Premios Lucas: Dos meses después en la TV Cubana

1-premiso-lucas-2015

Lucas, proyecto de Orlando Cruzata. Foto: Marianela Dufflar/ Cubadebate.

Por Gisselle Morales

Las galas de premiación del proyecto Lucas, acaso el evento de su tipo Made in Cuba más esperado por los públicos, tuvieron lugar en el teatro Karl Marx de La Habana los días 28 y 29 de noviembre de 2015 y aparecieron en las pantallas de la televisión nacional dos meses y dos días después. Así, sin más.

No se paró un locutor en cámara para justificar la demora con un parlamento al estilo: “Tal y como ustedes lo solicitaron en correos electrónicos y llamadas al programa, hemos dejado añejar las galas dos meses enteros para satisfacer sus demandas”. O: “Retrasamos la puesta en pantalla de los Premios Lucas porque el único profesional capaz de editar las recurrentes muestras de egocentrismo de los Ángeles estaba de vacaciones en Europa”. No sé, algo, un argumento que no me deje la extraña sensación de que lo transmiten ahora, pero que hubieran podido transmitirlo el mes pasado y el mes que viene.

A estas alturas, ¿para qué?, me pregunto y no tengo respuesta que no sea: para enervar a los ya enervados televidentes; para dejar constancia de que nuestra televisión, la única, puede ignorar olímpicamente la inmediatez. En último caso, hasta para probar —como si hiciera falta— que eventos como ese no se ponen en vivo, una práctica al uso desde hace décadas en el resto del mundo.

Como espectáculo, lo que habían advertido los especialistas: escenografía, vestuario, iluminación, trabajo coreográfico y dramaturgia, de primer nivel; la música, sin embargo, doblada, un mal de fondo al que deberíamos estar habituados si no fuera porque a lo bien hecho es más fácil acostumbrarse. En sentido general, como opción recreativa para recoger el exceso de circulante, bien; como producto audiovisual que contribuya a formar el gusto estético, no tanto. Aunque, seamos justos, la gala en sí no es el problema, sino los dudosos caminos hacia los que el videoclip cubano ha venido derivando.

Poca experimentación, empleo excesivo de los recursos tecnológicos y un viraje marcado hacia lo comercial signan los rumbos de Lucas. Y antes de que me lapiden los más incondicionales teleluqueños, déjenme precisar: reconozco, porque Rufo Caballero se encargaba de recalcarlo en su sección El caballete, que el videoclip es un producto eminentemente comercial cuya función radica en vender —ya que hablamos en términos de mercado— un tema musical; pero me acuerdo también de que el propio Rufo Caballero exaltaba la independencia del videoclip como potencial obra de arte.

Rufo no está, lamentablemente, y en el espacio de análisis que dejó vacante ningún otro crítico ha venido a poner los puntos sobre las íes que piden a gritos ciertos audiovisuales.

Me habría encantado escuchar aquellas arengas suyas contra la cosificación de la mujer en no pocos videos de timba y reguetón —me sorprendió, por cierto, la nueva categoría en concurso: el timbatón—; contra las fórmulas manidas, los lugares comunes, el facilismo; contra los realizadores que apelan al coctel hormonal de la adolescencia para promover a un grupo de limitada aptitud melódica —Ángeles, por más señas—. Me habría encantado, sobre todo, ver cómo Rufo le diría a Paula, una de las presentadoras del espacio, que el público de Lucas no son solo los jóvenes de la farándula. Peores cosas dijo Rufo, hasta donde yo recuerdo.

Que el videoclip cubano se acomode por día en los circuitos internacionales del género no debería implicar, necesariamente, que cojee de la misma pata que criticamos en los audiovisuales de factura extranjera. Los criticamos —hay que ser justos— como quien señala la paja en el ojo ajeno, porque luego la televisión nacional transmite obras no menos chatarras que las que nos llegan de afuera.

Peor aún: la televisión nacional se da el lujo de transmitirlas dos meses después, cuando ya nadie se acuerda.

(Tomado de Escambray)

Las cenizas de la gran actriz cubana Alina Rodríguez, fueron esparcidas al mar

Las cenizas de la gran actriz cubana Alina Rodríguez, fueron esparcidas al mar este martes a las seis de la tarde desde los jardines del Restaurante 1830.

Sus restos mortales permanecieron en la funeraria de Calzada y K en un féretro cubierto por la bandera cubana y con un ramo de mariposas blancas hasta el mediodía, para recibir el tributo de sus familiares, amigos y admiradores.

Sobre la extraordinaria artista, Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, declaró que ella poseía los más expresivos ojos de la escena cubana, con un talento y versatilidad insuperables, porque era una intérprete que dominaba tanto la comicidad como lo dramático.

cenizas-de-alina-rodriguez-foto-jorge-luis-sanchez

Enrique Molina, quien es, quizás, el actor con quien más veces hizo pareja en cine, teatro y televisión, afirmó que no encontrará otra actriz como ella para poder entregarse plenamente a la actuación, con la seguridad de que nunca tratará de sobresalir y con un nivel de autenticidad y cubanía imposibles de igualar.

Para Fernando Echevarría, otro de los actores cercanos, Alina es un tren en la escena, una actriz cuyo quehacer será, de seguro, paradigma para las futuras generaciones de intérpretes cubanos.

Por esas veleidades del amor, nunca le confesé cuanto le debía y lo mucho que aprendí junto a ella, a quien considero un pozo de sabiduría, de la cual no se podrá hablar nunca en pasado porque su huella permanecerá siempre, añadió.

El cantante y director Hugo Oslé, precisó que Alina pertenece a esa estirpe única de actrices de la talla de Candita Quintana y Alicia Rico, quienes se movían con libertad y coherencia en cualquiera de las cuerdas de la actuación escénica.

Luisa María Jiménez, La Tojosa, afirmó que esta actriz será su eterna madre Justa, la de la recordada telenovela Tierra Brava.

Amada Morado, compañera y amiga por muchos años en el Grupo Teatro Estudio, aseguró que si artísticamente Alina no tiene parangón, igual sucede con su extraordinaria condición de ser humano, generoso, sincero y siempre dispuesto a ayudar.

Enrique Molina, quien es, quizás, el actor con quien más veces hizo pareja en cine, teatro y televisión, afirmó que no encontrará otra actriz como ella para poder entregarse plenamente a la actuación, con la seguridad de que nunca tratará de sobresalir y con un nivel de autenticidad y cubanía imposibles de igualar.

Enrique Molina, quien es, quizás, el actor con quien más veces hizo pareja en cine, teatro y televisión, afirmó que no encontrará otra actriz como ella para poder entregarse plenamente a la actuación, con la seguridad de que nunca tratará de sobresalir y con un nivel de autenticidad y cubanía imposibles de igualar.


(Agencia Cubana de Noticias)

Cuba un ejemplo, un gigantesco ejemplo de un pueblo diminuto

Por Koldo Campos

Dedicado a Mey.

El Malecón de La Habana. Foto: Desmond Boylan/ AP

El Malecón de La Habana. Foto: Desmond Boylan/ AP

Y sí, Fidel es una de las más luminosas referencias de la historia, de las más dignas, como es Cuba un ejemplo, un gigantesco ejemplo de un pueblo diminuto, de una isla flotando en el Caribe en las mismas narices del Imperio. Y saberlo y decirlo es para mí, también, una manera de agradecérselo.

Nadie en este manicomio en que han convertido al mundo quienes dictan su destino, disfruta de la cordura de Cuba, de su sensatez y de su juicio, de su capacidad de lucha, de su vergüenza.

Y todo ello cuando aún sin haber terminado de nacer, ya caían sobre ella agresiones, calumnias, sabotajes, pestes, invasiones… Y también el embargo, el aislamiento, el bloqueo… Y también la necesidad de transformar, solo con el empeño, aquel Casino-Hotel Club en un país, después de haber sido, en mala hora, descubierta, convertida a la fe y a la colonia y condenada al monocultivo de un azúcar amargo.

Y Cuba, sin más ayuda que el comercio que durante algunos años tuvo con la URSS en mejores condiciones que la usura habitual del llamado mundo libre, reciclando, reutilizando, apelando al ingenio, cuidando lo que había, cuando andar en Cuba en bicicleta era mofa habitual de quienes han arruinado el planeta y hoy hasta es impresentable una gran capital que se tenga por modelo y no estimule el uso de las dos ruedas sin motor, sin combustible, sin humos, sin ruidos, así es que sigue Cuba.

Apenas ha pasado poco más de medio siglo sin que se desarmaran contra Cuba ni amenazas ni agresiones y, cualquiera que sea honesto convendrá conmigo, en que bastaría cotejar la sociedad cubana con el resto de islas caribeñas después de más de un siglo de progreso y desarrollo capitalista en ellas, para apreciar la diferencia.

Todavía mueren en Cuba recién nacidos, pero en mucha menor medida que en cualquier otro país americano, incluyendo Estados Unidos. Y es verdad, sí, es verdad, muchos edificios en La Habana, para no hablar de Santiago, necesitan capas de pintura para sus fachadas, pero cuando llega la noche no hay indigentes en las calles cubanas buscando un portal donde pasar la noche, como tampoco hay una niña sin escuela o un niño sin atención médica.

A diferencia de la democracia mexicana, en Cuba estudiar magisterio y ejercerlo no cuesta la vida; ni el periodismo, como en Honduras, provoca la muerte; ni el sindicalismo mata como en Colombia. En Cuba no se muere de colesterol ni de hambre. En Cuba las artes, la danza, la pintura, no son malas palabras y el teatro tampoco un acertijo. La cultura respira, aunque a veces haya que procurársela asistida.

