Miami: El Nuevo Herald miente y desinforma sobre la realidad en Cuba

Portada de "El Nuevo Herald" este 28 de diciembre de 2011

Desconcertado por la repercusión del indulto a más de 2900 prisioneros en Cuba, el diario El Nuevo Herald no sabe qué inventar. El principal periódico hispano de Miami ha colocado en su portada este 28 de diciembre una noticia construida con las especulaciones de uno de los mitómanos pagados por EE.UU. en Cuba y la ha ilustrado con la imagen de una cárcel cerrada hace más de 40 años, justo cuando hace meses que hasta Amnistía Internacional niega la existencia de presos de conciencia en Cuba y la Iglesia católica dio por concluido el proceso que condujo a la excarcelación de más de cien condenados por conspirar con el gobierno norteamericano contra las autoridades cubanas.

La foto corresponde al “Presidio modelo“, creado por el dictador Gerardo Machado en 1936. Esa instalación es hoy un museo e instalación educativa para niños por ser el lugar donde estuvieron presos muchos revolucionarios cubanos, entre ellos el líder histórico de la Revolución, Fidel Castro.

La única explicación sería que el periódico, célebre por su falta de profesionalidad, esté celebrando así el Día de los inocentes.

Tomado de la pupila insomne

 

Asesor del Senado de EEUU pide eliminar programas de subversión contra Cuba

Fulton Armstrong

Un artículo publicado por The Miami Herald con el título “Es hora de limpiar los programas que promueven un cambio de régimen en Cuba” y firmado por Fulton Armstrong, asesor de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos, reconoce que los programas del Departamento de Estado para un cambio de régimen en Cuba “tienen las señas de una operación encubierta de inteligencia.”

Añade que “como los otros millones de dólares que hemos gastado para derrocar al gobierno cubano, estos programas han fracasado”.

Es hora de limpiar los programas que promueven un cambio de régimen en Cuba

Por Fulton Armstrong
The Miami Herald
Traducción: Cubadebate

El subcontratista del USAID, Alan P. Gross, marcó su segundo año en una cárcel cubana por llevar a cabo en Cuba operaciones encubiertas de “promoción de la democracia”.

El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, exigió que Cuba lo libere inmediatamente y alardeó diciendo: “Las autoridades cubanas han fracasado en su esfuerzo de querer utilizarlo como un peón para sus propios fines”.

El mensaje está muy claro: Gross es nuestro peón, no el de los cubanos. Las señales enviadas por el gobierno estadounidense han sido muy evidentes. Para La Habana, el mensaje ha sido: “No negociaremos”. Para Gross, el mensaje es: “Mala suerte”. Y a los estadounidenses que piensan que nuestra política hacia Cuba, que tiene más de 50 años, debe someterse a una revisión, les dicen: “No esperen lo imposible.”

Cuando una operación encubierta de la CIA nos sale mal y cae preso un oficial clandestino, el gobierno de EE.UU. desempeña una estrategia para negociar su liberación. Pero cuando un contratista encubierto de la USAID es detenido, Washington aprieta su retórica política, le tira más dinero al programa comprometido, y se rehúsa a comentar sobre el asunto.

Durante tres años, yo fui el investigador principal de la Comisión de Relaciones Exteriores en relación con las operaciones políticas del Departamento de Estado y de USAID para Cuba y para América Latina.

Los programas de Cuba – diseñados para identificar, organizar, capacitar y movilizar a los cubanos para que exijan cambios políticos en su país – tienen un patrimonio especialmente problemático, incluyendo malversación, mala gestión, y la politización sistémica.

Algunos “exitazos” del programa, que nos costaron millones de dólares, como por ejemplo la creación de una red de “bibliotecas independientes”, fueron exagerados y hasta fabricados.

El mandato de nuestro Comité de Supervisión fue tratar de garantizar que los fondos – unos $ 20 millones al año, pero hasta $ 45 millones en 2009 – sean utilizados eficazmente y de manera consistente con la ley de EE.UU.

El Departamento de Estado y la USAID lucharon contra nosotros en todo momento, incluso negándose a entregarnos información básica sobre los programas, y divulgando solamente un documento que hacía referencia a los vagos “objetivos del programa”.

Estos programas no involucran a nuestra comunidad de inteligencia, pero el secretismo que los ronda, los oficios clandestinos -como el uso de las tecnologías de encriptación– y el ocultamiento deliberado del papel del gobierno de EEUU, sí tienen las señas de una operación encubierta de inteligencia.

Nunca le pedimos los nombres de sus agentes en la isla, pero los directores del programa nos dijeron que había “gente que morirá” si nos enteráramos de los nombres de los grupos asociados a ellos en los Estados Unidos. Los programas no eran un secreto para Cuba. El gobierno cubano los había penetrado profundamente.

