Venezuela: ¿Abstención, castigo o cambio?

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Por: Guillermo Nova

El resultado electoral del pasado 6 de diciembre en Venezuela es un serio aviso a la política que ha desarrollado el gobierno bolivariano, especialmente en materia económica, durante los últimos años.

La sanción popular no tiene paliativos. La oposición incluso ha conseguido ganar en el bastión revolucionario de la parroquia del 23 de Enero, en Caracas. El Liceo Manuel Palacio Fajardo, que fue durante años el centro electoral de Chávez, fue ganado por el candidato opositor, Jorge Millán, en una reñida contienda a Zulay Aguirre, candidata oficialista y madre del diputado chavista Robert Serra, asesinado hace un año con la complicidad de su propia escolta.

Un caso sonrojante es el del Vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), Diosdado Cabello, que perdió en el estado de Monagas en la elección contra un desconocido y mantiene su escaño gracias al método D´Hont de repartición que fomenta el bipartidismo.

Si comparamos este examen con los resultados de las últimas elecciones presidenciales de 2013, Maduro sacó 7.586.251 de votos, mientras que en las pasadas legislativas la coalición oficialista del Gran Polo Patriótico (GPP) obtuvo 5.615.300, se perdieron por el camino 1.970.951 votos. Mientras que en 2013 la opositora Mesa Unidad Democrática (MUD) sacó 7.361.512 y ahora recibió 7.720.576, subió “tan solo” 368.000 votos. Los datos revelan que no todos los que dejaron de votar por el chavismo lo hicieron por la oposición: 1.602.665 prefirieron abstenerse.

La foto fija trasluce que en las elecciones legislativas hubo una sanción al gobierno pero que sin embargo no se sumó a la oposición. Se da la situación que el chavismo se convierte en una minoría parlamentaria mientras se mantiene como una mayoría social.

¿Ganó la guerra económica?

“Se podría decir que la guerra económica ha ganado”: así resumió Maduro las causas de la derrota tras conocerse los resultados. Esto es solo una explicación parcial, porque las clases populares demostraron su apoyo al chavismo en momentos como el paro petrolero de finales de 2002.

A la crisis económica, acentuada por los bajos precios petroleros, se suma la percepción de que la dirigencia bolivariana es incapaz de resolver estos problemas. En actos públicos critican a grandes empresas agroindustriales como el Grupo Polar por su papel en la escasez de productos pero las denuncias no se traducen en medidas concretas. En ese ambiente, el burocratismo y la corrupción alcanzan altos niveles, fomentando la desmoralización y el escepticismo.

También hicieron su parte la ineficiencia, la corrupción y una política comunicacional que no supo reflejar y explicar la realidad de la situación. Sin embargo, no se puede decir que estos factores fueran decisivos porque ya estaban presentes, en mayor o menor grado, en elecciones anteriores en las que el Psuv si logró ganar.

Algunos también culpan de la derrota al “bajo nivel de conciencia” de un pueblo “malagradecido”. Afirman que “la revolución bolivariana les dio vivienda, educación y sanidad pública” y ahora “se creen clase media”. Es una explicación que realmente no explica nada, pero además reduce la justa restitución de derechos fundamentales a la población equiparándola a la defensa de un Estado clientelar. Con ese argumentario hablar de “revolución” y “socialismo” se convierte en retórica vacía.

Mientras el modelo rentista petrolero no ha sido sustituido en el país. Beneficiado por distintos tipos de cambios de divisa, toma fuerza una nueva burguesía importadora que se apoya en sectores bancarios y complicidades gubernamentales, que en los últimos ocho años han acabado con 250 mil millones de dólares de las reservas de divisas.

¿La “guerra económica” y el desabastecimiento no están asociados a la importación de casi todo lo que se consume en el país?

Que la dirigente chavista Jacqueline Faría afirmase durante una jornada de reparto de alimentos que las colas eran “sabrosas” y pidiera a la gente disfrutar de ellas, es un ejemplo de la desconexión entre la dirigencia y el pueblo.

¿Oposición cohesionada?

Sería miope enmarcar a la oposición en una imagen reduccionista como la “ultraderecha neoliberal y golpista”, así hay algunos, sin duda, pero también hay matices. Hay tendencias que se ven reflejadas estos días en sus discursos victoriosos. Una más radical que busca la confrontación donde el mejor exponente es el “adeco” Ramos Allup y otra más “moderada” que encabeza Julio Borges, consciente que el objetivo es desgastar poco a poco al chavismo agudizando las contradicciones que surgen de la gestión diaria, camino al referéndum revocatorio presidencial.

