Presidente de Irán llegó a Cuba haciendo una “V” de la victoria

El presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, llegó este miércoles a Cuba, tercera escala de su gira latinoamericana, haciendo una “V” de la victoria con los dedos, en medio de una creciente presión de Occidente por su programa atómico, agravada por el asesinato de un científico nuclear iraní.

El avión de Ahmadinejad aterrizó en el aeropuerto internacional José Martí de la capital cubana hacia el mediodía (17H00 GMT), comprobaron periodistas de la AFP.

El mandatario iraní fue recibido en el aeropuerto por el vicepresidente cubano Estaban Lazo, a quien saludó con un abrazo, e hizo varias veces una “V” de la victoria con los dedos.

Al descender del avión, fue saludado por dos niñas vestidas con atuendos típicos iraníes, que le entregaron flores.

Ahmadinejad se reunirá con el presidente Raúl Castro y dictará una conferencia en la Universidad de La Habana, según el programa oficial.

La tensión entre Irán y Occidente se elevó más este miércoles luego del asesinato del científico nuclear iraní Mostafa Ahmadi Roshan, al estallar una bomba magnética colocada en su automóvil al este de Teherán. El atentado fue atribuido por el gobierno iraní a Estados Unidos e Israel.

La Casa Blanca negó cualquier involucramiento en el hecho.

En las escalas previas de esta gira por cuatro países latinoamericanos, Ahmadinejad se reunió con el mandatario venezolano Hugo Chávez en Caracas y del nicaragüense Daniel Ortega en Managua.

Ahmadinejad viajará el jueves en la mañana hacia Ecuador, última etapa de su gira.

( Tomado de Cubadebate.cu )

#Japón: De Hiroshima a Fukushima

Una familia contempla el océano Pacífico desde el lugar donde se levantaba su casa, arrasada por el tsunami del pasado 24 de abril. SERGEY PONOMAREV / GTRES

Hiroshima y Nagasaki recuerdan estos días su holocausto atómico de 1945. Los actos seguramente estarán marcados por la tragedia del pasado 11 de marzo, causada por el terremoto y el tsunami que además convirtió en una amenaza la central nuclear de Fukushima.

Sesenta y seis años después, el llamamiento a favor del desarme nuclear se realiza un año más. Los días 6 y 9 de agosto, los parques y memoriales de la Paz de las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki acogen, con un silencio conmovedor, los toques de campana que recuerdan hasta dónde puede llegar la barbarie humana. Se ofrendan miles de flores y se liberan palomas como signos de paz. Al anochecer, los ciudadanos lanzan linternas de hojas de bambú al río Motoyasu en Hiroshima y al Hurakame en Nagasaki. Honran la memoria de las almas de los fallecidos por los bombardeos atómicos de 1945.

Los actos de este año están marcados por la gran tragedia acaecida el 11 de marzo. Un terremoto de magnitud 9 en la escala de Richter provocó un brutal tsunami que azotó la costa nordeste japonesa. Los últimos datos oficiales contabilizaron 15.547 muertos y 5.344 desaparecidos. La región sufrió varias réplicas: la del 10 de julio alcanzó los 7,1 grados, si bien no causó víctimas ni daños. Pero Fukushima es el mayor drama humano en el país desde 1945. Al igual que Hirohito entonces, también el emperador Akihito se dirigió solemne y excepcionalmente al pueblo japonés para expresarle su consternación y solidaridad.

Los eficaces sistemas de alerta del país evitaron más víctimas. Los edificios y demás infraestructuras técnicamente preparadas resistieron los seísmos. Los 22 trenes de alta de velocidad shinkansen que circulaban en aquellos instantes se pararon automáticamente. Pero el tsunami no sólo arrasó ciudades y pueblos enteros del litoral. Golpeó también la central de Fukushima, sita en primera línea de mar a 240 kilómetros al norte de Tokio, provocando el peor accidente desde el de Chernóbil, en 1986. El fantasma nuclear reapareció otra vez en Japón y evidenció los riesgos de las centrales nucleares en un país repetidamente azotado por los seísmos y tsunamis.

