John Kerry invita a México y Canadá a ayudar en relaciones EEUU-Cuba

“Vamos a avanzar muy de cerca con nuestros vecinos de Canadá y México en estos esfuerzos” de restablecimiento de lazos entre EE.UU. y Cuba, ha puntualizado Kerry en una reunión con sus homólogos de México, José Antonio Maede, y de Canadá, John Baird, en Boston

“Vamos a avanzar muy de cerca con nuestros vecinos de Canadá y México en estos esfuerzos” de restablecimiento de lazos entre EE.UU. y Cuba, ha puntualizado Kerry

“Vamos a avanzar muy de cerca con nuestros vecinos de Canadá y México en estos esfuerzos” de restablecimiento de lazos entre EE.UU. y Cuba, ha puntualizado Kerry

México y Canadá pueden desempeñar un rol clave en normalizar las relaciones bilaterales entre Washington y La Habana, ha recalcado este sábado el secretario de Estado estadounidense, John Kerry.

“Vamos a avanzar muy de cerca con nuestros vecinos de Canadá y México en estos esfuerzos” de restablecimiento de lazos entre EE.UU. y Cuba, ha puntualizado Kerry en una reunión con sus homólogos de México, José Antonio Maede, y de Canadá, John Baird, en Boston (Massachusetts, noreste).

Tras destacar la importancia del papel de la asistencia de México y Canadá en las relaciones con el Gobierno cubano, Kerry ha calificado de un “interlocutor muy importante” a México para ayudar en el proceso de la reconciliación a fin de que sea fácil y efectivo.

Asimismo, el titular estadounidense no solo ha defendido la nueva postura de la Casa Blanca hacia la Isla, sino ha aseverado que Washington tiene un “enorme interés” en reiniciar las relaciones diplomáticas con Cuba.

Por otra parte, John Baird también ha acogido con beneplácito el acercamiento de Cuba y EE.UU. y ha agregado al respecto que la normalización de los vínculos bilaterales en un futuro cercano favorece a la estabilidad de la región y es un acercamiento adecuado en el momento adecuado.

Finalmente, Kerry ha sostenido que los dos Gobiernos deben tratar de bajar las tensiones en aras de encontrar una era pacífica en las relaciones bilaterales.

Además de las autoridades de alto rango de EE.UU., la mayoría de los estadounidenses apoya la normalización de las relaciones diplomáticas con Cuba, así como el levantamiento del bloqueo contra el país caribeño, según un sondeo elaborado por el diario estadounidense ‘The Washington Post’ y ‘ABC News’.

Los líderes de Cuba y EE.UU. anunciaron el pasado 17 de diciembre su decisión de restablecer sus relaciones diplomáticas estancadas durante más de cinco décadas.

Sin embargo, las medidas anunciadas por la Casa Blanca no incluyen el levantamiento del bloqueo estadounidense contra la isla aplicado desde más de medio siglo, ya que requiere la connivencia de la Cámara Baja y la Casa Blanca.

(Tomado de Correo del Orinoco)

