Fernando González: “Me voy a dedicar a trabajar por la libertad de mis tres compañeros todavía presos”

Fernando González, uno de los cubanos del grupo de "los cinco". / BERNARDO PÉREZ

Fernando González, uno de los cubanos del grupo de “los cinco”. / BERNARDO PÉREZ

Fernando González, de 50 años, sostiene que todo el proceso contra los cinco, “estuvo viciado por la influencia política de la extrema derecha de Miami. Fue una venganza política”, por el derribo de las dos avionetas de Hermanos al Rescate, el 24 de febrero de 1996, ” y la frustración por no poder acabar con la revolución. Nombrado vicepresidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), González permaneció cinco día España, donde recibió el apoyo de dirigentes y cargos electos de Izquierda Unida y otros grupos de la izquierda española. “Me voy a dedicar a trabajar por la libertad de mis tres compañeros todavía presos”.

Cuando llegó a Miami en 1997 para infiltrarse en el anticastrismo, estaba casado en Cuba pero su esposa ignoraba su paradero y dedicación. “Sólo sabía que estaba fuera. Mi familia nunca conoció qué tipo de trabajo hacía. Les dije que estaba cumpliendo un tarea de tipo comercial en otro país”. “¿Lo más difícil?. Había muchas complejidades. Tenía que velar por los mecanismos que posibilitaran cumplir las tareas sin ser detectado y eso implicaba la atención a un numerosos detalles”. González coordinaba el trabajo de otros agentes ya infiltrados en los grupos más radicales. “Eran compañeros por los que tenía que preocuparme y ayudar, incluso en su vida persona”.

El principal cargo contra González fue actuar como agente extranjero sin comunicarlo a las autoridades norteamericanas, “cuya pena máxima eran diez años y deportación, pero me fueron sumando otros cargos, como conspiración para actuar como agente extranjero y otras violaciones como uso documentos falso, y otras cosas”. El ex agente de inteligencia insiste en la politización del caso “porque el primer paso que da Héctor Pesquera, director del FBI en Miami, inmediatamente después de nuestro arresto es comunicárselo los dos congresistas de origen Miami Ileana Ross-Lethinen, Lincoln Díaz Balart. Eso está reconocido públicamente”.

Pregunta. ¿Qué pruebas tiene para afirmar el FBI le detuvo para sabotear el incipiente acercamiento de Estados Unidos y Cuba?.

Respuesta. El propio Héctor Pesquera admitió en una entrevista que se nos vigilaba desde hacia dos años y que en la oficina que él dirigía había muchos oficiales que estaban en contra de que se nos arrestara. ¿Por qué? Porque sencillamente esos agentes estaban consiguiendo información durante la investigación contra nosotros”. Operativamente no convenía nuestra detención. Pesquera tuvo que hacer mucha labor de convencimiento en el Departamento de Justicia para que se autorizara arrestarnos

P. ¿Consiguieron información militar secreta de EE.UU ?

R. No existe un solo ejemplo de que hubiéramos logrado información clasificada. Y no es que lo diga yo. Lo dijo, por ejemplo, al general Robert Clapper, que testificó como experto de la fiscalía, y que hoy en día es el jefe de toda la comunidad de inteligencia de EE.UU (Director Nacional de Inteligencia). Los abogados de la defensa le preguntaron si había revisado los numerosos documentos presentados en el caso Dijo que sí y que no había visto ni un solo documento que fuera información clasificada. Eso está en las transcripciones del juicio Se pude revisar.

Jueza Lenard suave y conciliadora con persona vinculada al narcotráfico, dura y cruel con los cinco antiterroristas cubanos

Por Edmundo García

A mi regreso este martes de un viaje a La Habana, como es costumbre, me puse a revisar la prensa que tenía acumulada para ponerme al día. Fue así que encontré un artículo del periodista Jay Weaver aparecido este mismo martes 15 de mayo, tanto en The Miami Herald como en El Nuevo Herald, titulado en este último “Jueza anula condena de cadena perpetua”. Dicho artículo trata sobre uno de los tantos hechos delictivos vinculados al tráfico de drogas, particularmente de cocaína, que hizo ola en Miami en décadas pasadas; pero me permitirá hacer una analogía o comparación que creo importante y reveladora de los desiguales estándares con que puede impartirse la justicia en los Estados Unidos y mucho más en una ciudad como Miami.

