Historia de Cuba: La explosión del Maine y la intervención norteamericana

Por Israel Valdés Rodríguez*

La explosión del Maine y la intervención norteamericana en Cuba

La explosión del Maine y la intervención norteamericana en Cuba

A finales del año 1897 era evidente el accionar combativo del Ejército Libertador, la balanza de la contienda bélica se inclinaba, cada vez más, a favor de los mambises. El envío a Cuba de más de 200 000 efectivos del ejército español, más la reconcentración de la población, no lograron la anhelada pacificación. La ofensiva del general Ramón Blanco contra el legendario jefe mambí Calixto García en Oriente, también concluyó en un rotundo fracaso.

El 6 de diciembre de 1897 el presidente de los Estados Unidos, William Mckinley, en su mensaje anual al Congreso sobre el estado de la Unión, hizo marcada alusión al tema de Cuba y proyectó sus ideas injerencistas al respecto.

El 1ro de enero de 1898, Blanco instaura el régimen autonómico en Cuba lo que permitió cierta y limitada libertad de prensa. Entonces, el diario habanero “El Reconcentrado” publica un editorial con el título: “Fuga de Pícaros”, que exaltó los ánimos proespañoles y antiautonomistas de una turba reaccionaria que asaltó el local del diario y provocó una pequeña manifestación callejera, en la que se dieron vivas a Weyler y gritos contra Blanco. Este alboroto fue suficiente, para que el cónsul general norteamericano, Fitzhugh Lee, de manera oportunista magnificara los hechos y enviara un cable a su país solicitando se enviasen buques de guerra a la capital cubana en previsión de posibles ataques a los residentes estadounidenses en la isla o a sus propiedades.

El 24 de enero, el presidente de los Estados Unidos decidió enviar un buque de guerra, invocando las buenas relaciones entre ambos países, como un gesto de amistad, pero lo cierto es, que constituyó el inicio de un plan intimidatorio con que McKinley pretendía hacer un verdadera demostración de fuerza y marcaría sus proyecciones futuras de ingerencismo.

A las 11 de la mañana del 25 de enero de 1898, el acorazado de segunda clase, Maine, hacía su entrada en la rada de la Bahía de La Habana. A las 9:40 de la noche del 15 de febrero explotaba misteriosamente, pereciendo 266 de sus tripulantes, de los cuales una gran parte eran negros. La explosión fue en la proa donde la marinería tenía su dormitorio y seguidamente el fuego alumbraba un trágico espectáculo de muerte y horror. España y los Estados Unidos se incriminarían recíprocamente por este hecho, el cual ha sido objeto de reiteradas investigaciones a lo largo de más de un siglo, dirigidas primero a determinar las causas de la explosión y más tarde a establecer su relación con el proceso que condujo a la declaración de guerra por parte de los Estados Unidos a España.

Este triste episodio y la forma en que fue utilizado por la prensa norteamericana, con el fin de enardecer los ánimos de su pueblo, fueron signos evidentes, de la posterior ruptura de relaciones y el desencadenamiento de las hostilidades. Fue el pretexto para la intervención en la contienda y la declaración de guerra a España.

La intervención armada norteamericana.

Después de un proceso de gestiones diplomáticas y de intensa campaña propagandística destinada a preparar las condiciones necesarias para la intervención armada en Cuba, le sucedió un período de movilización y tensión de todas las fuerzas militares y navales de los Estados Unidos. La superioridad naval norteamericana les permitió destruir la escuadra en Manila y la de Cervera frente a Santiago de Cuba en un verdadero tiro al blanco; sin embargo, en tierra, las tropas norteamericanas demostraron poseer marcadas deficiencias en la instrucción y la dirección de las acciones combativas y gracias a la cooperación y apoyo de las fuerzas mambisas pudieron obtener la victoria. Entonces, la manera en que los cubanos serían tratados se puso de manifiesto inmediatamente al impedir la entrada del insigne general Calixto García y sus compañeros en la capital oriental, bajo el pretexto de “posibles represalias” por parte de los cubanos. La dignidad e hidalguía del patriota holguinero se puso de manifiesto en la rotunda respuesta que le escribiera al general William Shafter, comandante supremo del ejército norteamericano destinado a Cuba.

En resumen, la política puesta en práctica fue un acuerdo del gobierno de los Estados Unidos. Sus proyectos y procedimientos marcaron el derrotero previsto en el plan injerencista. La explosión del Maine, la guerra con España, la ocupación de las colonias de estas, entre ellas Cuba, formaban parte del objetivo de rapiña del imperialismo. El plan completo implicaba la exportación de capitales para asegurar la esclavitud económica de América Latina y su conversión en mercado de productos industriales y fuente de materias primas.

* (San Antonio de los Baños, 1952) profesor e historiador, miembro del secretariado permanente de la Unión de Historiadores  de Cuba.

( Tomado del Blog: Cuba por Siempre )

Acerca de Cubanito en Cuba
Cubano residente en La Habana Cuba. La verdad por delante de todo.

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