Seis cuestiones para entender la hegemonía mediática

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1. El sistema mediático contemporáneo demuestra capacidad de fijar sentidos e ideologías, seleccionando lo que debe ser visto, leído y oído por el conjunto del público.  Por más que existan por parte de lectores, oyentes y telespectadores expectativas y respuestas diferenciadas a los contenidos recibidos, son los grupos privados de comunicación que prescriben orientaciones, enfoques y énfasis en los informativos; cuáles son los actores sociales que merecen ser incluidos o marginalizados; cuáles las agendas y pautas que deben ser destacadas o ignoradas.
Los medios difunden juicios de valor y sentencias sobre hechos y acontecimientos, como si estuvieran autorizados a funcionar como una especie de tribunal, sin ninguna legitimidad para eso.  Su intención, asumida pero no declarada, es diseminar contenidos, ideas y principios que ayuden a organizar y unificar la opinión pública en torno a determinadas visiones de mundo (casi siempre conservadoras y sintonizadas con el estatus quo).
Los medios eligen los actores sociales, articulistas, analistas, comentaristas y columnistas que deben ser prestigiados en sus vehículos y programaciones.  En la mayor parte de los casos, como observa Pierre Bourdieu, estos portavoces nada no hacen más que reforzar el trabajo de los “think tanks” neoliberales en favor de la mercantilización general de la vida y la desregulación de las economías y los mercados.  En efecto, los “intelectuales mediáticos” o “especialistas” dicen todo aquello que sirve a los intereses de clases e instituciones dominantes, combatiendo y descalificando ideas progresistas y alternativas transformadoras.
Los grupos mediáticos mantienen también acuerdos y relaciones de interdependencia con  poderes económicos y políticos, en busca de presupuestos de publicidad, patrocinios, financiaciones, exenciones fiscales, participaciones accionarias, apoyos en campañas electorales, concesiones de canales de radiodifusión, etc.  No son neutros y exentos, como quieren hacer creer; son parciales, toman partido, favorecen los intereses mercantiles, defienden posiciones políticas, combaten ideológicamente a los opositores.
2. Los medios se apropian de diferentes léxicos para intentar colocar dentro de sí todos los léxicos, a servicio de sus objetivos particulares.  Palabras que pertenecían tradicionalmente al léxico de la izquierda fueron resignificadas durante la hegemonía del neoliberalismo en las décadas de 1980, 1990 y parte de 2000.  Cito, de inmediato, dos palabras: reforma e inclusión.  De la noche a la mañana, pasaron a ser incorporadas a los discursos dominantes y mediáticos, en sintonía con el ideario privatista.  Se trata de indiscutible apropiación del repertorio progresista, que siempre asoció reformas al imaginario de la emancipación social.  Las apropiaciones tienen el propósito de  redefinir sentidos y significados, a partir de ópticas interpretativas propias.
3. Al celebrar los valores del mercado y del consumismo, el sistema mediático subordina la existencia al mantra de la rentabilidad.  La glorificación del mercado consiste en presentarlo como el ámbito más adecuado para traducir anhelos, como si sólo él pudiera convertirse en instancia de organización societaria.  Un discurso que no hace más que realzar y profundizar la visión, claramente autoritaria, de que el mercado es la única esfera capaz de regular, por sí misma, la vida contemporánea.  Los proyectos mercadológicos y los énfasis editoriales pueden variar, menos en un punto: las corporaciones operan, consensualmente, para reproducir el orden del consumo y conservar hegemonías instituidas.
4. Los discursos mediáticos están comprometidos con el control selectivo de las informaciones, de la opinión y de los juicios de valor que circulan socialmente.  Eso se manifiesta en las manipulaciones de los noticieros y la interdicción de los puntos de vista antagónicos, afectando la comprensión de las circunstancias en que ciertos hechos acontecen (generalmente los que son contrarios a la lógica económica o a las concepciones políticas dominantes).
Los medios masivos buscan reducir al mínimo el espacio de circulación de ideas contestatarias – por más que estas continúen manifestándose y resistiendo.  La meta es neutralizar análisis críticos y expresiones de disenso. Un ejemplo de lo que acabo de decir son los enfoques tendenciosos sobre las reivindicaciones de movimientos sociales y comunitarios.  Son frecuentemente subestimadas, cuando no ignoradas, en los principales periódicos y telediarios, bajo el argumento falaz de que son iniciativas “radicales”, “populistas”, etc.  La vida de las comunidades subalternas y pobres está disminuida o ausente en los noticieros.
5. El sistema mediático rechaza cualquier modificación legal que ponga en riesgo su autonomía y sus ganancias.  A cualquier movimiento para la regulación de la radiodifusión bajo concesión pública, reacciona con violentos editoriales y artículos que presentan los gobernantes que se solidarizan con la causa de la democratización de la comunicación como “dictadores” que quieren sufocar la “libertad de expresión”.  Es una grosera mistificación.  Lo que hay, en verdad, es el bloqueo del debate sobre la función y los límites de la actuación social de los medios.  Las grandes empresas del sector no tienen ninguna autoridad moral y ética para hablar en “libertad de expresión”, pues niegan diariamente la diversidad informativa y cultural con el control selectivo de la información y la opinión.  Se confunden intereses empresariales y políticos con lo que sería, supuestamente, la función de informar y entretener.  Todo eso acentúa la ilegítima pretensión de los medios hegemónicos de definir reglas unilateralmente, inclusive las de naturaleza deontológica, para colocarse por encima de las instituciones y los poderes constituidos, ejerciendo no la libertad de expresión, sino la libertad de empresa.
6. Los conglomerados detienen la propiedad de la mayoría de los medios de difusión, la infraestructura tecnológica y las bases logísticas, lo que les confiere dominio de los procesos de producción material e inmaterial.  La digitalización favoreció la multiplicación de bienes y servicios de infoentretenimiento; atrajo players internacionales para negocios en todos los continentes; intensificó transmisiones y flujos en tiempo real; y agravó la concentración en sectores complementarios (prensa, radio, televisión, internet, audiovisual, editorial, telecomunicaciones, publicidad, marketing, cine, juegos electrónicos, móviles, plataformas digitales, etc.).
Todo eso hace sobresalir nuevas formas de plusvalía en la economía digital: la tecnología que posibilita sinergias y convergencias; el reparto y la distribución de contenidos generados en las mismas matrices productivas y plataformas; la racionalidad de costes y la planificación de inversiones.
Se origina de ahí un sistema multimediático con flexibilidad operacional y productiva, que incluye amplia variedad de iniciativas y servicios digitales, flujos veloces, espacios de visibilidad, esquemas globales de distribución, campañas publicitarias mundializadas y técnicas sofisticadas de conocimiento de los mercados. La finalidad es garantizar el mayor dominio posible sobre las cadenas de fabricación, procesamiento, comercialización y distribución de los productos y servicios, incrementando la rentabilidad y los dividendos monopólicos.
Dênis de Moraes es investigador senior del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) y de la Fundación Carlos Chagas Filho de Amparo a la Investigación del Estado de Río de Janeiro (FAPERJ), de Brasil. Autor, entre otros libros, de Medios, poder y contrapoder, con Ignacio Ramonet y Pascual Serrano (Biblos, 2013), La cruzada de los medios en América Latina (Paidós, 2011) y Mutaciones de lo visible: comunicación y procesos culturales en la era digital (Paidós, 2010).