No sabíamos quien era Alan P. Gross. De hecho, después de su encarcelamiento, el Departamento de Estado lo negó furiosamente, e incluso algunos de nuestros diplomáticos en La Habana, pensaron que Gross trabajaba para la CIA. Lo que sí era evidente que los cubanos estaban muy al tanto de él. La televisión cubana ha mostrado vídeos de otros contratistas en acción en la isla.

Solamente Gross puede decir lo que sabía acerca de la legislación cubana cuando él estaba cumpliendo con su contrato de $585.000 dólares, y realizando cinco visitas a Cuba. Él ha dicho que lo han “engañado”. Hemos confirmado que el Departamento de Estado y la USAID no tenían política alguna para informarles a estos individuos que esas operaciones clandestinas no son legales en Cuba, y que las leyes de EE.UU. prohíben que los agentes extranjeros que no se han inscrito como tal puedan viajar por el país distribuyendo equipos de satélite, puntos de acceso WiFi, equipos de encriptación y telefonía, además de otras asistencias de valor monetario.

La política del gobierno de Obama es no informarle a los destinatarios en Cuba del origen y del propósito de la ayuda – a menos que éstos pregunten directamente. Algunos cubanos pueden imaginársela, por supuesto, pero las implicaciones de no revelarlas, especialmente mientras los nuevos programas están dirigidos hacia niños tan jóvenes como de 12 de años, son significativas en un país que prohíbe expresamente recibir fondos de EEUU.

La USAID se ha convertido en un guerrero encubierto para socavar a los regímenes anti-estadounidense del mundo – sin la carga de responsabilidad que tiene la Comunidad de Inteligencia.

El objetivo del cambio de régimen de los programas es explícito: en lugar de financiarlos bajo las normativas de las autoridades educativas y culturales, los gobiernos de Bush y de Obama han insistido en simplemente citar a la ley Helms-Burton (”La Ley de la Libertad”) que prescribe un futuro post-Castro para Cuba.

En repetidas ocasiones se han propuesto varios cambios para aumentar la eficiencia y dirigir los fondos de modo que ayuden al pueblo cubano a mejorar sus vidas, como por ejemplo mediante el aprovechamiento de los ajustes económicos incipientes que Raúl Castro ha comenzado – para ayudar a la gente a valerse económicamente por sí mismos, y no sólo organizar y movilizar a la gente para protagonizar protestas .

La firme reacción de USAID ha sido que los programas no son para ayudar a los cubanos a vivir mejor en el presente, sino más bien estimularlos para que exijan un futuro mejor.

Como los otros millones de dólares que hemos gastado para derrocar al gobierno cubano, estos programas han fracasado, salvo para provocar el arresto de Gross e identificar a las personas que han aceptado asistencia de algunos otros funcionarios que envían a otros “operadores” en la isla.

Nuestra política debiese estar basada en lo que es efectivo para promover los intereses nacionales de EEUU -un cambio pacifico, democrático y evolucionario, y no en involucrarse en provocaciones gratuitas.

La retórica y las acciones que prolongan la estancia en prisión de un inocente americano, aparentemente engañado para servir como un peón dentro del contexto de 50 años de esfuerzos del gobierno de EE.UU. para lograr un cambio de régimen en Cuba, son contraproducentes.

Es hora de limpiar los programas para el cambio de régimen y negociar la liberación de Alan P. Gross.

Fulton Armstrong ha trabajado en el tema de Cuba en el Consejo de Seguridad Nacional durante la administración Clinton y luego como Oficial Nacional de Inteligencia para América Latina. Es asesor en el Senado de la Comisión de Relaciones Exteriores. Su correo electrónico es fultona1@yahoo.com

 

Miami: El Nuevo Herald: La mentira como exclusiva

La mentira ha sido, históricamente, la principal estrategia editorial del periódico de la contrarrevolución cubana en Miami El Nuevo Herald. Durante décadas, dicho libelo le ha tomado el pelo a sus lectores con infundios de todo tipo, especialmente aquellos relacionados con la Revolución y la realidad cubana.
Últimamente sin embargo El Nuevo Herald, a falta de profesionales dignos de una publicación medianamente seria, se dedica a repetir los rumores de las redes sociales, o simplemente a inventar represiones contra mercenarios que solo existen en las computadoras de su redacción.
Una prueba de las crisis de objetividadl que sufre esa publicación son las dos mentiras publicadas la semana pasada que han recibido sendos desmentidos.
La primera fue la relacionada con el ingreso urgente del mandatario venezolano a una clínica debido a su critico estado de salud, que el propio Chávez se ocupó de desmentir, guante y pelota de softbol en mano, y la segunda, la de la prohibición del cantante Pablo Milanés en la radio y la tv cubana que el cantautor acaba de calificar como falsa.

