Cuba: Aumenta el desinterés por los cines

Por: RANDY CABRERA DÍAZ, 

estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Estadísticas demuestran que el desinterés público por los cines de la localidad aumenta cada día. Pierde trascendencia social y cultural un espacio antes popular en todos los rincones del país.

Hoy los cines de barrio, aquellos que están fuera del Proyecto 23 del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica (ICAIC), no son una opción sugerente para el pueblo cubano. La disminución del número de espectadores así lo demuestra.

Estudios recientes del Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello, revelan que en las prácticas diarias y semanales de la población cubana no figura ir a este tipo de cine. Eso explica que el 54,6 por ciento no tenga contacto nunca con la pantalla grande.

Una encuesta efectuada por investigadores de este centro indica que solo un 9,3 por ciento de la población afirma haber visitado el cine o sala de videos una o dos veces al mes y un 17,7 por ciento señala haberlo hecho al menos una vez en el año. Estos datos demuestran un drástico cambio de la significación social de un espacio que antes convocó gran cantidad de masas a lo largo y ancho del país.

La investigación plantea que los cubanos (principalmente las nuevas generaciones) prefieren actividades generadoras de un mayor interés con menos molestia: la televisión, luego respaldada desde los años 80 por el video y el vertiginoso desarrollo de nuevas tecnologías como el DVD, la Internet y otras formas de comercialización audiovisual que hacen apetecible degustar de variadas propuestas cinematográficas desde la comodidad del hogar.

Actualmente, 18 de las 83 salas cinematográficas de la capital están cerradas a las puestas fílmicas debido al mal estado técnico y la falta de recursos de las instituciones responsables para llevar a cabo el remozamiento de las mismas, según la dirección del Centro Provincial del Cine de La Habana.

Algunas salas son utilizadas en actividades polivalentes de carácter cultural, iniciativa del Ministerio de Cultura para no dejar obsoletas las edificaciones, muchas de ellas otrora íconos arquitectónicos. Tal es el caso del Actualidades, primer cinematógrafo cubano, hoy bajo la dirección de la Empresa de Grabaciones y Reproducciones Musicales (EGREM).

Otros como el Récord, de Marianao, Central Cinema, de San Miguel del Padrón, y Los Pinos, de Arroyo Naranjo, no corrieron la misma suerte: están clausurados hace más de una década sin vinculación cultural o educativa, apunta Danilo Lerma, subdirector del Centro Provincial del Cine de La Habana.

El directivo reconoce que los 16 cines de municipios periféricos en funcionamiento no ofrecen propuestas que logren atraer al público residente en esas comunidades.

“Ya ni recuerdo la última vez que fui al Salón Rosa para ver una película, creo que estaba en la secundaria… Ahí no ponen nada bueno y cuando lo hacen, son filmes vistos por todos. ¿Para qué ir a ver cintas que puedo disfrutar más tranquilo en mi casa? Y en todo caso, si decidiera ir al cine, sería a uno del Vedado. Están mejores y hay más entretenimiento allá,” sostiene Liván Pérez, estudiante de Estomatología, quien reside en el municipio Cotorro.

Según Niuva Ávila Vargas, socióloga del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM), ir al cine de barrio no constituye una “salida”: “El ciudadano promedio cubano no considera los cines locales una alternativa viable, por prescindir de otras atracciones que pueden encontrarse en salas más céntricas como las del circuito de 23. Además, median factores como el estado técnico y material de las instalaciones, que casi nunca es el mejor.”
Para la especialista, es necesario tener en cuenta a los profesionales, quienes más asisten al cine, y en su mayoría trabajan. Por tal motivo, cuando dedican un tiempo para esta actividad, prefieren hacerlo apartado de la cotidianidad y disfrutar de sugerentes propuestas que no suelen encontrarse en la sala de video del barrio.

Marta Sánchez, taquillera del Rosa, manifiesta tener poco trabajo: “Aquí no viene nadie. Pasan semanas y no se vende una entrada. Ya no importa la cartelera, la gente no quiere venir al cine. Ni siquiera se interesan en revisar las propuestas que publicitamos con volantes, iniciativa del centro para captar la atención de la gente… No hay remedio.”