Cuba nunca es noticia porque sus estudiantes protagonicen matanzas en las escuelas o porque perturbados que siempre actúan solos y al servicio de nadie le pongan la nota de sangre al día. En Cuba no se tortura ni se practica ninguno de los tantos eufemismos y proporciones al uso en Europa y los Estados Unidos, ni aparecen fosas comunes con cientos de cadáveres, ni sería concebible Guantánamo. Tampoco sus policías semejan fantasmas cubiertos de escafandras y armados de armas largas, de perros y caballos. Hasta me atrevería a asegurar que en Cuba la policía parece gente, ni siquiera llevan pistola.

Durante todos estos años en Cuba se ha ido minando, se sigue en ello, la xenofobia, el racismo, el machismo, todos las ancestrales mentiras que nos impiden reconocernos como iguales, y en todas esas luchas de largo recorrido los progresos de Cuba son notables. Las comparaciones también ayudarían a entenderlo.

Y, a pesar de las limitaciones, de sus pocos recursos, Cuba ha impulsado proyectos tan hermosos, (casi iba a decir “cristianos”) como una universidad de medicina en la que formar gratuitamente a miles de estudiantes latinoamericanos sin recursos, y escuelas de arte, de cine, gestionadas con los mismos fines. Y ha tenido arrestos para hacerse presente en África respaldando los legítimos sueños de pueblos sojuzgados por regímenes racistas o combatiendo el Ébola, o enseñando a leer en muchas patrias americanas, contribuyendo a la salud de pueblos vecinos.

Y ahí sigue trabajando, estudiando, investigando, haciendo importantes aportes a la salud y educación del mundo y, sobre todo, a los conceptos más imprescindibles para la humanidad: la solidaridad por ejemplo. Cuba ha contribuido más que nadie, lo sigue haciendo, al cuidado de miles de niñas y niños afectados en Chernobil. En el Sahara, aquella colonia que el Estado español vendió a Marruecos con todo y su gente a pesar de haber empeñado su palabra y su compromiso con Naciones Unidas de dejar la República Árabe Saharaui en manos de sus ciudadanos, pues hay miles de saharauis que son conocidos popularmente como “los cubanos”, porque fue en Cuba que pudieron crecer, vivir y formarse como profesionales. Es más el castellano de esos saharauis que estudiaron en Cuba que el que sobrevivió a la colonia y la traición española.

Buena parte del sistema de salud de Haití ha estado en manos cubanas mientras el pueblo haitiano espera que le llegue la ayuda económica prometida de la “comunidad internacional”. La misma que ayer estranguló a Haití y que hoy extorsiona a Grecia.

Y si, también es verdad, Fidel dijo una vez que no se hace un paraíso en la falda de un volcán. Yo, más prosaico, agregaría que alguna vez se rompe un plato, pero que lo sepan los necios a los que cantara Silvio, yo no voy de una fábula a llorar un responso, ni acepto un desenlace por una controversia, ni voy por un pecado a ignorar el Infierno, ni por un desatino transijo una condena, que un funeral descargue de culpa al cementerio o que una discrepancia culmine en anatema. Yo no voy de una lágrima a invitar a un sepelio, ni intercambio aspavientos por pagados aplausos ni divinos naufragios por humanas tormentas. No voy de un eslabón a hacer una cadena ni me duele una cruz más que sangra un calvario, ni un rescoldo me inquieta como alarma un incendio o me aflige una cuenta tanto como un rosario y un disparo me aturde más que un parte de guerra.

En fin que, gracias Cuba. Te debo mis mejores sueños.

(Tomado de Rebelión)

Abel Prieto: “La prohibición hace atractivo el fruto prohibido, el oscuro objeto del deseo”

Abel Prieto dice que los cubanos no están hipnotizados por Hollywood y les interesa también otro tipo de cine, fundamentalmente el nacional.

Escena de la pel{icula cubana Conducta

Escena de la pel{icula cubana Conducta

Cuba reconduce su convivencia diplomática con Estados Unidos y asume la cohabitación con las nuevas tecnologías de la comunicación y la masiva entrada de contenidos made in USA, pero “jamás vamos a permitir que el mercado dicte nuestra políticas culturales”, subraya Abel Prieto, ex ministro de Cultura (1997-2012) y asesor de Raúl Castro en el Consejo de Estado y de Ministros.

“Esas políticas, se mantienen intactas”, declara en una entrevista con EL PAÍS durante su estancia en España para asistir al XIII Encuentro de Solidaridad con Cuba, que reúne en Zaragoza a decenas de organizaciones simpatizantes. “La idea de que vivimos en un régimen que controla todo lo que el ciudadano consume es una mentira, una caricatura insostenible en este mundo interconectado”.

Abel Prieto (1950) no desconoce, sin embargo, que la distensión con Estados Unidos, y los cambios generacionales y de consumo cultural determinan la actualización de un modelo que ha sido de trinchera desde el triunfo revolucionario de 1959 y la entrada en colisión ideológica con Estados Unidos, potencia hegemónica desde el derrumbe de la URSS en 1989. “No vamos a prohibir cosas. La prohibición hace atractivo el fruto prohibido, el oscuro objeto del deseo. Estamos trabajando contra la ola de banalización y frivolidad, y no para prohibir sino para que la gente sepa discernir, sobre todo en el mundo audiovisual porque la nueva generación es muy audiovisual.

A la espera de que las nuevas tecnologías y el acceso a Internet, hasta ahora muy limitado, se generalicen en los domicilios de los once millones de cubanos, el ministerio de Cultura última, entre otras iniciativas, una oferta pública de descargas gratuitas disponible en los espacios wifi y clubes de jóvenes habilitados en el país. Ese paquete incluye más de 300 películas de calidad, desde el Halcón Maltés y Gandhi, al nuevo cine latinoamericano, pasando por el Hamlet de Kenneth Branagh, lo mejor de Woody Allen, y los formatos sinfónicos de temas de Silvio Rodríguez. “El menú combina cosas con densidad cultural y material de entretenimiento porque la opción del socialismo no puede ser el aburrimiento”.

Abel Prieto dice que los cubanos no están hipnotizados por Hollywood y les interesa también otro tipo de cine, fundamentalmente el nacional. “En Estados Unidos no tienen ministerio de Cultura, ni les hace falta porque el mercado lo decide todo con una promiscua convivencia de los contenidos de calidad y con la degradación y la desinformación, al mismo nivel, que confunde a los consumidores no preparados. Uno de los desafíos de Cuba para evitar esta globo colonización que todo lo invade y que también ha llegado a nuestro país es reforzar la calidad de la educación”.
El asesor presidencial señala que “nosotros tenemos una ventaja que no tienen ustedes aquí. Es que los medios nuestros son estatales. Nosotros no tenemos enseñanza privada. Todo el sistema es público. Las instituciones culturales son públicas”. Abel Prieto niega el omnímodo control del Estado sobre los ciudadanos. El Estado suministra “instrumental crítico para que el ciudadano puedan elegir contenidos sabiendo descifrar los códigos: con conocimiento de causa. Y después que la gente haga lo que estime conveniente con su tiempo libre”.

”Es pueril pensar que podemos controlar los contenidos culturales de los jóvenes. En la Cuba de hoy la gente ve las películas y series que quieren ver” agrega. “Es un país con más de tres millones de turistas, con decenas de miles de cubanos de Miami entrando continuamente con memorias flash [lápices de memoria USB] y todo tipo de dispositivos. Es ridículo pensar que unos tecnócratas del ministerio de Cultura puedan organizar el menú cultural. Eso es una locura”. No obstante, se manifiesta convencido de que el Gobierno puede influir sobre el gusto y los hábitos de lectura a través de los instrumentos a su alcance. “Pero no es fácil. Es un reto complejo”.

El menú preparado por las autoridades cubanas elimina la basura de la televisión hispana, los programas chatarra y los reality show. “Me espantan no por razones políticas sino porque están en las antípodas de lo que yo quisiera como parte de nuestra utopía. “No es un problema político si no diría casi estético. Es de degradación Como dice un amigo “estamos contaminando con material interesante”. Escritor, director de la editorial Letras Cubanas y presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba antes de ser ministro, Prieto dice que otro proyectos en marcha es la producción de videojuegos sin violencia, ni racismo, “diferentes a los fascistoides que proliferan en el mercado y que crean adicciones entre los niños y adolescentes”.

“El humanismo que nació en el renacimiento y que financió la burguesía esta de capa caída”, lamenta. “La propia burguesía lo ha ido liquidando. Hay que defender la memoria cultural aunque te acusen de nostálgico y avejentado, de no entender que todo cambió. Sin memoria cultural ¿qué vamos hacer de este mundo, qué vamos hacer con El Quijote?”.

(Tomado de CubaSi)

Celebrarán XII Bienal de La Habana del 22 de mayo al 22 de junio

Bienal-1

Más de un centenar de artistas de 44 países demostrarán su creatividad en diferentes espacios urbanos de esta capital a propósito de la XII Bienal de La Habana, informaron hoy organizadores del evento.

Como de costumbre, la Bienal pondrá a dialogar a artistas de diversas regiones y dará voz a quienes a veces padecen desatención en sus lugares de orígenes, comentó el director del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, Jorge Fernández.

El organizador del evento más trascendente de las artes visuales en Cuba explicó que la cita del próximo 22 de mayo al 22 de junio no tendrá sede precisa pues transcurrirá simultáneamente en muchos sitios de esta capital para que los artistas creen en función del lugar y el contexto urbano.