La sociedad civil en Cuba somos tú, él, ella, aquel y yo

La sociedad civil en Cuba somos tú, él, ella, aquel y yo, somos todos

La sociedad civil en Cuba somos tú, él, ella, aquel y yo, somos todos

Ahora resulta que el tema –y concepto- de sociedad civil en Cuba, se está convirtiendo en la nueva caja de Pandora que pretenden abrir los que desde Estados Unidos, se oponen furiosamente a un eventual restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos.

Después de más de 53 años de imponer un brutal bloqueo económico, comercial y financiero contra la isla caribeña, Washington cambia de ropajes y pretende, como nueva estrategia, “acercarse” en gesto “amigable”, con la intención –nada sorprendente-, de “empoderar” a una supuesta sociedad civil cubana, rediseñada por ellos, y que no incluye a la mayoría de los cubanos.

Según las reglas de juego que trata de imponer el gobierno de Estados Unidos como preámbulo a una futura normalización de vínculos diplomáticos con Cuba, está el manido tema de los derechos humanos, la democratización –a imagen y semejanza de sus dictámenes- y el “empoderamiento del pueblo”, que sin mucho esfuerzo, significa para los estrategas del Norte, tomar distancia de la Revolución cubana y seguir las nuevas pautas redefinidas por los negociadores del Departamento de Estado.

Roberta Jacobson, la subsecretaria de Estado para Asuntos Hemisféricos de Estados Unidos, designada por la Casa Blanca al frente del equipo negociador estadounidense que visitó recientemente La Habana, dejó claro, con hechos y palabras, quiénes son para Washington, los que supuestamente representan la sociedad civil cubana, que para nada es el pueblo que habita y construye en la isla.

Aun sin enfriarse las conversaciones entre ambas delegaciones, las que transcurrieron en un ambiente respetuoso, la Jacobson corrió a reunirse con un grupo de personajillos, sedientos de publicidad y protagonismo, y que apenas son conocidos por sus magros seguidores, pero se toman el derecho de autodefinirse como representantes del pueblo cubano.

Ahora resulta que la sociedad civil cubana no la integran nuestros profesionales, agrupados en Colegios Médicos, de Ingenieros, Arquitectos o intelectuales; ni siquiera nuestros campesinos y cooperativistas que por años mantienen unidad entre sí; ni las mujeres,  ni los jubilados.

Tampoco, según criterio de Estados Unidos, nuestros estudiantes –en todos los niveles-, forman parte de la sociedad civil, como tampoco la forman los artistas, los artesanos o los educadores.

No son parte de la sociedad civil cubana nuestros veteranos, nuestros sindicatos, nuestras organizaciones de masas –integradas por vecinos en cada barrio-, ni siquiera nuestros niños.

Para el gobierno de Estados Unidos, los únicos que merecen ser calificados como sociedad civil son los que por años han hecho el juego sucio a la subversión y la Guerra Fría, los que se visten de “opositores y disidentes”, y se convierten en marionetas de los grupos anticubanos asentados en Miami, los asalariados del Imperio que por medio siglo han vivido como parásitos de los contribuyentes norteamericanos.

Solo quien siente poco respeto por un pueblo, puede sugerir tamaña locura. Solo quien no mira de frente la dignidad de un pueblo que ha resistido estoico los intentos de estrangulamiento de una potencia extranjera, puede pensar que estos personajes de opereta, muchos de ellos manchados por el estigma del mercenarismo más asqueroso, puedan representar a nadie en Cuba.

La sociedad civil en Cuba somos tú, él, ella, aquel y yo, somos todos los que estemos dispuestos a buscar un mejor futuro para el país, vivamos o no en Cuba, pero que tengamos deseos de construir y edificar una sociedad más justa.

Lo demás, lo barrerá, como siempre, la historia.