Este fenómeno no es nuevo. La situación surge a principios de la década de los 90, y tuvo su clímax durante el Período Especial cuando se agravó la destrucción de las salas municipales de cine y video. La posibilidad de rescatar antiguos entes de la cinematografía se hizo cada vez más lejana.

“Que hoy se prefieran las instalaciones del complejo de 23 no es casualidad. Son estas las de mejor acondicionamiento, y pluralidad de propuestas en la capital. También por ser céntricas mantienen un mayor flujo de espectadores. Asimismo son casas por excelencia de festivales como el francés y el holandés, aparte del Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Es decisión de los cinéfilos que deviene en ideología heredada”, advierte Benigno Iglesias, vicepresidente de Programación del Proyecto 23 del ICAIC.

Para la socióloga Ávila Vargas, el descenso del número de visitas a las salas cinematográficas ha empeorado desde comienzo del siglo XXI en parte por la irracional competencia entre los medios. “Los datos no mienten. El declive del 21,1 por ciento al 18,3 por ciento entre 1998 y 2009 lo aclara: las butacas seguirán vacías y la pantalla oscura.”

Cuba: ¡Yo soy un disidente más!

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En Cuba hay disidencia. Por lo que he podido aprender durante mis permanencias en Isla, cada ciudadano es dos veces disidente; disidente por dos razones fundamentales. En primer lugar, los cubanos, como tales, son inquietos e inconformes, eternamente insatisfechos y perennemente descontentos. El cubano tiene que quejarse, es su índole, le puedes amar o le puedes odiar, pero es así. Es su naturaleza, quizá por desgracia, quizá por suerte, quizá por ser la mezcla perfecta.
En segundo lugar, el cubano es revolucionario (en un sentido amplio y lleno de la palabra) y revolución es un sinónimo de gana de cambio. El revolucionario habla, critica, discrepa. El revolucionario, el verdadero revolucionario, es por lo tanto un eterno disidente. Nunca se conforma; siempre tiene que encontrar algo que decir, algo que corregir en lo que le rodea. Es por eso que el cubano es dos veces disidente.
En ese sentido, era disidente el padre de mi amiga cubana, que me hospedó durante mi primer viaje a Cuba, cuando me dijo: “muchacho, aquí las cosas están del carajo”.
Eran disidentes mis amigos en La Habana que se quejaban con vehemencia cuando algo no iba según sus planes (una guagua con retraso, una cola en una tienda). La exclamación fue la misma durante un mes: “¡Esto está de madre!”.
Así mismo es mi amiga Mildred, en cuyo blog, La Disidente, recientemente censurado, escribía: “desde mi óptica revolucionaria, voy a discrepar…Quiero discrepar porque soy una disidente distinta”.
Son seguramente disidentes los blogueros de La Joven Cuba, quienes -hace dos meses- organizaron una magnifica cita de los Blogueros Cubanos en Revolución, un encuentro de blogueros y blogueros de la Isla que discutieron problemas de todo tipo que afectan a los internautas cubanos; la escasez de tecnologías informáticas, el silencio del Gobierno y de la prensa cubana sobre el estado del cable de fibra óptica desde Venezuela, la diversidad de opiniones de las distintas individualidades que integran la nación cubana, entre otros, y que concluyó con esa declaración: Con un espíritu de integración basado siempre en el respeto a las diferencias e individualidades de cada participante, logramos complementarnos sin caer en facilismos, dogmas o esquemas preconcebidos. Nuestra mayor fortaleza es nuestra diversidad de miradas e intereses; somos un país”.
Esta es, sin duda alguna, la Cuba disidente, la Cuba más inconforme que se puede encontrar. Los que a mi me gusta llamar disidentes por Revolución, es decir, disidentes que quieren modificar, cambiar, aportar, mejorar, construir.
Pero, desafortunadamente, existe otro tipo de ‘disidencia’, la que representa a un porcentaje inferior al 1% de la población cubana y que, por su misma admisión, es destructora.
Es destructora la cubano-americana Gloria Estefan, un símbolo de la disidencia cubana y del ‘anticastrismo’, quien -en muchas de sus canciones- sueña con una Cuba libre y con regresar a su tierra adorada, la Cuba hermosa que dejó desde niña. Es decir, la Cuba tiránica de Batista, cuya esposa tenía como guardaespalda personal al padre de la misma cantante y que, temiendo ser juzgado junto a los otros verdugos de la tiranía, huyó a Miami.
Destructoras son, por ejemplo, las Damas de Blanco, cuyo improbable pensamiento político se sintetiza perfectamente en las palabras de su líder, la fallecida Laura Pollán, quién -al saber que el golpista y genocida hondureño Micheletti las apoyaba- declaró: “Bueno me parece de verdad algo realmente muy emocionante, ver como un hombre que fue capaz de sostener ese poder allí en Honduras, realmente es muy emocionante saber que él nos apoya, saber que él pide todos los días a Dios porque en Cuba se restablezca la democracia, porque no haya muertos, porque a Cuba llegue la paz, la felicidad, realmente me siento muy emocionada”.
Es destructora Yoani Sánchez, quien -en 2010- contestando al investigador francés Salim Lamrani acerca de los logros de la Revolución, declaró: “pero en 1959, aunque Cuba vivía en condiciones difíciles, la situación no era tan mala. Había una vida intelectual floreciente, un pensamiento político vivo. En realidad, la mayoría de los supuestos logros actuales que se presentan como resultados del sistema eran inherentes a nuestra idiosincrasia. Esos logros existían antes”.
La bloguera es destructora porque acaba de presenciar a un ‘Festivalclic’ y, hablando de libertades informáticas, se ha olvidado de recordar públicamente que hace unos días Google, aplicando la ley del bloqueo, impidió el acceso al servicio GoogleAnalyticsa los internautas cubanos.Eran obviamente destructores los llamados ‘expresos políticos de la primavera negra‘, quienes buscaban libetad y ahora se encuentran en España, desamparados y abandonados a sí mismos, y han vuelto a convertirse en disidentes.