Constituye una gran paradoja que el único edificio que quedó parcialmente en pie en el epicentro de la explosión de Hiroshima fue el Museo de la Ciencia y la Industria. El novelista japonés Kenzaburô Ôé, premio Nobel de Literatura 1994, invita a grabar Hiroshima en la memoria como fuente de reflexión y acción comprometida para evitar otros desastres en el futuro. Insiste en que el uso de la energía nuclear como base para el desarrollo económico es contrario al recuerdo de las víctimas. El autor de Notas sobre Hiroshima parece tener razón cuando alertaba sobre los peligros de la opción nuclear, incluso para uso civil.

Fukushima, al igual que antes Hiroshima, envía un claro mensaje tanto a la ciencia como a las conciencias. Otro Nobel, el de Economía del 2001, Joseph Stiglitz, recuerda que las nuevas tecnologías, por muy avanzadas que sean, no pueden eliminar los riesgos de accidentes con alto coste humano y económico. El hombre difícilmente podrá controlar completamente las fuerzas de la naturaleza. Son anteriores y superiores a él. Fukushima muestra que ni siquiera Japón estaba suficientemente preparado para afrontar un terremoto-tsunami contra una central nuclear en la costa. Tras el 11 de marzo habrá que imaginar lo inimaginable para prever lo ­imprevisible.

Hiroshima fue una tragedia provocada por una brutal decisión humana con fines militares. Fukushima se apunta como el resultado de la imprevisión, la impericia y, acaso, del exceso de confianza. La central fue diseñada para resistir una ola de 5,5 metros, tomando como referencia el tsunami de Chile de 1956. Los reactores resistieron el seísmo y se pararon automáticamente, pero el sistema de refrigeración dejó de funcionar cuando una ola de 15 metros lo dejó sin suministro eléctrico. Fukushima fue algo más que una catástrofe natural. Se sumó a ella la negligencia humana. Y esto duele especialmente en un país cuya cultura se desarrolla en torno a la importancia de vivir en armonía con la naturaleza.

En la zona arrasada se miden ahora altos niveles de radiactividad. Cerca de 80.000 personas que residían en un radio de 20 kilómetros en torno a la central fueron desplazadas a zonas más seguras. La mitad sigue acogida en centros gubernamentales, el resto se ha reinstalado en otras zonas. También el litoral marítimo quedará contaminado durante largo tiempo por las aguas radiactivas vertidas desde los reactores dañados al mar. Preocupa que afecten a la cadena alimenticia que llega hasta el hombre. El pasado 17 de julio, el Gobierno prohibió, por ejemplo, la comercialización de carne vacuna procedente de la zona tras detectarse algunas partidas contaminadas con sustancias radiactivas.

El hecho de que una parte del país esté de nuevo contaminada por la radiactividad constituye un gran shock para los hibakusha, los ancianos supervivientes de las dos bombas atómicas, así como para sus descendientes, los hibaku nisei. Muchos de ellos siguen recibiendo atención médica periódica y otras ayudas oficiales y persisten en su empeño por sensibilizar, sobre todo a los jóvenes, sobre los trágicos efectos de las armas nucleares. A partir de ahora y durante los próximos 30 años, el Gobierno deberá destinar un nuevo fondo para controlar la salud de los habitantes que residían dentro del área de Fukushima a fin de prever las posibles secuelas directas o indirectas del accidente nuclear.

La mejor lección del 11 de marzo: la responsabilidad, la serenidad y el civismo de los japoneses, que impresionaron al resto del mundo. Forma parte de su ADN cultural. Cada cual sabía cómo comportarse en situaciones de emergencia. Los ciudadanos respondieron responsablemente a las indicaciones del Gobierno, incluso en pequeños detalles como el cambio de hábitos o de indumentaria para favorecer el ahorro de energía. El interés colectivo prima sobre el individual. Un ejemplo extremo de solidaridad es el de los ingenieros, médicos y obreros de edad avanzada que se ofrecieron voluntariamente en las tareas de control del accidente en el lugar de los jóvenes, para reducir los expuestos a contraer cáncer debido a los peligrosos niveles de radiación. Más allá de las imágenes del desastre retransmitidas en directo a todo el mundo, no se borrará de la memoria la gran entereza del pueblo japonés.