El próximo 5 de enero, durante la conformación de la presidencia de la directiva de la Asamblea Nacional veremos hasta qué punto están cohesionados. Lo lógico sería la presidencia para Primero Justica, 33 diputados, y las dos vicepresidencias para Acción Democrática, 25 diputados, y Un Nuevo Tiempo con 21 curules. De este reparto se queda fuera el gobernante Psuv que tiene 52 diputados y es el primer partido en representación.

Poder electoral sale reforzado internacionalmente

En 17 años la oposición perdió en las urnas hasta en 18 ocasiones. Lo habitual era denunciar fraude y desconocer los resultados. Este escenario estimulaba a Washington para cuestionar la calidad democrática de Venezuela.

Los resultados del pasado 6 de Diciembre, dejan por primera vez un consenso en la polarizada política venezolana: el reconocimiento de la transparencia y confiabilidad del Consejo Nacional Electoral.

Fuera de juego se quedó Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americano (OEA), quien antes de las elecciones le escribió unacarta a Tibisay Lucena, de ocho páginas, criticando el sistema electoral venezolano. Luego no fue capaz de trinar ni un tweet de 140 caracteres felicitándola por la trasparencia de las elecciones.

Posibles escenarios

Los más agoreros piensan que la victoria opositora es el inicio de los apagones en la isla y el fin de las misiones cubanas en Venezuela. El presidente cubano Raúl Castro aprendió de la experiencia soviética y ha impulsado la diversificación de las relaciones económicas. Hoy Cuba gestiona incluso un hospital en el desierto de Qatar.

Más de la mitad de las necesidades energéticas de la isla se cubren con petróleo nacional, el crudo venezolano era principalmente revendido a países de la región y significaba una importante fuente de entrada de dólares. Cuba renegoció su deuda con el Club de París lo que le da más liquidez en un nuevo escenario sin el aliado bolivariano.

Más que económica, la derrota sería sobre todo política. El pasado lunes 14 de diciembre se cumplían 11 años de la creación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la fecha pasó sin pena ni gloria tanto en Cuba como en Venezuela, la realpolitik se abre camino.

Por otro lado, difícilmente la oposición ampliará su apoyo camino de un referéndum revocatorio si elimina el asistencialismo del que se benefician los más desfavorecidos.

El trabajo de los médicos cubanos es reconocido hasta por opositores que se atienden en silencio aunque los critican en público. Es más factible un escenario en el que proponga a los médicos cubanos que deserten de sus misiones y sean contratados y pagados directamente por el Estado venezolano, en línea con el método “parole” que fomenta Estados Unidos para la fuga de cerebros.

Las amenazas de medidas privatizadoras pueden ser frenadas legalmente, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela prohíbe cualquier intento de restauración neoliberal. La oposición ahora tiene que moverse en el ámbito institucional, el mismo que daban por desahuciado. El chavismo por primera vez tendrá que compartir el poder.

Los esfuerzos de Maduro por emular el estilo espontáneo de Chávez no le han favorecido. Hablar con pajaritos le ha convertido en centro de burlas de sus detractores y en el descrédito de sus seguidores, es el momento de ejercer de Presidente de la República.

Nobel de Economía: “El sistema capitalista es un fracaso”

El premio Nobel de Economía en 2001, Joseph Stiglitz, asegura que un modelo económico que no proporciona bienestar a los ciudadanos es un fracaso.

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El premio Nobel de Economía en 2001 Joseph Stiglitz / Shannon Stapleton / Reuters

En un foro de investigadores en Montevideo, Uruguay, el ganador del Nobel de Economía en 2011, Joseph Stiglitz, ha señalado que “un sistema económico que no proporciona bienestar a una parte muy importante de la sociedad, es un sistema económico que fracasa”, según cita sus palabras la cadena TeleSur.

“Los ingresos no solo han estado estancados, sino que además están reduciéndose”, sostuvo Stiglitz criticando el actual modelo capitalista. El Nobel de Economía opina que los bancos de desarrollo multilaterales tienen que desempeñar un papel principal para llevar a cabo la reforma de los mercados financieros.

Tras su visita a Uruguay durante la entrega del título de Doctor Honoris Causa por la Universidad de la República (Udelar), Stiglitz también ha compartido su punto de vista sobre la economía y el estado actual del capitalismo con el medio uruguayo ‘El País‘.