Ejemplos conocidos. Claramente hay muchos otros, y entre esos muchos criminales. Pero, repito, se trata de una ínfima y aislada parte de una magnifica sociedad civil cubana que marcha hacia el futuro. Pero, parece que a la prensa internacional y -consiguientemente- a la opinión pública mundial de masa (susceptible a las influencias mediáticas) todo eso no importa. Ellos han establecido que estas personas deben ser los verdaderos disidentes cubanos, los que quieren destruir el sistema cubano. Todos los otros, la inmensa mayoría de la población cubana, es una masa informe, pasiva y apática, que no puede (y no debe) aceptar de vivir en un mundo alternativo que, por fin, podría representar (y de hecho representa) un ejemplo para “todos los hombres y mujeres honrados del mundo”.
Yo, personalmente, soy un constructor, soy crítico, soy revolucionario. Digo con voz alta que Cuba necesita cambios, sobre todo económicos y políticos, para mejorar su situación material y perfeccionar aun más su democracia. Digo que la prensa cubana debe despertar de este sueño apático, debe ser dinámica, curiosa y molestadora. Quiero saber por qué hay, y hasta cuando habrá, dos monedas; cuando se hará una verdadera reforma migratoria. Quiero que se siga luchando para eliminar definitivamente la corrupción. Quiero saber donde está el cable de fibra óptica y, en el caso, quiero conocer al tiburón hambriento que se lo comió.
No soy un dogmatico, nunca lo he sido y nunca lo seré. En pasado ha ocurrido que alguien -supuestamente revolucionario pero por supuesto no cubano- desde su presumida óptica extranjera me ha dicho que Cuba es perfecta, que es la sociedad más avanzada y que el cubano vive bien y que el que se queja, si no le gusta, que se vaya a vivir a Miami, y yo he discrepado y hasta he tenido que aceptar calificativos como ‘revisionista burgués’ o ‘derrotista’. Por fin, decidí alejarme de esas tristes y dañosas personas (que se definen ‘amigas de Cuba’), quedarme yo solo y acercarme a la disidencia cubana; por eso decidí sumarme virtualmente a esa ‘masa informe’; por eso puedo gritar con honor, sabiendo que esta vez se me respetará: “Yo discrepo. Yo critico ¡Yo soy un disidente más!”
Tomado del Blog Capitulo Cubano