La idea principal es convertir a La Habana durante todo un mes en la galería más amplia del mundo, afirmó en conferencia de prensa.

Fernández mostró regocijo por la cantidad de artistas de Europa que se han incorporado en las últimas ediciones y no con intenciones individualistas sino para integrarse por completo al sentido de la Bienal.

La presente edición presentará creaciones en torno al tema Entre la idea y la experiencia,pues la idea que tenemos del arte suele ser muy diferente a la experiencia real del artista, según planteó el directivo.

Un propósito esencial será la exposición de los procesos de trabajo en el arte, marcada en pleno siglo XXI por la colaboración, razón por la cual el evento involucra a científicos, músicos, arquitectos, bailarines, profesionales de diversas especialidades.

A tono con la producción artística contemporánea, la Bienal tratará de relacionar múltiples zonas del saber, además de propiciar talleres de curaduría y encuentros para reflexionar sobre arquitectura, urbanidad y otros tópicos.

Parques, cines, plazas, museos, edificios comunes, esquinas de cualquier calle, acogerán estructuras de disímiles tamaños en rejuego con la intención de fomentar un diálogo entre arte y hábitat.

De acuerdo con el presidente del Consejo Nacional de Artes Plásticas, Rubén del Valle, la Bienal debe hacer accesible el arte a los más diversos públicos.

La mayor exposición del evento se titula Zona Franca y radicará en el complejo cultural Morro-Cabaña, mientras el Pabellón Cuba será escenario del proyecto Entre, dentro, fuera,que cuenta con la participación de creadores de Estados Unidos, Bulgaria, Canadá y Cuba.

Otra propuesta atractiva será Estado sólido, una obra perteneciente a un colectivo de artistas entre los cuales se citaron al laureado cineasta cubano Fernando Pérez.

Ese proyecto vincula la música y la realización audiovisual, en concordancia con el diálogo interdisciplinario que propone la Bienal, expuso del Valle.

El arte emergente de Latinoamérica protagonizará la XII Bienal de La Habana

“El objetivo era mantener el reto, adecuarlo a los nuevos tiempos y al tipo de arte que se hace en cada momento”, explicó hoy en la presentación del certamen Fernández.

En sus inicios, hace ya más de una década, la bienal cubana buscaba representar a los artistas del Tercer Mundo o de la “periferia” geopolítica, ”un concepto caduco en el actual contexto” que explica la presencia cada vez más frecuente de artistas de países como España, Alemania, Bélgica, Noruega, Austria y Bélgica.

A pesar de este cambio del contexto geopolítico y sus repercusiones en el arte, Fernández señaló que el propósito sigue siendo “poner a dialogar a artistas de diferentes regiones y dar voz a quien no la tiene”.

A pesar del empuje de creadores europeos, la presencia de artistas de países Latinoamericanos sigue siendo la más notable, entre los que destaca Cuba, con 26 artistas; además de Argentina, Brasil, Chile y México, con 6 participantes cada uno.

(Con información de Prensa Latina)

Eusebio Leal: “Ahora más que nunca hace falta la unidad de la nación”

(Versiones Taquigráficas-Consejo de Estado)

Querido General Presidente Raúl Castro Ruz;

Queridos compañeros Gerardo, Antonio, Ramón, Fernando y René;

Queridos compañeras y compañeros;

Cubanas y cubanos:

Foto: Jorge Luis González

Foto: Jorge Luis González

Un día como hoy, como se ha dicho, hace 120 años comenzó el levantamiento del pueblo cubano para alcanzar su definitiva y total independencia. El amor a esa libertad, a esa soberanía, a esa esperanza, se inició mucho tiempo atrás, quizás desde el instante mismo en que empezó a formarse lo que llamamos comúnmente la identidad. Los que llegaron de distintas latitudes de Europa, ya de la España conquistadora o del África, o los vestigios de las comunidades indígenas, en trance de extinción pero sobrevivientes, unieron sus sangres para formar algo que José Martí llamaría en palabras emotivas “dulcísimo misterio”.

El concepto de cubano viene del nombre de nuestra isla, Cuba. Nunca pudo ser cambiado, prevaleció por sobre el intento de darle otros nombres, otras atribuciones. El nombre, sonoro y breve, quedó prendido en el corazón de los que lo escucharon por vez primera.  Más allá del mar azul del Caribe, que se descubre desde la orilla de nuestras playas o desde el aire, Cuba aparece con la forma tan hermosa con que a las puertas del golfo de México establece la isla su presencia y su naturaleza.

En realidad nunca nos llamamos isleños, a pesar de que no es una, sino muchas islas las que conforman nuestra realidad. En el seno de ellas fueron surgiendo, a lo largo de los años, percepciones donde todo lo anterior que traía el conquistador o el conquistado como memoria fue cediendo lugar a algo diferente, que surgió en la manera de construir, que siendo igual o pareciéndolo era distinta. Surgió en el horizonte de la poesía, del canto campesino, de la voz de los poetas de más vuelo. Surgió también, tempranamente, en el pensamiento de los más inquietos, entre los que comenzaron a llamarse criollos.

Entonces éramos solamente un país. El país es un espacio. La patria comenzó a ser un sueño, una aspiración, y la nación, un derecho por el que había que luchar, una nación con leyes, una nación que sería depositaria y respetuosa de su propia cultura, una na­ción que sabría ir al futuro desde el pasado.

Allá en su retiro, muy cerca de Cuba, adonde quiso ir a morir ante la imposibilidad de llegar a ella, el presbítero Félix Varela exclamaba: “No hay patria sin virtud ni virtud con impiedad”. Pero, además, los últimos que le vieron afirman que les dijo: “Ofrezco todos mis sufrimientos y sacrificios por Cuba”.

Ese mismo sentimiento llevó a Heredia, en el padecimiento de su destierro, a sembrar en el alma cubana el espíritu de una patria, y eso alentó a los primeros que se rebelaron y encontraron que no había fronteras que cruzar más que el océano, que la lucha en última instancia sería aquí; que contra el cepo, el látigo, la discriminación, la humillación y la negación propia de la humanidad surgiría un día de redención y de libertad.

José Martí, autor del intento y del fundamento de la unidad de la nación cubana, creyó firmemente que no venía nuestra América ni de Rousseau ni de Washington, venía de sí misma. Al mismo tiempo, en la medida en que aún muy joven fue madurando su pensamiento, se acercó más a esa sufriente raíz de los orígenes: a Guaicaipuro, a Hatuey, a Guarina, a Cao­nabo, a todos los que enfrentaron el saber, como ha afirmado un pensador latinoamericano, que un determinado día y en una determinada hora nos habíamos enterado de que, primero, éramos indios; segundo, que nuestras teologías y nuestras ideas del bien o del mal eran distintas; que debíamos soberanía a un rey distante y que todo debía ser cambiado.

Sin embargo, más allá del dolor y el sufrimiento de aquellas primeras comunidades, que soportaron la mordida de los lebreles, el hierro de las cadenas y el fuego, como Hatuey, en Yara, donde vivía por los siglos la tradición de que en tiempos de tribulación o de esperanza un fuego misterioso se encendía en la noche iluminando el monte, Cuba fue forjándose, fue haciéndose y fue, desde lo que Martí juzga “la inocencia culpable” de un patriciado que, obteniendo su riqueza de la esclavitud, comenzó sin embargo a dar­se cuenta de que ya sus hijos no necesariamente pensaban como ellos, que necesitaban ardorosamente un cambio y que ese cambio pasaba por una autentificación de su identidad.

Cada pueblo nombrado, o cada una de las siete primeras ciudades, excepto tres, llevaron la impronta del lar indígena.

Así, Santa María del Puerto del Príncipe sobre el Camagüey, San Salvador sobre el Bayamo, La Habana sobre las huellas de Habaguanex, y así cada uno de los rincones y lugares repetían en la toponimia del suelo una presencia más antigua que empezaba a convertirse ya solo en una arqueología. O confundida con la sangre del conquistador dio a luz, como ha señalado el que fuera ilustre diputado de nuestra Asamblea, Cintio Vitier, el primer maestro, Miguel Velázquez que allá en Santiago de Cuba, donde tiene un modesto monumento, hablaba de que era tierra dominada y como de señorío.  Un sentido de rebeldía antiguo vino desde abajo, y ese sentimiento rebelde se fue convirtiendo en más fuerte en la medida en que la esperanza de cualquier cambio político, fundado en la consideración del conquistador sobre el conquistado, era prácticamente imposible.

A la sublevación de los esclavos que primero llevaron los nombres de su lugar de origen:  Juan Congo, Antonio Carabalí, Miguel Fula; sucedió el apellido que en la pila recibieron de sus amos: Morales, Ar­menteros, Cárdenas y así de esa gran cofusión y amalgama indo-hispano-africana, fue surgiendo nuestra identidad orgullosamente mestiza de la sangre y de la cultura.

Se hizo pronto realidad en la música, como lo fue en la poesía; era diferente en el paisaje tan distinto a las áridas pero hermosas tierras de Castilla, o la brumosa Galicia o Asturias, o las Islas Canarias… era otra cosa.  Y para los propios africanos la tierra tenía sus misterios: ciertos árboles les recordaban los suyos, algunos que consideraban sagrados fueron objeto de sus cultos. Y muy pronto fue naciendo, lentamente, lentamente, lentamente, una aspiración que fue convirtiendo el país en el sueño de una patria.