“Lo que está pasando es el inicio de un diálogo político que, al menos para Estados Unidos y Europa, dice que la economía de mercado no está funcionando de la manera que se supone que debería”, opina Stiglitz, destacando que el salario mínimo en Estados Unidos actualmente es más bajo que el de hace 60 años. “Por lo menos la tercera parte de los estadounidenses pasan parte de sus vidas en la pobreza. ¿Cómo puede ser?”

(Tomado de RT)

La Habana y sus autos antiguos

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La Habana arribó a su aniversario 496 y apenas hicimos nada

Por: Lily Poupée/CubaContemporanea 

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La Habana Foto: Roberto Suárez

Vergüenza debía darnos. Hace pocos días San Cristóbal de La Habana, la ciudad cortesana del sol, la ciudad que contiene en sí una rara condición de esencialidad a la cual un maestro nombró “habanidad inmanente”, arribó a su aniversario 496 y apenas hicimos nada.

En la noche del domingo 15 de noviembre rompió a llover de manera despiadada, entorpeciendo el ritual de darle vueltas a la ceiba de El Templete a las 12 en punto. El torrente de agua pareció el presagio de un llanto venido del más allá. Es cierto que muchos cubanos estaban bajo los efectos de las terribles muertes ocurridas en París solo dos días antes, pero fue obvio que ningún preparativo había sido llevado a cabo para festejar el cumpleaños. El 16 de noviembre pasó por debajo del telón, del suelo, de la alfombra. No hubo ni un mísero cartel atornillado a un poste para recordarnos que la señora terca, envejecida a orillas del mar y aún dama presumida a la que llamamos ciudad, estaba cumpliendo años.

Nunca he entendido la importancia que se otorga a los llamados “aniversarios cerrados”. Ya se verán festejos -ojalá- cuando el suelo que habitamos llegue a su quinto centenario, pero ¿acaso no hizo falta pasar antes por fechas impares, huérfanas y poco elegantes? Tiene tanta validez el número 496 como el 500. Nosotros mismos hacemos fiestas a nuestros hijos, a nuestros padres, a nuestras parejas y a las amistades cuando llegan a los 3, a los 84, a los 52 y a los 61 años, sin importar que sean considerados números cerrados o abiertos.

Muchas canciones, muchos poemas, muchos cuentos y algunas novelas se han dedicado a La Habana: al conjuro de su nombre se matizan diferencias de todo tipo, y todos acabamos suspirando. Porque ella es así, impregnada como marca de fuego en la memoria, grabada dulcemente en los mejores recuerdos.

Leí en las noticias que se ha inaugurado un nuevo paseo: el marítimo de Paula, gracias a la Oficina del Historiador y en honor al aniversario de la ciudad. Menos mal. Me dirigí entonces hacia el lugar, resistiéndome a creer que de ninguna otra forma celebraremos un onomástico que debió convocarnos masivamente. Es lindo el paseo. Los pisos de una suerte de espigón -que de forma curiosa no tiene aperturas en ninguna esquina para que algún día atraquen allí barcos, botes, veleros, o humildes lanchitas- son de una linda y moderna madera, las barandas de acero inoxidable son curiosas y seguras, y la forma de doble “t” del sitio invita a adentrarse en el mar de la bahía.

Una vez allí, la frescura de la brisa nos apacigua un tanto. Vemos familias paseando, niños que corren alegres, jóvenes besándose,  y por último los inevitables vendedores de rositas de maíz completan el cuadro. Debido a razones que escapan a mi entendimiento, no existe ningún banco donde aposentarse. Todo ha sido pensado para que se deambule de un lado al otro como en el siglo XIX, con aro, balde, sombrillas de vuelitos y carruajes esperando en la Alameda. No obstante, puede decirse que el sitio es hermoso, y permite aislarse del ruido citadino sin tener que llegar lejos.

Un cartel llama la atención: dice “496…497…498…499…500” resaltando ligeramente el primer número. El mensaje que recibo me aterra, porque me parece entender que es todo cuanto se hará hasta que La Habana cumpla 500 años. Bueno, me digo, no hay de otra: La Habana, de tan majestuosa, permite que sus grietas sean exhibidas sin pudor, y de tan soberbia, no reclama nada. Solo brinda.

No habrá serpentinas ni musicangas, no brillarán fuegos artificiales ni se untarán de coloretes las fachadas, no se harán carreras de zancos por la calle, ni saldrán arlequines a celebrar. A esta ciudad maravillosa le basta con los suspiros que de un lado al otro de la  bahía dejan escapar sus hijos ingratos, olvidadizos y siempre fieles, a pesar de todo

 

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