La reacción de los responsables políticos y empresariales en la gestión de Fukushima, antes y después de la crisis, no fue tan ejemplar. A decir de la opinión pública, fallaron en la previsión, reaccionaron tardíamente y minimizaron luego los daños sufridos en los reactores. Muchos se preguntan cómo pudo ocurrir un accidente de tal calibre en un país líder tecnológico mundial. Después de todo, Japón no es Ucrania. Y sin embargo, parecen haberse dado en Fukushima altas dosis de inercia, indecisión y falta de transparencia en la gestión, situaciones derivadas de la connivencia entre los políticos, funcionarios y Tepco, la operadora de la central nuclear. Los japoneses son eficaces trabajando en equipo, aunque a veces, y desde la percepción occidental, puedan pecar de una falta de rapidez y agilidad a la hora de tomar decisiones. Para ellos, prima el acuerdo por consenso, lo cual toma indefectiblemente su tiempo.

Hoy, los japoneses son mayoritariamente favorables a revisar la política energética de su país. El diario económico The Nikkei informaba el 27 de junio que el 70% de la población se opone a reabrir las centrales nucleares. Actualmente, 35 de los 54 reactores siguen inactivos. Todos serán sometidos a pruebas de resistencia antes de decidir si vuelven o no a operar. Y los cuatro de Fukushima serán desmantelados lo antes posible.

El primer ministro Naoto Kan, con un nivel de popularidad del 15%, que apunta a que está políticamente acabado, anunciaba el 13 de julio que Japón frenará y reducirá gradualmente su actual dependencia de la energía nuclear, que no se construirán nuevos reactores y se apostará por las energías renovables.

La opinión pública se muestra escéptica y sospecha que la decisión no sea definitiva. La energía nuclear es el pilar que asegura el 30% del consumo energético del país. Y un cambio sustancial hacia otras energías alternativas requerirá tiempo, al menos dos décadas. El lobby nuclear argumenta que poner en cuestión la energía nuclear encarecerá los precios para el consumidor. Además, el proceso para cerrar y desmantelar las centrales nucleares será muy largo, costoso y complejo por razones políticas y económicas.

Habrá, en cualquier caso, en Japón un antes y un después del 11 de marzo del 2011. En el ámbito económico, esta crisis se superará sin duda a medio plazo. Los programas de reconstrucción generarán un impulso en la capacidad productiva del país. En lo político, se ha apuntado la necesidad de un nuevo modelo de gobernabilidad, más transparente y menos ligado a los clientelismos de los grandes conglomerados empresariales. En lo social, Japón se plantea cómo corregir el bajo índice de natalidad y el rápido envejecimiento de la población y la apertura también a la inmigración extranjera. El déficit demográfico afecta negativamente al consumo, al ahorro interno y a la financiación del sistema de salud y de pensiones: Japón debe rejuvenecer. La sociedad nipona, por razones históricas y geográficas y a diferencia de la china o la surcoreana, no acaba de abrirse al exterior. Sus universidades cuentan con poca presencia de profesores y estudiantes extranjeros. Tampoco los japoneses suelen ampliar estudios fuera del país. Pero se planeta que el mantenimiento de la identidad nacional y cultural debe conjugarse con una mayor apertura externa, más allá de los ámbitos económico y comercial.

La historia recuerda que Japón ha sufrido catástrofes tanto naturales como provocadas por las guerras. Y, ante la fatalidad y la derrota, los japoneses reaccionan sumando esfuerzos para levantarse y reconstruir. En 1945 se abrió una etapa de rápido desarrollo que convirtió Japón, ya en 1968, en la segunda economía mundial. También se superaron los devastadores efectos del terremoto de Kobe de 1995. Pero el modelo japonés entró en crisis cuando en 1991 explotó la burbuja financiera e inmobiliaria, lo que ha ido frenando hasta hoy el crecimiento económico. En el 2010, el PIB chino superó al japonés.

Japón merece reconocimiento y estima. Cuenta con un sólido sistema democrático, una sociedad cohesionada y grandes medios financieros y tecnológicos. Sigue siendo la tercera economía mundial, tras EE.UU. y China. Y goza, sobre todo, de un recurso extraordinario: el pueblo japonés. Ya ha empezado la reconstrucción. Pero parece que esta vez no bastará con levantar infraestructuras, prevenir mejor los efectos de un tsunami o revisar la política energética; habrá que repensar y revitalizar el país. Sobre las cenizas de Hiroshima renació un nuevo Japón. Ahora, Fukushima es un nuevo punto de partida para que el país resurja con ideas y fuerzas renovadas y afronte con decisión nuevos retos colectivos.

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