A los grandes precursores, a los que murieron con la esperanza de construirla, debe Cuba todavía sentidos homenajes.
Y como decía hace unas horas un juicioso historiador: la historia de nuestras luchas todavía, a pesar de todo lo que está escrito, está por escribirse.  Faltan muchas biografías, muchos heroísmos, muchos silencios, muchas lágrimas que nadie enjugó que deben ser cantadas por los poetas, como pedía José Martí a José Joaquín Palma, cuando le decía a su ilustre amigo, biógrafo de Céspedes, bayamés de cuna:  “Lloren los trovadores republicanos sobre la cuna apuntalada de sus repúblicas de gérmenes podridos; lloren los bardos de los pueblos viejos sobre los cetros despedazados, los monumentos derruidos, la perdida virtud, el desaliento aterrador: el delito de haber sabido ser esclavo, se paga siéndolo mucho tiempo todavía”.

Y luego dirá: “Nosotros tenemos héroes que eternizar, heroínas que enaltecer, admirables pujanzas que encomiar:

tenemos agraviada a la legión gloriosa de nuestros mártires que nos pide, quejosa de nosotros, sus trenos y sus himnos”.

Y los que se anticiparon y se conjuraron, estuvieron dispuestos a perderlo todo, a sacrificarlo todo.

Ya a principios del siglo XIX la América parecía haber resuelto el problema y una inquietud profunda sacudía de una u otra parte el continente. Valientes pensadores explicaron los derechos de una América independiente, y algunos líderes se atrevieron a de-safiar el poder y a morir como Gual y España en una plaza de Caracas, siendo ejecutados antes de que llegara la hora.

Exactamente en Cuba, en el silencio de las logias, trabajaron “Frasquito” Agüero y otros para hacer un texto constitucional de una república ideal, utópica y futura. Los años pasaron y al parecer para muchos, unido a la trata esclavista, el destino de Cuba pasaba necesariamente por ser una estrella más de la unión del sur de Estados Unidos, algunos invocaban hasta la providencia divina para asegurarlo.  Sin embargo, otros creían todo lo contrario:  Cuba no debe esperar más que solidaridad; pero nuestro problema debemos resolverlo nosotros mismos, y esa solución, invocada ya por Varela y enseñada por Luz en su escuela, como educador y formador de una juventud rebelde, adquirió dimensión en lo que él llamó “el sol del mundo moral” que caerían reyes e imperios, pero que jamás caería del pecho humano.
Mucho debe Cuba a Luz, y Martí afirma que lloró dos ve­ces, por Luz y por Lincoln, dice, sin haber conocido a Luz ni a Lincoln. Luego, del segundo, dice que supo, y aconsejado por un mal político y por un mal hombre, quiso lanzar sobre Cuba toda la hez del Sur derrotado.

Sin embargo, venidos de allá?? de América, donde ha­­bían pre­senciado el gran debate en el Sur y el Norte, no pocos cubanos quisieron luchar también por la libertad de su patria.  En Cuba el movimiento de búsqueda de la anexión a la nación norteamericana se fue debilitando en la medida en que el Sur iba siendo derrotado. Otros creían que era posible un camino: reformas, reformas y solo reformas. La aspiración a una concesión política, más que a una conquista política.
De esa ardua batalla entre dos corrientes surgió una victoriosa que se empezó a manifestar en distintos puntos del occidente, el centro y el oriente.

Ya en 1851, en una plaza de Camagüey, Joaquín de Agüero era ejecutado. Se dice que un joven, un adolescente fue llevado al dramático escenario de su ejecución y que mojó en su sangre su pañuelo; sería el que algunos llamarían: Bayardo y otros El Mayor, el letrado, el poderoso defensor de las ideas políticas y sociales, el que sería Mayor General del Ejército Libertador y líder del pensamiento abolicionista en Camagüey.

Mientras, en Oriente, más allá de Jobabo se reunían una y otra vez, y así lo hicieron por penúltima vez en lo que llamaron la Convención de Tirsán, en un lugar nombrado San Miguel del Rompe. Allí se escuchó la voz del más inquieto, del hombre de pequeña estatura, de grande y variado talento, abogado que había recorrido el mundo, buen jinete, jugador, afortunado, amante del amor y los placeres de la vida, pero dispuesto a renunciar a todo clamó por un levantamiento sin esperar más.

Otros con más riqueza, pero con no menos determinación aspiraban a un nuevo periodo de zafra para reunir con qué hacer la batalla definitiva, y sin embargo un juramento surgió de todos los conjurados:  Si esta conspiración es descubierta, el primero al que intenten apresar, se levantará.

La madrugada del 9 al 10 de octubre Céspedes, en el patio de su ingenio La Demajagua, con apenas 37 hombres, a la vista del Golfo de Guacanayabo y contemplando en el horizonte la sierra magnífica, se dirigió a aquellos compañeros suyos proclamando no solamente la necesidad de luchar y arrebatar las armas del adversario, único camino posible, sino lanzando un tizón encendido sobre una isla esclavista.  Sus propios esclavos serían libres y tendrían el derecho a luchar por su libertad y por su patria.

El concepto de patria se había unido a la ambición por una nación y en una fecha venturosa tomaron la primera de las ciudades orientales. Esa primera ciudad fue Bayamo, que después entregaron a las llamas en el momento en que todo parecía perdido.  A las puertas de las casas de los conjurados o de los jóvenes más comprometidos llegaron los primeros guerrilleros solicitando pan y armas.  En San Luis uno tocó a la puerta de Marcos y de Mariana, la insigne Mariana —este año es el bicentenario de su nacimiento—. Poderosa madre de una nación que en ese momento pone a sus hijos de rodillas y les hace jurar, ante el Cristo que toma de la pared del aposento, que lucharán hasta morir por su patria, juramento que se cumplió para casi todos.

Años de lucha y de sacrificio.  Ninguna historia, ni española ni cubana, ha logrado hablar en toda su magnitud de lo que sufrió la familia, el niño, la mujer cubana, el campesino cubano.  Peleábamos contra un ejército aguerrido y batallador, que venía de vindicar sus querellas en la península, en las largas guerras carlistas y ahora, en Cuba, por decenas de miles enfrentaban el levantamiento de los cubanos.  Ya habían surgido entre nosotros guerrilleros temibles.  Ante el temor de la toma inexorable de Bayamo, esperó con un puñado de hombres escogidos, en un punto llamado las Ventas de Casanova, un guerrero dominicano acostumbrado a combatir en la guerra de restauración de su propia patria y contra el invasor extranjero; allí demostró que esa arma, usada hasta ahora para vindicaciones de honor o cortar caña, sería la más importante en la lucha.  Todavía se conserva en un museo en la península, una carabina cortada de un solo golpe por un machetazo fiero; tal fue el combate que duró segundos, que duró momentos, lo que permitió dar cuenta al enemigo de que había nacido un adversario, hijo de su sangre, que sería capaz de luchar por su libertad y alcanzarla.

Bayamo fue incendiada como una nueva Numancia y eso les anunció el futuro y el destino.  Ya en 1853, en una humilde casa de la calle Paula, hijo de español y de española, había nacido José Martí.  En ese mismo año muere el Padre Varela, en San Agustín de la Florida, y muere Domingo del Monte, en Bar­celona, dos poderosos pensadores se extinguen.  Pero más me interesa el primero; el segundo, hombre de gusto, literato, diseñador de vida social y pensador agudo.  El primero, revolucionario integral, que opta por la abolición de la esclavitud, por el reconocimiento de la independencia americana, que se convierte en defensor de los pobres, que publica su periódico y lo envía a Cuba.

Sus discípulos le lloraron, pero nadie sabía entonces que en la propia pila bautismal en que había sido bautizado José Julián, había sido también bautizado el Padre Varela.  Cuando desapareció uno, nació el otro.

Y ese joven llamado a un poderoso destino es el que hoy evocamos, al conmemorar la hazaña de la unidad de la nación que él hizo nacer de la desesperación por el fracaso del magno esfuerzo después de tanto sacrificio; él, que leyó con amargura lo que ocurrió en los Mangos de Baraguá y escribió al General Antonio que tenía ante sí una de las páginas más hermosas de la historia de Cuba; él, que sintió como propio el honor de todo el pueblo y las lágrimas de ese pueblo; él, que sufrió las reconvenciones en su hogar; él, que llegó a tener una relación tan intensa y profunda con un padre, que siendo soldado y español, alcanzó a entender, al verlo herido y llagado, prisionero y enflaquecido, que su destino era otro, quizás diseñado en su hermoso poema Abdala, cuando presenta el duelo entre el yugo y la estrella y pide lo uno y lo otro, y está convencido, como afirma, de que esa estrella ilumina y mata.

Exilio, Centroamérica, la América del Sur, los cubanos dispersos, las acusaciones recíprocas, finalmente España, los Estados Unidos. Allí vivió 14 años, y fue, como han afirmado sus cronistas, el cubano que más entendió en su tiempo aquella nación. Admiró las virtudes de Emerson, las del padre Flanagan. Admiró la obra colosal de la construcción del puente de Brooklyn. Asistió puntualmente a las conferencias de Oscar Wilde, a las exposiciones de teatro; enamorose candorosamente de la hermosa bailarina española Charito Otero. Pero más que todo, se dio cuenta del gran fenómeno que en aquella nación se forjaba y que, como había afirmado Bolívar en un momento de extraordinaria lucidez, parece llamada por la providencia a colmar a la América Latina de pobreza y miseria en nombre de la libertad.  Se dio cuenta de que si en 1868 nada pudieron esperar, de que, a pesar de que allí siempre existieron, existen y existirán amigos poderosos de Cuba, hubo una dicotomía entre el sentimiento de los amigos y la voluntad de un Estado que siempre quiso de una manera manifiesta impedir la realización de una independencia que creyó inoportuna. Creyó más bien en el cumplimiento de una doctrina trazada por uno de sus políticos, que planteaba que solamente extendiendo la mano en el momento de la madurez de la fruta, esta caería sencillamente en sus palmas.