LOS CUBANOS ANTICUBANOS.

Por Lázaro Fariñas*

Lázaro Fariñas

Hace muchos años atrás, publiqué un artículo en El Nuevo Herald de Miami en el que, refiriéndome a los exiliados derechistas de aquí, decía que estos habían empezado odiando al régimen revolucionario de La Habana y a sus dirigentes, para haber terminado odiando a Cuba y a su pueblo. Caigo en la pedantería de citarme a mí mismo al ver que nada ha cambiado a través de los años. El sector ultraderechista del auto llamado exilio cubano, no es anticastrista ni anticomunista, es, simplemente, anticubano. Bastan varios ejemplos para comprobar que lo que afirmo no es mentira, ni que al decirlo lo hago solamente para atacar ese sector de los cubanos que viven principalmente en los Estados Unidos, en España y algunos pocos en la isla. Todos apoyan la política agresiva de EEUU contra Cuba, y quieren que las tropas norteamericanas desembarquen en la isla, después de haber sido bombardeadas sus ciudades y población, tal y como sucedió en Irak y está sucediendo ahora en Libia. Apoyan el embargo que los Estados Unidos le han implementado a Cuba, que en muchos casos ha llegado a impedir que el gobierno de Cuba adquiera equipos médicos necesarios para salvar la vida de sus ciudadanos. Cuando el equipo nacional de béisbol o cualquier otro tipo de equipo deportivo de Cuba sale a competir en el extranjero, gritan a los cuatro vientos que quieren que estos sean derrotados. Cuando los artistas cubanos vienen a actuar en los Estados Unidos, critican y acusan al gobierno federal por haberle dado las visas para que puedan presentarse en este país. Cuando pueden, le hacen demostraciones frente a los lugares en que se presentan. Le tienen un odio visceral a Hugo Chávez y al gobierno venezolano, solamente porque este le suministra, a precio preferencial, el petróleo que los cubanos necesitan para poder alumbrarse y movilizarse. Aplaudieron y apoyaron a Pedro “El Breve”, aquel triste personaje que asumió la presidencia de Venezuela inmediatamente después del golpe de estado contra Chávez, por haber tomado, como primera medida, el cortarles los suministros petroleros a la isla. Se alegran cuando cualquier fenómeno atmosférico destruye propiedades y viviendas en el territorio nacional. Están haciendo todo lo posible para presionar al gobierno federal para que haga algo que impida que compañías extranjeras perforen pozos petroleros en las zonas que le pertenecen a Cuba en el Golfo de México y así los cubanos se liberen de la dependencia petrolera. Apoyan vehementemente la política de Posición Común de la Unión Europea hacia Cuba. Lograron forzar al gobierno de George Bush padre para que firmara la Ley Torricelli y a Bill Clinton para que hiciera lo mismo con la Ley Helms-Burton, ambas leyes que sirvieron para apretar más las medidas criminales que ahogaban al pueblo cubano en los momentos que el país había perdido a su principal socio comercial y se hundía en una crisis económica y social de gran envergadura que hizo aparecer enfermedades desconocidas en la población por falta de medicinas y alimentos. Quieren que los Estados Unidos suspendan los viajes familiares de los cubanos residentes en este país. Obligaron al presidente George W Bush a que redefiniera los lazos familiares, al impedir que un cubano fuera a la isla a ver a un primo o a un tío, afirmando que estos no eran familia cercana, además, que solo podían ver una madre, un padre o un hermano una vez cada tres años. Tan fue así, que en muchísimos casos las autoridades de este país le daban a escoger a los cubanos, ante la enfermedad de una madre o un padre, si quería verlos en el hospital o en la funeraria. Lograron que el que viajaba no pudiera llevarles más de trescientos dólares a los familiares en la isla. Buscan que deserten los médicos que cumplen misiones humanitarias en el exterior, ofreciéndoles visas para ingresar en USA. Creo que son suficientes ejemplos para demostrar la maldad de estos individuos que se pasan la vida llenándose la boca para decir que lo que quieren para la isla es la libertad y la democracia, cuando lo que verdaderamente desean, y han trabajado siempre para ello, es hundir al pueblo cubano en la miseria y en el hambre. Son profundamente anexionistas ya que quieren que Cuba sea una colonia de los Estados Unidos. Odian a Cuba y al pueblo cubano, por eso, que ni siquiera se deben ofender cuando se les acusa de anticubanos, porque eso es lo que son, cubanos anticubanos. *Periodista cubano residente en EEUU.