En el mencionado artículo Jay Weaver cuenta la historia de Yuby Ramírez, una ciudadana colombiana de 41 años condenada a cadena perpetua en el 2001 por el delito de “conspiración para cometer asesinato”. El objetivo de esta conspiración era eliminar a un testigo del gobierno que iba a declarar contra los narcotraficantes Willie Falcón y Sal Magluta, connotados narcotraficantes de la llamada era de los “cocaine cowboys”, condenados a largas condenas por ese delito. Todo parecía indicar que Yuby Ramírez iba a estar encerrada el resto de sus días, pero una jueza federal admitió que había sido mal asesorada por sus antiguos abogados y, acompañándose de nuevos defensores, logró hacer un trato judicial que le bajó la condena a 10 años; saliendo inmediatamente en libertad, pues al estar presa desde el 2001 el tiempo pasado en prisión le cubría la nueva sentencia. A Yuby Ramírez no solo se le probó el cargo de “conspiración para cometer asesinato”, sino que además ella misma acabó confesando su culpabilidad.

Les decía que esta historia me iba a permitir manejar una comparación, porque precisamente ese cargo de “conspirar para cometer asesinato” que se le imputó a la ciudadana colombiana Yuby Ramírez, y del que acaba de salir en libertad, es el mismo que se le imputa al luchador antiterrorista Gerardo Hernández Nordelo, y por el que se le condenó no a una sino a dos cadenas perpetuas, más quince años. Solo que a Gerardo no se le pudo probar en corte y mucho menos reconoció o confesó haber tenido algo que ver con el intento de actuar contra la vida de alguna persona.

El cargo de “conspirar para cometer asesinato” era tan insostenible en el caso de Gerardo Hernández Nordelo que la misma fiscalía, o sea el gobierno de los Estados Unidos, quiso desestimarlo porque temía que junto a él se le cayera el caso completo. Como se supo después por documentos desclasificados, el FBI monitoreaba a Gerardo Hernández desde años antes de su detención y precisamente por eso el gobierno norteamericano sabía perfectamente que Gerardo era inocente del cargo de conspirar para derribar las avionetas de Hermanos al Rescate. Sabían lo que hacía Gerardo, escuchaban lo que hablaba Gerardo, así que nadie mejor que ellos mismos para saber que el cargo de “conspiración para asesinar” era improcedente en su contra. ¿Cómo fue que de todas formas esa acusación persistió contra Gerardo? ¿Cómo fue que la jueza la mantuvo aún pidiendo la fiscalía su eliminación para no quedarse con nada? Es algo que todavía nadie puede explicar.

Se suele afirmar que en el sistema judicial norteamericano los jueces pueden impartir justicia según criterio y autoridad propia. Aunque la historia está llena de ejemplos que demuestran lo contrario, cualquiera pude pensar que juezas distintas pudieron llegar también a distintas conclusiones; pero: ¿Cómo se llama la jueza que condenó a Gerardo Hernández Nordelo a dos cadenas perpetuas y quince años por supuestamente “conspirar para cometer asesinato”, sin que se hubiera probado en corte o él lo hubiera confesado? Pues esa jueza se llama Joan Lenard. ¿Y quién es la jueza que acaba de anular la cadena perpetua a Yuby Ramírez por el delito probado, declarado y confeso de “conspirar para cometer asesinato”? Pues es la jueza Joan Lenard. Es decir, la misma jueza federal en ambos casos, anula la sentencia por un lado y la multiplica por el otro.

No hacía falta otra evidencia para concluir lo que todo el mundo sabe: que el juicio en Miami contra los cinco luchadores antiterroristas cubanos fue un juicio político, parcializado por la influencia de los grupos de la derecha cubanoamericana y la presión de una prensa rendida a sus intereses. Aquí está otra prueba de los diferentes estándares con que se aplica la justicia en los Estados Unidos y, a la vez, un antecedente para que la misma jueza Joan Lenard reconsidere las injustas condenas dictadas contra nuestros cinco héroes. 

¿Por qué derribó Cuba dos aviones norteamericanos de Hermanos al Rescate?

El 24 de febrero de 1996 la Fuerza Aérea de Cuba derribó en sus aguas territoriales dos aviones piratas tipo Cessna, procedentes del aeropuerto de Oppaloka, en el Estado norteamericano de La Florida, mientras sobrevolaban el espacio aéreo. Las naves cayeron a distancias entre cinco y ocho millas al norte de Playa Baracoa, al oeste de la Ciudad de La Habana. Los pilotos pertenecían a la organización  Hermanos al Rescate.