No obstante todo ello, pasó de ser el orador de última fila, al primero. Cada acto del 10 de Octubre, cada conmemoración cubana, el horroroso recuerdo del 27 de Noviembre, terrible suceso que le sorprendió en España, vuelve todos los años a llevar al orador a la tribuna y a unir lo que estaba desunido.  Y de mil octavillas surgió un periódico, Patria, y de mil discursos surgió una orientación política, y de mil disposiciones y pequeñas organizaciones soñó con la creación de un partido político para dirigir una guerra de liberación nacional, anticipándose al concepto de que es imposible hacer una revolución sin una teoría revolucionaria.  Su teoría no era otra que nuestra historia, nuestro sacrificio, nuestro esfuerzo. Éramos una nación en ciernes, de derecho, pero no de hecho.

Llamado a poner empatía en la discordia, unió a Gómez y a Maceo. Es inocultable que después del fracaso de 1884 y del encontronazo de Nueva York, ya no había posibilidad de una amistad fecunda para iniciar un nuevo proceso.  Hoy diríamos:  no hay condiciones objetivas.  Sin embargo, Maceo, en Costa Rica, preparaba a su contingente. Preparaba Gómez, en la soledad de Montecristi, en República Do­minicana, o cuando antes se encontraron en la construcción del canal de Panamá amigos dispuestos a ayudar, a dar amparo, a ofrecer techo y pan a los emigrados que por todas partes soñaban y querían su patria. Y de esa forma surgió la organización un 10 de abril, que es un día crítico en la historia de Cuba, el día de la gloriosa Asamblea Constituyente de Guáimaro, donde nació la utopía democrática del pueblo cubano; pero donde también se le puso plomo a las alas de la revolución, donde se pensó que era posible hacer una república de leyes cuando no éramos dueños más que del espacio que pisaban los campamentos y los caballos de los libertadores. En medio de esa realidad, un 10 de abril hace nacer su creación más completa: el partido político, un partido unitario que convocaría al pueblo cubano a una guerra que él consideró inevitable y, después, necesaria.

Inevitable, porque en sus sentimientos nobles, generosos, en su íntima y profunda convicción él había reclamado en su famoso Manifiesto a la República Española, que no le pediría lo imposible, pero le pedía lo posible:  los derechos conculcados de Cuba, la representación de Cuba, el derecho de estudiar, de interpretar, de conocer que éramos diferentes.  Nada de esto fue escuchado, solamente muchos solidarios en España y en otras partes del mundo creían en la causa de Cuba.

Ahora todo sería más difícil: había un alto desarrollo de la tecnología militar, una situación nueva en el continente americano, las repúblicas sufrían los padecimientos de sus propias divisiones cuando habían dejado intactos trono y altar después del esfuerzo inmenso de la primera batalla.

Recordaban aún las dolorosas palabras de Bolívar en Santa Marta: “He arado en el mar”; la tristeza de San Martín al regresar y encontrar su país dividido; la pena de O’Higgins al morir en Lima, apartado de su tierra amada; el dolor tremendo de Francisco de Morazán al verse capturado y ejecutado por sus propios compañeros, y aún pesaba aquella maldición casi bíblica que había lanzado Miranda, cuando el gran precursor al ser entregado prisionero a las puertas de una nave española, que lo llevará a una prisión perpetua y definitiva, al reconocer los que cometen aquel parricidio, responde:  “Bochinche y solo bochinche es lo que saben hacer ustedes”.

Por sobre toda esa historia se levantó Martí, era  vasta y grande su cultura como ha señalado uno de sus biógrafos, subía y bajaba escaleras como quien no tenía pulmones, su voz era clara y nítida, su poder de convencimiento grande. Era, al mismo tiempo, un escritor incansable, cuya hermosa letra inicial se ha­bía transformado prácticamente en líneas inteligibles solo para los paleógrafos.  Faltaba tiempo, le faltaba tiempo.

Cuando todo estuvo preparado y dispuesto, cuando creyó que todo estaba organizado, cuando había logrado visitar a Mariana Grajales en Jamaica, que ya ciega le acaricia la cabeza y prácticamente con este gesto noble y de rodillas envía un abrazo fraterno al hijo que tanto amaba, a la madre que nunca pudo ver su patria libre; cuando ya separado de todo bien personal, lejos su esposa, apartado de su hijo, muerto su padre, dispersos sus amigos, se le vio pobre en Estados Unidos, trabajando en el invierno ganando el pan, fundando la Liga para educar a los negros cubanos, que bajo la orientación de Rafael Serra se reunían y le llamaban, con cariño y con devoción, Maestro y Apóstol. ¡Qué torpeza tratar de despojarlo de un título tan importante, Apóstol:  el que lleva la palabra, el que trasmite un mensaje nuevo y ese fue su mensaje!

Cuando en el puerto de Fernandina se perdieron las naves creyó enloquecer, pero transformándose de José Martí en Orestes, que fue siempre el seudónimo de sus escritos y su seudónimo político, viajó de inmediato a la República Dominicana para buscar al general Gómez en Montecristi, en aquella casa donde en breves días, el 25 de marzo, se cumplirán también 120 años de la firma del poderoso Manifiesto llamando a las armas al pueblo cubano, a los españoles que nada debían de temer si respetaban la patria que había de fundarse.  Hubo discordias, no se lograba entender qué estaba ocurriendo.  Hoy es fácil para nosotros hacerlo a través de un teléfono, de un mensaje; entonces solamente era el telégrafo con su lenguaje críptico el que anunciaba que la hora había llegado.

Maceo había estado años antes en Cuba y conocía el estado político del país, y en este momento, vacilaba en poder salir hacia Cuba, porque no sabía qué estaba pasando en Estados Unidos y el dinero que se ofrecía para fletar una nave y llegar sanos y salvos no aparecía.

Gómez estaba igualmente pobre en Santo Do­mingo, apenas unos centavos para poder tomar esa determinación, y otros patriotas esperando en distintos lugares, y en Cuba mucha gente avisada en Oriente, en el Occidente, en Matanzas.  De pronto el General dio la orden: “Es necesario el alzamiento”, y Martí no vaciló en enviar el telegrama, que su amigo recoge en la estación de la Western Union en la calle Obispo, en La Habana Vieja: “Giros agotados”, lo cual significaba que se había agotado el tiempo. Era la noche del 24 de febrero; el Capitán General tenía la convicción y las informaciones de que se tramaba realmente un movimiento.

Algunos dirigentes fueron capturados en La Ha­bana. Juan Gualberto Gómez, comprometido con su hermano y amigo José Martí, se fue a Matanzas, a Ibarra, en busca del ingenio Vellocino de Oro donde había nacido, para levantarse con un grupo de compañeros y cumplir su palabra.

En Santiago, Guillermo Moncada quiso morir cumpliendo su palabra, enfermo de tisis, pero en el campo de Cuba libre.
En Baire se levantaron, y en Bayate se alzó también Bartolomé Masó, y todo el mundo esperaba solamente la llegada de los líderes. Allá en España la conmoción fue grande, se había desmentido la propaganda autonomista, se había desmentido la propaganda anticubana de que todos eran sueños disparatados de un profeta enloquecido. Ahora solamente faltaba el arribo.

En admirable disciplina y en presencia de los generales y oficiales que estaban en Costa Rica, juraron Antonio y Flor aceptar las condiciones de viajar en las que el segundo le planteaba al primero, y así salieron hasta tomar la goleta Honor y arribar el 1ro. de abril a las costas de Cuba, en un punto del litoral baracoano: “Soy yo, Antonio Maceo, que he vuelto”, gritó en lo alto del camino, mientras fogoneaba con su arma a los guerrilleros de Baracoa. El 11 de abril, día glorioso y memorable, en Playitas de Cajobabo desembarcaban Máximo Gómez y José Martí.

Hace 20 años el Jefe de la Revolución me pidió contar esta historia. Con profunda emoción y como se sube a encender la llama en lo alto del cenotafio donde están los restos de los caídos, traté de cumplir mi deber. Confieso que ha sido un gran honor aquel y este que usted, General Presidente, hoy me ha conferido.

Pero algo más debo decir:  El hecho importante y trascendental es que entonces concluí mis palabras clamando porque se levantaran de las tumbas los muertos gloriosos del 10 de Octubre y del 24 de Febrero; clamé por los mártires, por las heroínas, por las cubanas que bordaron banderas pidiéndoles atravesarnos en el camino de un enemigo y adversario implacable que, todo parecía indicar, venía esta vez a cercenar de forma definitiva, jugando con los azares de la historia, el destino de Cuba; pero no fue posible.

Hoy, 20 años después, estamos aquí de pie, en una coyuntura diferente.  Nos hemos presentado con hidalguía bajo los mismos mangos orientales, para enfrentarnos con el caballeroso adversario que ofrece al menos detener por un tiempo la mano agresora y darnos la oportunidad de discutir lo que lógicamente será necesario debatir bastante.

Ahora más que nunca hace falta la unidad de la nación, ahora más que nunca la prenda más preciosa debe ser conservada.  La fortaleza que nos ha permitido llegar hasta aquí fue aquella que vi esa otra noche de abril en Playitas de Cajobabo cuando, convocados por el líder de la Revolución, llegamos a aquella hora oscura de la noche a la orilla de la playa.  Él llevaba la bandera cubana en el asta que le trajo uno de sus ayudantes, y entonces, entrando en el agua a la altura prácticamente del tobillo, se abrió de pronto en el cielo la luna blanca y movió la bandera de Cuba hacia el Sur, hacia el Norte, hacia el Este y hacia el Oeste, diciendo: ¡Aquí estamos!

