortó los cupones de alimentos.

El índice de desempleo en EEUU alcanzó una cima en la Gran Recesión del 10 por ciento en octubre de 2009 y desde entonces ha ido bajando lentamente a un 7 por ciento en noviembre pasado.

Según el gobierno del presidente Obama, el sector privado ha creado empleos por cuarenta y cinco meses consecutivos con un total de 8,1 millones de puestos de trabajo, 2,3 millones de ellos añadidos en los últimos doce meses.

Pero una alta proporción de esos empleos nuevos son de tiempo parcial, sin beneficios como el seguro médico, pago de horas extra o de licencia, empleos precarios que para muchas personas no compensan los gastos derivados de aceptar esos empleos como el transporte, la vestimenta adecuada o el cuidado de los niños en la casa.

“El desempleo ha bajado para todos los trabajadores pero sigue siendo inaceptablemente alto”, señaló el presidente del consejo de asesores económicos de la Casa Blanca, Jason Furman, en declaraciones a la prensa.

“La razón por la que esto es inaceptable no está en el desempleo de corto plazo, que ha retornado a los promedios anteriores a la crisis”, añadió.

El problema está en el desempleo de largo plazo que está un 2,6 por ciento por encima de cualquier tasa de desempleo de largo plazo registrada desde 1948 hasta la Gran Recesión“, advirtió.

 

El creciente poder chino-ruso obliga a EE.UU. a reconsiderar sus gastos militares pese a la crisis

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Este año se considera fructífero para las relaciones entre China y Rusia, mientras que los vínculos de ambos países con Occidente se han deteriorado. El creciente poder chino-ruso obliga a EE.UU. a reconsiderar sus gastos militares pese a la crisis.

Según publicó la revista japonesa ‘The Diplomat’, en los últimos años muchos expertos indicaron que las dos guerras de EE.UU., en Irak y en Afganistán, y el debilitamiento de su economía, han dado a China la oportunidad de aumentar su importancia en la arena mundial. Al mismo tiempo, el crecimiento de la economía china y la situación relativamente estable en términos de seguridad han ayudado a Pekín a consolidarse como una potencia hegemónica de Asia.El interés recientemente intensificado de Washington en la región obviamente no implica que exista la posibilidad de gastar dinero y recursos para equilibrar realmente la influencia que tiene allí China. Por ello, Pekín no tuvo que dar explicaciones por la amenaza que supuso cambiar el statu quo en la región estableciendo una nueva zona de defensa aérea en el mar de China Oriental el pasado mes de noviembre.

Asimismo, China y Rusia conjuntamente son capaces de obligar a Washington a dividir sus fuerzas y, por lo tanto, a actuar sin eficacia. Para conseguirlo, los dos países necesitan solamente ampliar el número de desafíos que plantean a EE.UU. en materia de seguridad, algo que aumentará aún más la presión sobre los recursos de las Fuerzas Armadas del país norteamericano, que ya están al límite. Moscú y Pekín, publica ‘The Diplomat’, parecen haber resuelto, al menos temporalmente, sus disputas territoriales y ahora están colaborando a nivel estratégico en un intento de forzar a EE.UU. a retirarse completamente de Asia.

Actualmente se presta mucha atención a la estrategia china para impedir el acceso a determinadas áreas en Asia, cuyos componentes clave son misiles balísticos antibuque DF-21D  y también la nueva zona de defensa aérea. Por su parte, Rusia está aumentando su presencia en el Ártico y ahora está desplegando en su territorio del extremo norte un amplio sistema de radar de detección temprana y unidades de guerra radioelectrónica.

Evidentemente, EE.UU. buscará equilibrar la creciente presencia rusa en el Ártico, pero esta búsqueda de “un equilibrio de poderes” en esta región solo dificultará el reparto del presupuesto de Defensa del país y desviará parte de sus recursos del asunto asiático.

Algunos expertos dudan que Washington pueda evitar la quiebra después de aumentar seriamente el gasto en Defensa. Es poco probable que EE.UU. pueda reaccionar simultáneamente al ascenso de China en Asia y al crecimiento de la presencia rusa en el Ártico y en las fronteras de los países bálticos, donde según algunas informaciones, Rusia está desplegando sistemas tácticos de misiles Iskander, considerado un elemento estratégico en las tensiones ruso-estadounidenses por el escudo antimisiles de la OTAN en Europa.

Para hacer frente efectivamente a los desafíos a largo plazo provenientes del eje China-Rusia, es posible que EE.UU. tenga que hacer importantes cambios en su estrategia.

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Cuba: ¿Quiere usted comprar un carro?

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Por Aurelio Alonso *

No creo que haya quien dude que la liberación de la venta de automóviles y otros vehículos se inscribe entre las medidas que intensifican las relaciones de mercado dentro de la economía cubana, sin representar amenaza a su orientación socialista. Paso por alto consideraciones favorables o desfavorables, dado que la concibo como inevitable; en realidad, un movimiento poco relevante en magnitud económica, pero coherente dentro de la propuesta de actualización del modelo inducida por los Lineamientos.

Se dice que Cuba era el país con mayor cantidad de automóviles por habitante en la América Latina antes de 1959. No puedo asegurar que sea exacta la afirmación pero me inclino a creerlo. Esto no excluye el hecho de que el automóvil fuera un privilegio de clase media. Que rueden más automóviles no se corresponde necesariamente con la mejoría del bienestar social.

Durante los años ’60 la adquisición de automóviles dejó de ser una prioridad en las importaciones cubanas: desde las instancias del Estado revolucionario -que crecía como Estado empresario-, convertidas en el principal consumidor de automóviles, se comenzó por explotar hasta el agotamiento el parque automotriz que el éxodo dejaba atrás. Sólo recuerdo en aquellos años la venta de una pequeña remesa de diminutos Skodas, modelo Octavia, destinados a médicos ilustres, y la entrada del Volga a organismos, sin que se destinara a la venta a la población. Y todo esto en cantidades muy moderadas, ajenas al flujo comercial.

El proyecto cubano no se orientaba en los ’60 a mejorar el transporte por la vía individual, aunque tampoco consiguió, como se había propuesto, dar una solución a la demanda del transporte colectivo, que crecía rápidamente.

Quienes tenían un auto de los años ’50, o lo compraron informalmente, lo ponían a rodar en función familiar y cada vez más en el alquiler. Un episodio algo olvidado fue que en aquel tiempo se constituyó, al parecer de manera espontánea, una entidad llamada Asociación Nacional de Choferes de Alquiler (Anchar).

La Anchar desapareció pero no lo hicieron los viejos autos, que son los mismísimos almendrones de hoy; unos pocos conservados con refinamiento, la mayoría desfigurados por la edad y las reconstrucciones, pero unos y otros funcionando. Los choferes de hoy son propietarios más jóvenes, decididos a vivir del auto y, al propio tiempo, a dedicarle su vida, muchos de ellos mecánicos formados en la práctica que impone mantener su propiedad en pie.

Al final de los ’60 los autos asignados al movimiento de las figuras políticas y administrativas tenían forzosamente que ser sustituidos debido a la depreciación, y para ello se logró una opción de compra estatal muy provechosa en el plano mercantil con la firma italiana Alfa-Romeo.

Llama la atención que el simple privilegio de contar con la posibilidad de moverse en este vehículo, pequeño, sin refinamiento suntuario, dio lugar a que una corriente crítica acuñara el término de “alfacracia”, como si se tratara de un signo de ostentación más que de responsabilidad.

Ante la insuficiencia del transporte público, nunca resuelta, aquella singular relación salvífica cubana del hombre con el auto no quedó circunscrita a la generación de los almendrones sino que se extendió en nuestra sociedad.

Cuando las condiciones lo permitieron, hacia mediados de los ’70, se cerraron contratos de adquisición de Toyotas japoneses, Chevis y Dodges de fabricación argentina para un sistema de taxis estatales y, al fin, del Fiat 125 y el Peugeot 304 para la venta a profesionales dentro del sistema de la institucionalidad existente, en moneda nacional, a precios subsidiados.

La restricción era entonces que el propietario del vehículo sólo podía venderlo al Estado (nunca he escuchado que alguien lo haya hecho). A estos siguió la venta, a lo largo de los ’80, y aun después, de Ladas y Moskovichs en las mismas condiciones.

Sin embargo, la solución del transporte colectivo quedó atascada. Por razones explicadas a medias, el proyecto del metro de La Habana se hizo inviable, la recuperación del tranvía parece que nunca fue tomada en serio, y el mantenimiento de un sistema eficaz de transportación urbana por ómnibus no ha logrado contar con fondos suficientes.

En este difícil escenario del problema de transporte, los ’70 y los ’80 consolidaron la aspiración del cubano a dar respuesta a su necesidad por la vía del automóvil. El envejecimiento de Fiats, Ladas y toda la flotilla de autos vendidos por autorización hace dos o tres décadas también ha ido a engrosar en buena medida hoy el parque de los almendrones. Y no pocos profesionales han pasado a ensanchar las filas de los choferes de alquiler y priorizado el mantenimiento del auto en su horario laboral y su economía doméstica.

Se trata de un fenómeno que ha influido, junto a otros, en la reestratificación de la fuerza laboral en el país durante los últimos años.

De manera que, después de tanto tiempo fuera del horizonte comercial del cubano, el auto vuelve a entrar ahora en el mismo. En cierta medida lo había hecho ya, hace dos años, con la autorización de la venta entre propietarios, pero finalmente es que se puede decir que se abre ese mercado.

Comprar, sin embargo, va a implicar el movimiento de mucho dinero, pues la medida debe significar para el sistema una vía de recaudación de divisas que comienzan a concentrarse en manos de una minoría de la población. Nos hallamos en una sociedad en la cual ha crecido la desigualdad, que también estará marcada por la diferencia entre la minoría “carroteniente” y la mayoría “guagodependiente”.

Subrayo, a la vez, que me parece esperanzador que se haya dispuesto que las ganancias obtenidas de la venta estatal de automóviles se destinen, a partir de ahora, al mejoramiento del transporte público. Sobre todo si ello significa, como es de suponer, que se sumarán a una partida ya existente en el presupuesto nacional.

Las dificultades de la transportación pública han sido y son tan serias porque no tocan solamente al problema social sino que constituyen un grave obstáculo para el rendimiento de la fuerza de trabajo en una sociedad en la cual la población urbana alcanza el 77% (y el empleo urbano se ha de acercar, en consecuencia, a esta proporción). Llegar al centro de trabajo y regresar a la casa puede convertirse en una tragedia cotidiana.

En todo caso, hechas estas consideraciones, pienso que hay que dar la bienvenida a la nueva medida, que se inscribe en la ruta de la transformación requerida por nuestra economía, aunque seguramente va a significar mucho menos que el alboroto que tal vez provoca entre quienes comienzan a sacar la cuenta para enfrentar la compra.

 

*El autor es sociólogo y acaba de recibir el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas.

Fuente Cuba contemporánea

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