Prensa cubana: caldosa de bits

Por Yohandry Fontana

CubaUna convocatoria circula por los buzones de correo electrónico donde el remitente alerta: “como usted puede ser, sin permiso de nadie, un medio en la red, ayúdenos a divulgar nuestro evento”.

Se trata de un reconocimiento implícito a las grandísimas posibilidades comunicativas de las que es portadora la Red de Redes y que, lamentablemente, no todos en nuestra Isla valoramos por igual.

Mientras se reciben exhortaciones como la que encabeza estas líneas, y mientras hay quienes dedican toda su potencial profesional a elaborar y difundir mensajes en la red; existen medios de prensa cubanos digitales que prácticamente se limitan a reproducir el contenido de la edición impresa, y solo actualizan una o dos veces al día.

Puede estar aconteciendo el más grande terremoto, puede haber fallecido una destacadísima personalidad, haberse estrellado un avión… que ellos ya actualizaron, y habrá que esperar al siguiente día.

Ah, pero más allá de nuestras fronteras, y aun en “el patio”, corresponsales de agencias de prensa, las ediciones digitales de los grandes – también de algunos pequeños- medios, continúan con su quehacer, y es por ellos que finalmente en Cuba puede uno enterarse de las noticias de último minuto.

Salvo Cubadebate y Cubasí, junto a otros contados ejemplos, no parecen existir muchos espacios digitales en Cuba que desde la institucionalidad se mantengan alertas y difundan paso a paso el acontecer nacional e internacional.

Las redacciones integradas siguen sin concretarse, es posible que apenas se entienda con claridad de qué se trata; algunos directivos sobre todo concentran esfuerzos en coberturas muy específicas como grandes acontecimientos nacionales.

Pero salvo esos casos, parece bastar con que “la redacción digital siga su marchita”, lo cual es sinónimo -no en todos los casos, subrayo-, de cortar y pegar noticias, casi siempre con más de doce o más horas de atraso.

En esta caldosa binaria, también está, aunque en minoría, la otra cara del mousepad: los medios donde se exige fuertemente a sus reporteros tributar para la web. Y en esos casos, los periodistas no se limitan para quejarse con otros colegas de cuán cansados están de tanta exigencia, “que, en definitiva, no va a ninguna parte y el salario es el mismo”.

Sin dudas, no llegará lejos si no parte del convencimiento de cada reportero sobre lo necesario e importante de tal labor. Pero si eso se desconoce o se subestima, si no es lo convenientemente estimulado, entonces nos quedaremos en la orilla, y seguirán siendo “los otros” quienes continúen sembrando sus matrices de opinión, sus enfoques manipulados.

El que da primero, da dos veces

El mundo marcha demasiado rápido. Aunque ese no sea nuestro caso en materia de acceso a nuevas tecnologías, incluyendo el nivel de penetración o conectividad,  quien primero difunda en la Red de Redes lo que acontece en la Isla, grande o pequeño, será quien marque la pauta. Hay que entenderlo.

Cuando aquel ciudadano de Barcelona, Nueva York,  Brasil o Argentina  lee en su celular, BlackBerry o  tablet que en Cuba la policía está atropellando los derechos de unas señoras  vestidas de blanco, esa y no otra es la información que asume y recuerda. Porque inmediatamente otros medios le informarán a continuación sobre las gafas para realidad aumentada que Google prepara; le hablarán, sabe dios cómo, de lo que acontece en Siria, o del último perfume estrenado por Madonna, y ese destinatario no irá a confirmar si lo que le dijeron de Cuba es o no cierto.