Y aquí estamos hoy, ¡oh, patria amada!, ¡oh, bandera dulce, por la cual tantos lucharon! No importa que tú, Maestro generoso, te hayas ido tan pronto, aquel 19 de mayo, tuviste una profunda convicción, convicción profunda: “Yo sé desaparecer, pero mis ideas prevalecerán”.

Y esas ideas han prevalecido. Fueron las ideas que se defendieron en el proceso histórico del Moncada.  Fueron las que conquistaron a los muchachos que se reunían en la calle de Prado para escuchar la voz de aquel joven que había irrumpido en la universidad como un torbellino, y de quien me dijo una de sus hermanas: un día volvió a la casa y papá ya lo sabía:  “Vienes a buscar al chiquito”. El chiquito está aquí con nosotros, y el grande está con nosotros todavía.

¡Viva Cuba! (Ovación)

Abel Prieto: “Los norteamericanos sólo podrían enriquecerse con un intercambio fructuoso con los cubanos”

Abel Prieto

Abel Prieto

Abel Prieto es Asesor especial del Presidente Raúl Castro. Autor de varias novelas, entre las que se destaca “El vuelo del gato” y “Viajes de Miguel Luna”.

Nacido en 1950 en Pinar del Río, en la provincia occidental de Cuba, Abel Prieto Jiménez es una personalidad reconocida de la cultura cubana. Tras estudios en Letras Hispánicas en la Universidad de La Habana, fue profesor de literatura varios años.

Apreciado por su talento y su don de gentes, ocupa el cargo de director de la editorial Letras Cubanas. Abel Prieto consigue rápidamente la unanimidad entre los intelectuales y artistas cubanos. En 1988, fue elegido a la cabeza de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), convirtiéndose en uno de los presidentes más jóvenes de la historia de la institución.

Durante una reunión con Fidel Castro a mediados de los años 1990, Abel Prieto hace partícipe de sus divergencias y afirma su punto de vista. Algunos pensaron que su carrera estaría irremediablemente afectada. No fue el caso. Al contrario, unas semanas después, el presidente cubano decide nombrarlo ministro de Cultura en 1997, cargo que ocuparía hasta 2012.

Su excepcional longevidad en el ministerio de Cultura se explica por su espíritu de apertura y su capacidad para federar al mundo intelectual y artístico cubano en torno a la política cultural del país. En efecto, durante su mandato, Abel Prieto siempre rechazó el sectarismo y privilegió el debate de ideas, lo que le valió el reconocimiento y la admiración del mundo de la cultura que aprecia, además de su profesionalidad, sus profundas cualidades humanas.

En marzo de 2012, tras quince años de buenos y leales servicios, Abel Prieto deja el Ministerio de Cultura para ser asesor especial del Presidente Raúl Castro, consagrando así una brillante carrera. Por otra parte, ocupa también un cargo de diputado de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Abel Prieto también es conocido en Cuba por su gran colección de chistes y anécdotas populares. Se dice que durante las reuniones oficiales, los miembros del Gobierno se empujan para sentarse a su lado, con el fin de disfrutar de su talento de cuentista y pasar un momento agradable.

Estudioso del escritor José Lezama Lima, Abel Prieto es también autor de varias novelas, entre las cuales están *El vuelo del gato y *Viajes de Miguel Luna.

En este diálogo, Abel Prieto evoca el impacto de las sanciones económicas en el campo de la cultura, el acercamiento con Estados Unidos, los desafíos de Cuba hoy y sus relaciones con Fidel Castro.

Abel Prieto, usted fue ministro de Cultura durante quince años. Hoy es asesor del presidente Raúl Castro en el campo de la cultura. ¿En qué consiste su papel?

Mi tarea consiste en promover la cultura cubana y asegurar que las instituciones culturales cubanas promuevan los mejores talentos de nuestro país. Mi trabajo consiste también en vincular la cultura y el pueblo, desarrollar las relaciones culturales a nivel internacional y defender la política cultural de la Revolución.
La política estadounidense hacia Cuba, particularmente las sanciones económicas, tiene un impacto en la cultura cubana. ¿Cuál es su punto de vista al respecto?

El impacto económico es evidente. El Presidente Barack Obama permite intercambios culturales pero se trata de intercambios no comerciales. Muchos artistas, como los Van Van, Carlos Varela, la Escuela Nacional de Ballet, Silvio Rodríguez, realizaron giras en Estados Unidos, pero no han podido recibir ni un centavo por sus actividades.

El mayor mercado del mundo para las artes es el mercado estadounidense. Nuestros artistas, escritores, intelectuales no tiene acceso a ello. A nuestras editoriales, nuestras galerías artísticas y nuestras empresas culturales se les prohíbe la entrada en Estados Unidos.

El pueblo americano pierde una gran posibilidad de enriquecerse con el contacto de nuestro pueblo, a causa de una política irracional, absurda e indefendible. Sucede lo mismo para el pueblo cubano, tan curioso intelectualmente, tan voraz desde un punto de vista cultural, quien se ve privado de un intercambio fecundo con su vecino del Norte.

Cuando tienen lugar estos intercambios en Cuba, como durante la visita de un artista estadounidense, los efectos son impresionantes. Recuerdo el Music Bridge que creamos hace unos años y muchos artistas americanos viajaron a Cuba para intercambiar con los artistas cubanos. Realizaron un disco juntos, un gran concierto que apreció mucho la población. Era algo muy hermoso pues las dos culturas son muy cercanas y se alimentan mutuamente desde hace décadas.

¿Está Cuba dispuesta a acercarse a Estados Unidos?

Cuba se beneficiaría mucho de un acercamiento con Estados Unidos. Es verdad que una avalancha de turistas americanos traería la cultura del consumismo, pero creo que los aspectos positivos superarían ampliamente los efectos negativos. Muchos ciudadanos americanos son muy curiosos de descubrir “la isla prohibida”, ya que es el único país del mundo que no tienen derecho a visitar. Recuerdo un encuentro con un importante cineasta en el cine Chaplin de La Habana y se asombró de ver la modernidad del lugar, la presencia de un Festival de Cine cada año, etc. Ello demuestra hasta qué punto la imagen de Cuba en la sociedad estadounidense no corresponde a la realidad. El mejor antídoto contra ello es desde luego el mensaje cultural, que tocará con todo su vigor y autenticidad al pueblo americano y destruirá los estereotipos.

¿Acaso no habría riesgos en ese acercamiento?

¿Sufriría nuestra identidad? Creo que disponemos de una ventaja. La identidad nacional cubana y la cultura nacional tienen un núcleo de resistencia muy fuerte y, al mismo tiempo, se nutren de aportes exteriores. Somos descendientes de colonos españoles. También somos el fruto de los esclavos de África y la herencia de este terrible genocidio. Tomos también el resultado de la inmigración china, polaca, etc. Cuba es una cultura mestiza capaz de absorberlo todo sin atentar contra su naturaleza profunda.

Entonces, no creo que perdiéramos nuestra identidad con una llegada masiva de turistas americanos. La cultura americana está muy presente en Cuba y nos llega a través del cine, la televisión, la música, y del medio millón de cubanoamericanos que nos visitan cada año. La cultura hegemónica asociada a la globalización nos está afectando y la respuesta es de orden educativo. Hay que consolidar entre nuestra juventud el amor por lo propio, sin caer en el chovinismo cultural. Somos muy orgullosos de lo que hemos realizado como nación, de las novedades que aportamos en términos culturales, pero siempre recordaremos esa famosa frase de José Martí: “Patria es humanidad”. No vemos nuestra realidad como el centro del mundo. Nuestra vocación es universalista, como nos lo enseñaron José Martí y Fidel Castro. Creo que en términos de valores, los americanos sólo podrían enriquecerse con un intercambio fructuoso con los cubanos.

Lo que nos perjudica es la situación actual que es perversa pues nos impide adquirir medicinas para los niños enfermos, con una autoridad que nos acosa constantemente, que persigue a los bancos que tienen relaciones comerciales con nosotros. Todo ello es de una gran crueldad.

¿Cuáles son los obstáculos para una plena normalización de las relaciones entre ambas naciones?

Creo que hay que remontarse al siglo XIX para entender la historia del diferendo que opone Cuba a Estados Unidos. John Quincy Adams elaboró la teoría de la “fruta madura”. Cuba debía gravitar en torno al orbita estadounidense. Para los estrategas del Norte, la isla pertenecía a su zona de influencia. José Martí lo denunció con vigor.

En 1959, Cuba consiguió su independencia y se ha vuelto una gran potencia moral que muestra al mundo que es posible enfrentar el imperialismo. Cuba es un ejemplo de soberanía para América Latina y el mundo. Cuba ha dado prueba de una gran tenacidad en la defensa de sus principios. Pienso que es lo que no nos perdona Estados Unidos. David ha podido resistir a Goliat. Aunque cambiáramos de modelo y adoptáramos el capitalismo salvaje que está destruyendo a la humanidad, no nos perdonarían esta afrenta. Estados Unidos sólo acepta la subordinación. No ha perdido la esperanza de hacer de Cuba una colonia. Fíjese que los pretextos para mantener la hostilidad contra Cuba cambian según las épocas.