(Tomado de CubaSi)

EEUU: Y sigue la perreta de Marco Rubio

Senador Marco Rubio

Senador Marco Rubio

Ahora presidirá desde el martes la primera audiencia que se realizará en el Congreso vinculada al acercamiento entre Washington y La Habana.

Lo informó este jueves en la capital estadounidense un despacho cablegráfico de la agencia noticiosa española EFE.

Esta comentó que el senador republicano de la Florida “es uno de los principales críticos de la nueva política de Estados Unidos hacia la isla”.

Agregó que este miércoles lo designaron presidente del subcomité para asuntos de la Democracia, Derechos Humanos y de la Mujer, entre otros.

Fustiga el no haber priorizado sus relaciones en la zona y achacó a eso  lo que denominó “el envalentonamiento de los tiranos”.

También, -agregó- que “competidores globales” profundicen su influencia en el continente”.
A renglón seguido admitió que Estados Unidos no ha respondido ante la proliferación de la delincuencia organizada en las Américas.

Caracterizando de nuevo a Marco Rubio, EFE dijo que se trata del “gran escéptico” sobre el proceso de acercamiento cubano-estadounidense.

La agencia noticiosa apuntó que ya el senador advirtió que trabajará  por defender los derechos humanos en los países americanos, “especialmente en Venezuela y Cuba”.

Además recordó que la primera    delegación de Washington viajó a La Habana días atrás y que la próxima ronda “de contacto” será en la capital estadounidense.

Pero, ¿quién es el legislador republicano que encabezará el primer debate de su Congreso respecto al tema Cuba?.

Un solo ejemplo, entre numerosos, sirve para ofrecer una muestra elocuente.

¿Cuándo han tenido lugar algunos de sus más ardientes ataques contra Cuba, Venezuela y otros países independientes y soberanos de América Latina?

En momentos que, como sabe la opinión pública internacional, en el segundo semestre de 2014 el régimen de Israel ejecutaba otra  una de sus masacres contra los habitantes de la diminuta y frágil Gaza.

Más de 1500 palestinos muertos, miles de heridos, una gran multitud de refugiados y de familias que huyeron luego de perder sus bienes.

La alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navy Pillay, declaró entonces que Estados Unidos proveía a  Israel con artillería pesada para usarla en Gaza.

Pero también, subrayó, ha gastado casi mil millones de dólares con destino a la protección de los civiles israelíes contra los cohetes.

Durante una rueda de prensa la funcionaria de Naciones Unidas recordó que los civiles palestinos carecen de ese amparo.

Una tragedia sintetiza a muchas en Gaza. Ocurrió en la primera semana de agosto del 2014.

Metralla israelí destrozó a una de las escuelas  que la ONU auspicia en ese territorio árabe.

El plantel, narró un cable de la Associated Press (AP), se encontraba “atestado con cientos de palestinos que buscaban refugiarse”.

La agencia, no de Rusia, sino de Estados Unidos, agregó que el ataque israelí “dejó un panorama de almohadas, sabanas y ropas de niño salpicadas de sangre”.

Un frío comunicado del ejército de Tel Aviv se limitó a decir que esa escuela, donde murieron al menos 19 civiles, “no era de ninguna manera un blanco”.

El hecho provocó tal escándalo, que hasta un vocero del gobierno de Estados Unidos se vio forzado a desaprobarlo.

Lo hizo a través de su portavoz,  Josh Earnest, quien reprochó  el bombardeo a ese plantel de Naciones Unidas en Gaza.

De cara a tal realidad, y sobre todo ahora, vale indagar, ¿hubo algún pronunciamiento del senador Marco Rubio en cuanto a esa barbaridad?

Guardó silencio, igual que cuando Argentina, con el total apoyo de América Latina, ha exigido sus legítimos derechos sobre las Islas Malvinas que ocupa militarmente Gran Bretaña.

Abrió sus puertas el año 2015 y todavía el senador floridano Marco Rubio, tan rigurosamente severo con Cuba y otros, no ha rectificado su comportamiento.

Meses atrás, The Washington Post lo calificó de mentiroso al descubrir la patraña que montó sobre sus padres “fugitivos del castrismo” en la isla.

Lo verdadero, como demostró la investigación del periódico, sus progenitores abandonaron Cuba en 1956, evadiendo la honda pobreza que entonces prevalecía.

O sea, algo más de dos años antes del triunfo de la Revolución que barrió con la tiranía de Fulgencio Batista y de la llegada de Fidel Castro a La Habana.

Hasta que el Post lo desenmascaró, Marco Rubio utilizó en Miami esa falsa versión para sacarle dividendos políticos a su favor.

He ahí la figura que legisladores republicanos impusieron para presidir en el Congreso la primera audiencia sobre el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos.

(Tomado del blog yohandri.com)

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