Poco impacto tendrá en él si cuatro días más tarde algún espacio televisivo nacional denuncia con sobradas pruebas tal falacia, o si largos artículos o editoriales se esmeran en revelar la verdad y las miserables intenciones que mueven esas conductas. Ya la (des)información se alojó en la silla turca del receptor y será muy, muy difícil suplantarla por otra verídica.

Y en esto último hay también que considerar el enorme engranaje montado, que incluye un también enorme respaldo financiero,  para validar las manipulaciones sobre la realidad cubana que difunden los emporios comunicativos. No olvidar que el que paga manda, también en las conciencias, o al menos, pretende hacerlo.

Pero si el batallar de las ideas en la red se entiende como consigna, repetida y no interiorizada, será difícil ganar terreno. El Tuitazo #DerechosdeCuba acontecido el jueves 22 y viernes 23 últimos, protagonizado por cubanos en esa red social, fue un éxito. Llegó a posicionar el tema entre los diez tópicos más destacados en ese espacio y encontró reflejo en nuestros medios de prensa, incluyendo la emisión estelar del Noticiero de la Televisión Cubana, pero fue silenciado por los monopolios comunicativos, con excepción de un par de cables aislados que apenas tuvieron repercusión en la Web.

Pero fue eso, un Tuitazo, un acontecimiento puntual, y ni siquiera respaldado por todos los que en esta Isla pudieron hacerlo por tener la tecnología a su alcance. Muy pocas veces los espacios digitales, salvo Cubadetabe y CubaSi,  que bien ganado se los tienen, son empleados como fuentes por el resto de la prensa cubana, y qué decir del uso que se da a los blogs o Twitter, que algunos consideran simples pasatiempos.

Sin embargo, el quehacer de la llamada gran prensa es bien diferente. Hoy, no hay uno de esos medios que baje la guardia en el constante monitoreo al que someten la Red de Redes, buscando potenciar lo que se aviene a sus intereses, casi nunca coincidente con los nuestros y sí muchas veces tirando en sentido contrario.

A tal panorama se agrega la transformación a ojos vista de la construcción de la noticia y de la agenda mediática, cuyo diseño a nivel global ya es imposible acometer o interpretar ignorando que cada habitante –y no son pocos en el mundo- con un teléfono móvil, un BlackBerry, una cámara digital o cualquier otro “tarequito”, es potencialmente un emisor de mensajes, una fuente.

Ello hay que asimilarlo sin olvidar que, simultáneamente, una cantidad no despreciable de medios impresos han decidido eliminar su edición de papel y concentrar fuerzas en la digital, luego de evaluar el poder de esta alternativa virtual, así como la carestía del papel y otros insumos, inmersos todos en la crisis que golpea al mundo del capital.

Tampoco es secreto que el acceso de los cubanos a Internet nos sitúa en desventaja. Mientras en una gran parte del planeta –incluyendo países con altos índices de pobreza- el dilema no es ya estar conectados, sino acceder a los servicios de la Red; en la Mayor de las Antillas ese sigue siendo un dilema, sin que, por cierto, en el panorama informativo se avizoren atisbos de beneficios del cable submarino Cuba-Venezuela.

Pero aunque la conectividad no es una fiesta, son muchas las alternativas que la población cubana encuentra para mantenerse al tanto del acontecer noticioso. Para ello se usan desde llamadas telefónicas, hasta memorias flash y otros soportes, sin desdeñar la transmisión persona a persona, eficaz y prolífica en esta esquina del Caribe.

¿Cuántos jóvenes cubanos se interesan hoy por lo que difunden nuestros medios de prensa tradicionales?, ¿cuáles son las fuentes a las que más acuden, y cuáles las más frecuentadas por la población en general? Aunque no existan estudios actuales al respecto, resulta innegable que los nativos digitales sienten una particular y lógica predilección por esa vía, donde valores agregados y otros recursos de la comunicación virtual hacen más atractivos los mensajes.

Para acceder a lo que les interesa, ellos inventan. Explotemos pues  esa alternativa, no “para cumplir” sino para hacer diana, y con el convencimiento, de que el que da primero, da dos veces.

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