En general, Estado Unidos da prueba de pragmatismo en su política exterior y es un rasgo de su idiosincrasia. Pero en el caso de Cuba, esta tradición clásica desaparece a favor de una actitud irracional. Estados Unidos sabe mostrarse grande en algunos aspectos. En cambio, en cuanto a su política contra Cuba, se muestra muy pequeño. Su actitud es realmente poco honorable, pues no se saca ninguna gloria en asediar a un pueblo que jamás ha agredido a Estados Unidos.

Unos dicen que las autoridades cubanas usan las sanciones económicas como excusa para explicar el fracaso del sistema.

¿Por qué entonces no nos quitan esa excusa? ¿Acaso no sería más didáctico hacer eso? ¿Por qué no quitarnos ese pretexto para mostrarle al mundo que nuestro modelo de sociedad es ineficiente?

Ello no quiere decir que no hayamos cometido errores. Esta Revolución la han edificado hombres y mujeres y no es obra divina. Es por definición imperfecta.

A pesar del peso de la historia, ¿está Cuba dispuesta a abrir los brazos a Estados Unidos?

Nuestro presidente Raúl Castro ha afirmado varias veces que estamos dispuestos a dialogar de igual a igual, sobre todos los temas posibles e imaginables, sin atentado a nuestros principios, a nuestra dignidad ni a nuestros derechos. Aceptaremos siempre el diálogo respetuoso entre dos países soberanos.

¿Cuál sería el beneficio para Estados Unidos en caso de cambio de política?

Desde un punto de vista económico, la industria turística estadounidense sería la principal beneficiaria de una normalización de las relaciones entre nuestros dos países. En términos de imagen, ello tendría un impacto muy positivo para Estados Unidos, que saldría de su aislamiento. Para los ciudadanos de Estados Unidos, recuperarían su derecho a viajar a Cuba, a comerciar con la isla. Desde una perspectiva moral, todas las personas dignas que viven en Estados Unidos, y son muchas, se enorgullecerían de un cambio de política hacia Cuba.

¿Cuáles son los desafíos para la Cuba de hoy?

Estamos librando una gran batalla contra la burocracia, que es una plaga para nuestro país y que nos ha causado un daño incalculable. Ello concierne desde luego al campo de la cultura. Veo todos los días cómo esa burocracia, devoradora de energía y recursos, despilfarra los fondos, sin ninguna relación con los procesos culturales. Debemos construir un socialismo más eficiente, más fluido, menos sectario, más audaz, más revolucionario.

Hemos abierto nuestra economía a la empresa privada. En el sector cultural ya existía el trabajo por cuenta propia con los artistas plásticos, que generan patrimonio con sus obras y refuerzan el tejido espiritual de nuestra nación. Tenemos muchos artistas que no son empleados del Estado y no se han convertido en conservadores o reaccionarios. Existe cierto marxismo vulgar, que llegó con los manuales soviéticos, que asocia el trabajo privado a la reacción y que lo cataloga como enemigo del pueblo. En realidad, sucede lo contrario pues el pequeño negocio y la cooperativa refuerzan el socialismo.

Del mismo modo, nuestro Partido Comunista debe abrirse más a la diversidad, al análisis crítico, a la discrepancia y al debate. Debe ser menos dogmático.

Nuestro camino es auténticamente cubano e implica a toda la población. Pero no pretendemos ser un modelo.

¿Cuál sería su mensaje para el pueblo de Estados Unidos?

Hay muchas personas dignas y honestas en Estados Unidos, poco importa la tendencia política. Les pediría más solidaridad lúcida con Cuba para poner término a una política cruel, anacrónica e irracional. Estoy convencido de que muchos americanos se oponen al bloqueo. Quisiera también que el pueblo americano estuviera mejor informado sobre nuestro país pues hay tantas mentiras que circulan sobre Cuba. Estamos asediados económicamente pero también desde un punto de vista mediático. El pueblo cubano y el pueblo americano deben andar juntos en el camino del porvenir.

¿Qué representa Fidel Castro para usted?

Tenía ocho años cuando triunfó la Revolución. Mi padre fue miembro del Movimiento 26 de Julio, discípulo de José Martí y gran admirador de Fidel Castro. Recuerdo los largos discursos de Fidel Castro por televisión. No entendía mucho, pues era muy joven, pero era alguien que cautivaba a la gente.

Recuerdo a Fidel durante la crisis de los misiles y la valentía de la gente. Corríamos el riesgo de ser barridos de la faz de la tierra, pero no había pánico entre la población.

Cuando estaba en la Universidad, lo vi varias veces. Lo conocí personalmente en Casa de las Américas en los años 1970. Había un taller sobre jóvenes escritores y me lo presentó Roberto Fernández Retamar. Recuerdo que Fidel bromeó con Gabriel García Márquez, que estaba con él, y le preguntó: ¿Tú crees que uno de ellos será Premio Nobel algún día?”]

Cuando integré la Unión de Escritores y Artistas de Cuba como presidente, tuve el privilegio excepcional, durante un congreso, de encontrarme con Fidel. Recuerdo que un amigo me había dicho que Fidel nunca se interesaba superficialmente por las cosas y que hacía muchas preguntas. Entonces me preparé y reuní muchos datos sobre los miembros de la UNEAC, por provincias, el número de mujeres, el abanico generacional, etc. Los aprendí de memoria. Al día siguiente, llegué a la reunión con los nervios en punta. Recuerdo su primera pregunta, pues no tenía la respuesta: “¿Cuántos metros cuadrados tiene el patio de la sede de la UNEAC?”. Mi secretario me dio una cifra, evidentemente falsa, y Fidel se echó a reír. Creo que tengo el récord nacional en equivocarme con Fidel, pues siempre le doy datos errados.

Ha sido un gran privilegio, pues encontré a un hombre que tenía una gran visión estratégica con una pasión por el detalle. Es capaz de sintetizar el futuro de la humanidad y al mismo tiempo, evaluar con gran precisión cada detalle.

¿Cuál es la importancia de Fidel Castro para la cultura cubana?

Fidel es un brillante intelectual, un inmenso lector. Retamar me dijo un día que Fidel no leía a José Martí sino que lo respiraba. Hay una gran articulación entre Martí y Fidel, aunque son de dos épocas distintas.

Recuerdo que en 1994, en pleno Periodo Especial, con una crisis económica gravísima, Fidel se reunió con nosotros en la UNEAC y dijo: “Lo primero que hay que salvar es la cultura”. Tenías seis horas de electricidad al día. Fue un momento muy amargo, una época muy difícil desde un punto de vista material. Pero la prioridad era la cultura.

Fidel trazó una política cultural muy distinta del “realismo socialista” de Europa del Este, muy abierta, muy unitaria, con una implicación constante de los artistas de todas las generaciones y de todas las tendencia. Esta política cultural nos salvó pues nuestros enemigos nunca han podido contar con una quinta columna en la intelectualidad cubana. Jamás hubo una oposición intelectual en Cuba a sueldo de Estados Unidos. El pensamiento de Fidel nos ha permitido concebir una política cultura alejada de los dogmas, de las exclusiones, una política cultural de vanguardia. Fidel siempre se alió a la vanguardia intelectual de nuestro país, a la vanguardia artística de nuestra nación. También hizo que esa vanguardia trabajara a favor de la inclusión del pueblo en la cultura. No se trataba de una alianza elitista, sino de una alianza integradora. Para Fidel, la cultura es esencial para transformar a la gente, para la emancipación humana. Fidel decía mucho lo siguiente: “Sin cultura, no hay libertad posible”.

Texto tomado del blog: https://montesinos2010blog.wordpress.com

**Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba, the Media, and the Challenge of Impartiality, New York, Monthly Review Press, 2014, con un prólogo de Eduardo Galeano.

Las encrucijadas del arte y la política

Consejo Nacional de las Artes Plásticas

Consejo Nacional de las Artes Plásticas

Por: JORGE FERNÁNDEZ TORRES

Son muchos los debates que se establecen desde la contemporaneidad sobre la función social del arte en el momento actual, y dentro de ello la relación que puede existir entre arte y política. En esta encrucijada se mueve la propuesta de performance Yo Exijo de la artista cubana Tania Bruguera, continuidad de lo presentado durante la Décima Bienal de La Habana en el 2009 en el Centro Wifredo Lam y titulado El Susurro de Tatlin, en que el público, durante un minuto, opinaba tanto sobre cuestiones que se referían a aspectos internos de la propia Bienal, como de situaciones que involucraban a la macro sociedad en su conjunto.

Un elemento a destacar en ese entonces, fue la intervención de la bloguera Yoani Sánchez, una de las más activas opositoras al Gobierno Cubano, quien ha recibido cuantiosas sumas de dinero por mantener su estatus de disidente y que llegó a justificar en entrevistas públicas la guerra de Georges W. Bush contra Iraq. Aun cuando la obra de Tania Bruguera suscitara una gran polémica, se desarrolló hasta el final y no fue interrumpida. La tolerancia distinguió el curso de esa acción.

En esta ocasión Tania pretende realizar un performance que ya fue hecho en Cuba como hemos referido, y que en otros países donde ha ocurrido no ha tenido una segunda edición. En los procesos que suceden en la actualidad, donde las fronteras entre el arte y la vida son borrosas, no nos podemos desgastar en las bizantinas discusiones de que si esto o aquello es arte o no. Pienso que lo que está en juego es el sentido que tenemos de la ética.

Entre otras cosas, Cuba ha podido negociar con los Estados Unidos por haber preservado un país sin cometer crímenes y haber respetado los derechos elementales del ciudadano de a pie. Para nadie es un secreto la cantidad de imágenes de violencia dura de personas agredidas y asesinadas en el mundo entero por manifestarse pacíficamente. Si eso hubiera sucedido en este país, estoy seguro que íbamos estar en la agenda del Consejo Seguridad de la ONU. Nuestra estabilidad, a pesar de haber atravesado por situaciones complejas, es lo que nos ha hecho llegar hasta aquí.

