10 de noviembre de 1971: Disparen sobre Fidel

Santiago de Chile

Pero sus enemigos no dicen que no fue por posar para la Historia que puso el pecho a las balas cuando vino la invasión, que enfrentó a los huracanes de igual a igual, de huracán a huracán, que sobrevivió a 637 atentados, que su contagiosa energía fue decisiva para convertir una colonia en patria, y que no fue por hechizo de Mandinga ni por milagro de Dios que esa nueva patria pudo sobrevivir a 10 presidentes de los Estados Unidos, que tenían puesta la servilleta para almorzarla con cuchillo y tenedor.

“Disparen sobre Fidel” ha ordenado la CIA a dos de sus agentes. Sólo sirven para ocultar pistolas automáticas esas cámaras de televisión que hacen como que filman, muy atareadas, la visita de Fidel Castro a Santiago de Chile. Los agentes enfocan a Fidel, lo tienen en el centro de la mira, pero ninguno dispara.

Hace ya muchos años que los especialistas de la División de Servicios Técnicos de la CIA vienen imaginando atentados contra Fidel. Han gastado fortunas. Han probado con cápsulas de cianuro en el batido de chocolate y con ciertas infalibles pildoritas que se disuelven en la cerveza o el ron y fulminan sin que la autopsia las delate. También lo han intentado con bazukas y fusiles de mira telescópica y con una bomba de plástico, de 30 kilos, que un agente debía ubicar en la alcantarilla, bajo la tribuna. Y han usado cigarros envenenados. Prepararon para Fidel un habano especial, que mata apenas toca los labios. Como no funcionó, probaron con otro habano que provoca mareos y aflauta la voz. Ya que no conseguían matarlo, trataron de matarle, por lo menos, el prestigio: intentaron rociarle el micrófono con un polvo que en pleno discurso provoca una irresistible tendencia al disparate y hasta le prepararon una pócima depilatoria, para que se le cayera la barba y quedara desnudo ante la multitud.

Memoria del Fuego: El Siglo del Viento

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