(Fuente: enviado por el autor a MARTIANOSHERMES)

(URGENTE) Muerte masiva de ancianos en la Florida

Por M. H. Lagarde

Según algunos, la telenovela de la muerte de Bin Landen es un invento yanqui para desviar la atención del asesinato del hijo y los nietos de Gadaffi a manos de la OTAN en Libia, ocultar la crisis económica por la que pasa actualmente Estados Unidos, el controvertido nacimiento de Obama o los cables revelados por Wikileaks sobre el campos de concentración de Guátanamo. Todo eso es posible.
Pero lo que sí es cierto es que la muerte, real o supuesta del terrorista y ex agente de la CIA, ha silenciado la horripilante realidad que sufren quienes viven, o vivieron, en los centros de atención a personas con necesidades especiales de la Florida.
Una nota de presentación, firmada por el gerente general de El Nuevo Herald, Manny Díaz, afirmaba:

“Esta mañana comenzamos a publicar una importante serie de reportajes investigativos, que pueden salvar la vida de familiares y amigos. Mis colegas Michael Sallah, Carol Marbin Miller y Rob Barry, de The Miami Herald, dedicaron casi un año a documentar el abuso rampante de los ancianos y discapacitados mentales que viven en centros de atención a personas con necesidades especiales, conocidos como ALF. Y lo que encontramos es intolerable. Hubo ancianos que murieron de golpizas, cuidadores que no se ocupaban de sus pacientes e incluso abusaban de ellos, en algunos casos llegando incluso a matarlos, y nunca fueron encausados penalmente o recibieron un castigo ligero. Algunas de las instalaciones siguen operando todavía. Y los investigadores estatales y locales, cuyo sueldo sale del bolsillo de los contribuyentes, no tomaron medidas o reaccionaron con demasiada lentitud para prevenir el abuso. La Florida fue en un tiempo modelo de todo el país, un paraíso donde los ancianos podían retirarse a sabiendas de que había leyes que los protegían. Pero el sistema ha colapsado”.

La nota de Díaz, por cierto, es bastante amable en comparación con los horrores narrados por el diario:

“una investigación de The Miami Herald concluyó que las salvaguardas que una vez se consideraron las más progresistas del país han sido ignoradas en numerosas tragedias nunca antes reveladas al público. En Kendall, una mujer de 74 años fue hallada atada con tanta fuerza durante más de seis horas, que le desgarraron la piel y le causaron la muerte. En Hialeah, un enfermo mental de 71 años falleció de quemaduras cuando lo dejaron en una bañera con agua muy caliente. En Clearwater, un paciente de Alzheimer de 75 años fue devorado por un cocodrilo después de que salió a deambular fuera de la instalación por cuarta vez. Esas muertes destacan los graves problemas de un sistema estatal que ha dejado que miles de personas se las arreglen como puedan en condiciones peligrosas y decrépitas. La investigación de The Herald indicó que la Dirección de Administración de Servicios de Salud (AHCA), que supervisa las 2,850 instalaciones para personas con necesidades especiales de la Florida, no supervisó centros mal administrados, no investigó prácticas peligrosas ni cerró las instalaciones con mayores problemas”.
The Miami Herald obtuvo documentos confidenciales de 70 personas que
murieron en los últimos 8 años a manos de sus cuidadores y según el diario el propio diario: “Aunque el estado tiene leyes extremadamente estrictas sobre el abuso contra personas mayores, The Miami Herald encontró que pocos cuidadores son acusados de matar a las personas que deben proteger..”.
Por supuesto no se me ocurre decir que Obama mandó a matar a Bin Laden en Pakistán para ocultar el posible escándalo que provocaría la secuencia de reportajes publicadas por The Miami Herald. Para nada, a Obama le vendrían muy bien dichas revelaciones para impulsar sus incumplidas reformas en el campo de la salud.
Lo que sí digo es que El Nuevo Herald decidió sacar a la luz sus excelentes reportajes sobre el tema cuando medio mundo andaba esperando a ver si el presidente se decidía o no a sacar las fotos del cadáver del malo de la película Osama Bin Laden.
La noticia, por tanto, ha pasado desapercibida en la prensa internacional. Nadie ha puesto el grito en el cielo ni se ha desgarrado la ropas como cuando ocurrió la lamentable muerte por frío de los enfermos mentales en Mazorra, que fuera recientemente castigada por los tribunales de la Isla.
Como aseguró un comentarista en El Nuevo Herald, hechos como los narrados por ese diario pueden ocurrir sin problemas en el país más poderoso del mundo -al que nadie bloquea ni agrede-, porque Estados Unidos nunca ha declarado que es “una potencia médica”, lo cual, por lo visto, le otorga la coartada perfecta para asesinar a todo aquel que recurra a una instalación médica.

(Tomado del Blog Cambios en Cuba)

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