Nosotros hemos tratado de no agotar el diálogo con Tania Bruguera y sigo pensando que es una gran artista y que tiene un lugar merecido en las colecciones del Museo de Bellas Artes de Cuba. En recientes conversaciones con ella, nos ha hecho saber su desvelo porque el modelo del capitalismo más brutal no se apodere de Cuba. Sin embargo, le hemos expresado también nuestras preocupaciones porque se puedan ver involucrados en sus proyectos personas de una llamada oposición que enuncian las tendencias más fundamentalistas en la relación con el futuro de la Isla.

Considero que en nombre del arte y en la búsqueda de una concertación nacional no se puede generar una plataforma que pueda destruir el sustento ético y moral de una nación. Este es un país que ha tenido que sufrir muchas tensiones para defenderse y que entendió muy bien aquella máxima del escritor cubano José Lezama Lima cuando decía que son tiempos de salvación y que su signo era una fogosa resistencia.

No es momento de estimular acciones que puedan derivar en la violencia, sino de encontrar la paz y el entendimiento. Esto no quiere decir que no se creen mecanismos para abrir un debate permanente con la participación de todos los cubanos y cubanas sobre cómo transformar nuestra realidad con nuevas ideas.

En tiempos donde muchas personas celebran la normalización de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos y donde en los barrios se derramaron lágrimas por la liberación de los tres cubanos encarcelados, no corresponde incitar a un debate del que pueda emanar una confrontación dañina a los retos por venir. Pensar que con micrófonos abiertos en la Plaza de la Revolución –desde una aparente convocatoria a la diversidad– vamos a resolver nuestros conflictos y diferencias, es un error. Con ello lo único que se lograría es potenciar tensiones y odio. Abriríamos las puertas a acciones indeseables, expresión de las frustraciones de aquellos que sienten que el negocio del que han vivido llega a su fin con las alocuciones de los Presidentes Raúl Castro y Barack Obama; y podría ralentizar un proceso de acercamiento que solo comienza.

Cuando uno revisita la Historia del Arte, la Historia de las Revoluciones y la Historia de la Política, los intentos del arte en el epicentro de la política solo han logrado intervenir pequeños espacios, no por ello menos trascendentes. Pero en estas confrontaciones siempre sobrevive el arte como gesto; aunque muchas veces se piense lo contrario.

Trabajar el espacio público conlleva el reconocimiento de regulaciones y el ejercicio de negociaciones. En ningún lugar del mundo se entrega irresponsablemente. Tania no puede pedir que Cuba haga algo que no puede hacer en otro país.

Tomado de http://www.cnap.cult.cu/

Cuba: Silvio Rodríguez denuncia trabas burocráticas

 

Silvio Rodríguez

Silvio Rodríguez

Por Iroel Sánchez

Silvio Rodríguez ha publicado en su blog Segunda cita un estremecedor llamado que duele y como él dice, averguenza, el corazón de un revolucionario.

Denuncia Silvio que razones burocráticas ponen el peligro el funcionamiento de los Estudios Abdala, un proyecto que él y Fidel impulsaron para dotar a Cuba de la más avanzada tecnología en materia de grabaciones musicales y que implicó además el aporte de Chucho Valdés e Irakere, Luis Eduardo Aute, Chico Buarque D’Hollanda, Fito Páez y el Grupo Diákara. 

Antes de reproducir aquí lo escrito por el autor de Ojalá, como los malinformadores de siempre ya están mintiendo, poniéndolo como propietario de unos estudios que contribuyó a construir altruistamente con los ingresos de su trabajo pero de los que no es dueño, y enfrentando a Silvio, no a la indolencia atrincherada en la insensibilidad de los burócratas, sino al gobierno cubano, quiero dar testimonio de su afán colaborativo y desinteresado con las instituciones en bien de su pueblo y la cultura de su país.

Trabajando yo en el Insituto Cubano del Libro (ICL), recibí una solicitud de Silvio para sostener una reunión de trabajo en la sede del ICL. Minutos antes de la hora acordada se desató un temporal que inundó buena parte de La Habana, Silvio llamó desde el vehículo para decir que estaba en la Avenida del Puerto, a unos cien metros del Palacio del Segundo Cabo, sede entonces del ICL, y acordamos esperaría a que escampara. 

Pero al poco rato apareció absolutamente empapado, al extremo que hubo que facilitarle un pulóver para que se cambiara. Traía protegido bajo la ropa un bellísimo libro de boleros que le habían regalado en República Dominicana con la idea de hacer un proyecto similar en Cuba. En la conversación Silvio fue entusiasmándose y el libro creció y creció alimentado por su bondad hasta transformarse en una compilación de la canción en Cuba para la que aportó los nombres del editor, el diseñador y los investigadores para redactar los capítulos correspondientes a los distintos períodos. Planteó que Ojalá -o sea, él- financiaría la impresión de lujo que requería el libro y pagaría el trabajo editorial y el de los investigadores, lo coeditaría junto con una editorial del ICL y se entregarían ejemplares para cada biblioteca pública y escuela de música del país.

Yo, abrumado, le pregunté: “Silvio, tú tienes los recursos financieros para hacer el libro, tienes la idea, Ojalá tiene un sello editorial y nadie posee mayor poder de convocatoria para atraer a las personas que deben participar, ¿para qué vienes a verme?”, y el respondió como una flecha: “Porque yo quiero hacerlo con la institución”. 

Tiempo después, a raíz de uno de los conciertos que hace por los barrios más humildes de Cuba, lo volví a ver empapado, cantando para el pueblo, y le recordé aquella ocasión. Él me habló con el mismo entusiasmo:  “No vas a creer cuando veas como está quedando el libro…” 

Creo muchos debemos aprender de su voluntad de hacer y aportar a cambio de nada, la misma que le lleva de barrio en barrio, ilumina lecturas siempre inquietantes desdeSegunda cita y lo hace irritarse cuando las cosas no marchan como debe ser.  Y por eso, merece ser difundido, escuchado y atendido con el máximo de los respetos. 

Abdala de nuevo sin corriente 

Los estudios Abdala en estos momentos están sin electricidad. Segunda vez en unos pocos meses.

La Empresa Eléctrica ha decidido suspenderle el servicio por falta de pago.

Abdala no puede pagar porque desde hace ocho meses está en proceso de traslado al Ministerio de Cultura, trámite que no acaba de concretarse por razones ignotas.

Hace unos días un viceministro de cultura dijo que no puede pagar la deuda eléctrica de Abdala porque las empresas deben pagar sus propias deudas.

Los estudios estaban funcionando y han tenido que parar. A partir del próximo lunes hay contratos para servicios que pueden reportarle a nuestro país unos cuantos miles. Abdala no podrá aportarlos por esta situación. Tampoco podrá pagar sus deudas y, por supuesto, seguirá deteriorándose como empresa.

Parece “un plan del enemigo”, pero no es la CIA.

Abdala, que fue un proyecto aprobado y supervisado por el Comandante en Jefe Fidel Castro, agoniza con la complacencia de muchos funcionarios que conocen su situación y no hacen nada.

Algunos de estos funcionarios de Cultura nunca perdonaron la existencia de Abdala. En vez de ver a estos estudios como un aporte a la Cultura, sintieron que se hacían para poner en evidencia su incompetencia. Los que piensan así no son músicos, y si alguno lo fue dejó de razonar como tal.

Llevo mucho tocando puertas que no se abren y hablando a oídos que no escuchan. No crean que no siento vergüenza de confesar esto públicamente. Pero más vergüenza me va a dar cuando vea los estudios en ruinas.

Comentario publicado en la misma entrada el 23 de agosto de 2014, 12:57: Últimas noticia sobre Abdala

 
La dirección de los Estudios ha tratado de ponerse en contacto reiteradamente con el encargado de la Oficina del Historiador, lugar al que Abdala pertenece todavía, pero no le responden.

Al menos dos viceministros de Cultura también han sido llamados por teléfono y tampoco contestan.

Abdala se encuentra funcionando con la planta eléctrica. Los 200 litros de combustible para echarla a andar los puso de su bolsillo el saxofonista César López (contribuyente original a Abdala, cuando estaba en Irakere).

En estos momentos Elíades Ochoa está ensayando para grabar el lunes con las personas que vienen del exterior (si la planta eléctrica aguanta).

( Tomado del blog La Pupila insomne ) 

Cuba: Nuevo Ministro de Cultura

El Consejo de Estado, a propuesta de su Presidente, acordó liberar por renovación del cargo de Ministro de Cultura al compañero Rafael Bernal Alemany y en su lugar promover al compañero Julián González Toledo, actual viceministro de ese organismo.

Julián González, nuevo Ministro de Cultura

Julián González, nuevo Ministro de Cultura

El compañero González Toledo, de 52 años de edad, es graduado universitario, ha transitado por diferentes responsabilidades desde la base hasta el Ministerio. Acumula más de 20 años de experiencia en el sector. Cursó satisfactoriamente el Diplomado de Administración Pública en la Escuela Superior de Cuadros del Estado y del Gobierno.

De igual forma se decidió promover a la compañera María Elena Salgado Cabrera como Viceministra Primera de este organismo.

La compañera Salgado Cabrera, también con nivel superior de educación y 24 años de experiencia laboral, ha desempeñado importantes responsabilidades dentro del Ministerio de Cultura.

Al compañero Rafael Bernal Alemany le serán asignadas otras tareas.

A %d blogueros les gusta esto: