Multa de EE.UU. a Crédit Agricole: Más de lo mismo, pero indignante

Por: Por Masiel Fernández Bolaños

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Si algo prácticamente perdió el gobierno estadounidense es la capacidad de sorprender pues su accionar en diversos ámbitos resulta, en la mayoría de los casos, más de lo mismo.

Sin embargo, no por menos sorpresivo, dejar de ser indignante mucho de cuanto hace, por ejemplo, en el terreno económico y financiero, sobre todo más allá de sus fronteras.

Una muestra reciente de ello concierne al banco francés Crédit Agricole, el cual pasó a integrar la lista de los que accedieron a pagar cuantiosas multas relacionadas con transacciones que involucran a entidades de naciones bajo sanciones de Estados Unidos.

Ese gigante de la banca europea aceptó desembolsar unos 787 millones de dólares para zanjar el proceso en que estaba envuelto por supuestas violaciones a las normas del país norteño contra Sudán, Irán, Myanmar y Cuba.

La sanción se divide entre diferentes departamentos: 385 millones irán al de Servicios Financieros del estado de Nueva York; 90,3 millones a la Reserva Federal, 156 millones al Departamento de Justicia y 156 a la oficina del fiscal del distrito de Manhattan.

Con el acuerdo anunciado el 22 de octubre, la entidad financiera llegó a un entendimiento ante la “posible responsabilidad civil” que investigaba la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento de Tesoro norteamericano.

Acorde con la información divulgada, los movimientos penalizados por la OFAC serían transacciones con dólares estadounidenses realizadas de 2003 a 2008, a través de la subsidiaria estadounidense del banco francés.

Crédit Agricole es el segundo banco galo que opta por pactar con las autoridades estadounidenses en circunstancias similares.

El 30 de junio de 2014, el BNP Paribas fue condenado en Estados Unidos al pago de más de ocho mil 800 millones de dólares por violar el bloqueo impuesto por ese país contra Irán, Sudán y Cuba.

Además, fue castigado con la suspensión parcial durante un año de sus operaciones en el billete verde, sobre todo las ligadas al negocio internacional del petróleo y gas, y debió despedir a varios de sus directivos y empleados.

La sanción es la más elevada que se ha impuesto contra un banco europeo y fue calificada por las autoridades galas como desproporcionada, injusta y unilateral.

El Palacio del Elíseo envió una carta a la Casa Blanca donde advirtió sobre las consecuencias de esta desmesurada multa y el tema fue objeto de análisis aquí durante la visita del presidente Barack Obama para participar en los actos por el 70 aniversario del desembarco aliado en Normandía.

Sin embargo, días después Washington impuso otra multa al BNP Paribas por 80 millones de dólares tras acusarlo de desviar subsidios otorgados por la Secretaría de Agricultura a las empresas exportadoras.

El banco Credit Suisse y el alemán y Commerzbank también fueron duramente multados, al tiempo que algunas fuentes señalan que otros son investigados, entre ellos, el francés Société Générale y el germano Deutsche Bank AG.

Tales hechos atizan el debate sobre por qué entidades europeas acatan las legislaciones impuestas en la nación norteña, en momentos en que además se negocia un Acuerdo de Libre Comercio entre Washington y la Unión Europea.

Tras la multa récord impuesta en 2014 al BNP Paribas, el abogado francés Régis Bismuth remarcó que detrás de ese hecho hay un fenómeno más profundo: “el privilegio económico de Estados Unidos parece convertirse en privilegio legal”.

Apoyados sobre el billete verde, la aplicación fuera del país del derecho norteamericano no conoce ningún límite espacial o personal. Estados Unidos puede así dictar al resto del mundo su política de embargo, subrayó.

Bismuth recalcó que imponer esta disposición a toda persona que realice una transacción en dólares, independientemente de su residencia o nacionalidad, constituye una contravención de las reglas de la Organización Mundial del Comercio.

Un buen enfoque para el debate pudiera partir de la afirmación del académico galo Salim Lamrani, quien expresó durante una entrevista reciente que Europa es una potencia económica, pero es un enano político y diplomático.

¿HACIA DÔNDE MIRAR ENTONCES?

Tras el estallido de la crisis económica mundial en 2008, se comenzó a hablar con mayor fuerza de la necesidad de transformar el sistema monetario internacional.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) no se adapta al mundo real y los “desequilibrios mundiales” en el ámbito financiero siguen al borde de un “desenredo desordenado”, advirtió el premio Nobel de Economía en 2001, Joseph Stiglitz.

El Fondo, apuntó, siempre justifica sus políticas como resultado de un “consenso de opinión”, pero tal consenso en verdad es poco más que un acuerdo entre el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y el FMI.

Sin embargo, pasan los años y cierto orden de cosas pareciera inamovible. Washington con su accionar sigue engordando su lista de atentados a la soberanía de los Estados, a las normas de libre comercio y del Derecho Internacional.

(Tomado de PL)

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