El día del derribo, justo después que los tres aviones despegaran desde el aeropuerto de Oppa Locka, el controlador de la torre del aeropuerto se dirigió a José Basulto, presidente de Hermanos al Rescate, y dijo: “buena suerte.” y la respuesta de Mr. Basulto fue: “la necesitaremos.” la pregunta es: ¿por qué un piloto de 30 años de experiencia y una licencia profesional y miles y miles de horas en el aire necesita suerte ese día?

El presidente y fundador de “Hermanos al Rescate” tiene una larga relación con Cuba que data de 40 años atrás desde el tiempo que él era un operativo de la CIA que había sido introducido clandestinamente en cuba a finales de los años 50 y principio de los 60, para crear algunas insurrecciones armadas. Retornó a Estados Unidos pero regresó otra vez en los 60 a Cuba y llevó a cabo un ataque con un cañón a un hotel, y voló el hotel con algunas personas adentro. Él ha admitido estas cosas y está orgulloso de todo esto.

Basulto estuvo involucrado en la confección de artefactos caseros que serían dejados caer sobre Cuba para dañar personas y él le ha admitido esto al Buró Federal de Investigaciones. Consta en actas.

El objetivo de Hermanos al Rescate desde 1994 es provocar al gobierno de Cuba. Llenaban planes de vuelo diciendo que iban a buscar balseros, pero no seguían los planes de vuelo. Ellos volaban hacia cuba, penetrando su espacio aéreo una y otra vez, lo que es totalmente ilegal, violando las leyes internacionales, las leyes cubanas y las reglas de la Administración Federal de Aviación.

Dejaron caer propaganda desde los aviones, incitando a la población a sublevarse contra Fidel Castro. Dejaron caer abundantes panfletos, volando a la altura de los tejados, sobre áreas muy pobladas.

El gobierno cubano estaba obviamente alarmado por estas actividades. Cuba mostró serenidad, jamás se derribó a los violadores cuando comenzaron sus actividades. Varias notas diplomáticas muestran que el gobierno de Cuba dijo a EE.UU. “Ustedes tienen que parar a este hombre. No pueden dejarlo volar sobre La Habana, sobre Guantánamo y sobre las provincias y dejar caer panfletos y hacer lo que está haciendo. Eso es peligroso, eso está contra todas nuestras reglas, eso está prohibido, tienen que pararlo.”

¿Qué hizo EE.UU.? Asombrosamente ellos no hicieron absolutamente nada y todo vino a empeorar el 13 de julio de 1995. Fue el día de una gran flotilla que fue hacia Cuba a protestarle al gobierno. “Hermanos al Rescate” anunció que iban a salir con una escuadrilla de sus aviones y sobrevolar La Habana y áreas pobladas en los alrededores. En ese momento cuba dijo: observen, nosotros tenemos que tomar muy fuertes medidas.

Basulto y sus aviones volaban sobre La Habana a baja altura, incumpliendo con las reglas de tráfico aéreo. No es solamente el riesgo de colisión, también está el problema de que interrumpieron las frecuencias de radio de La Habana, utilizaron las frecuencias de control de trafico aéreo, para hablar todo tipo de cosas políticas, como “soy un cubano libre, mis hermanos”, y toda clase de tonterías, que desvían la atención de los controladores del tráfico aéreo, que están dirigiendo a los jumbos y deben conocer su altitud, sus rutas etc.

Los cubanos enviaron a la Administración de Aviación Federal notas de advertencia sobre Basulto y los pilotos de “Hermanos al Rescate”, para que no violaran más el espacio aéreo cubano, que está en el límite de las 12 millas fuera de cuba. Que le prohíban bajar allá y volar sobre La Habana. Hacer eso es algo peligroso. Les advirtieron que de hacerlo, corrían el riesgo de ser derribados.

¿Que hizo Basulto? Ignorarlos por completo, bajó y llevó a su escuadrilla de aviones. Se establecieron centros de mando especiales en Miami y en La Habana y les dijeron a todos los aviones comerciales que sintonizaran frecuencias diferentes ese día, para que no fueran interferidas sus comunicaciones por la interferencia de Basulto. Tuvieron que tomar medidas.

Lo sorprendente del incidente del 13 de julio es que está grabado en video. Ellos tenían una cámara de video de la NBC y reporteros dentro de sus aviones, y filmaron todo. Volaron a la altura de los techos, sobre La Habana, sobre la refinería, lo cual preocupó grandemente a los cubanos, dados los antecedentes de disparos con ametralladoras contra hoteles y otras cosas.

El video muestra a Basulto jugando al ratón y al gato con los MIGs sobre La Habana. En el video se le puede ver bajar y lanzar cosas por la ventanilla, propaganda. Ese día se mostró serenidad. No se derribó a nadie.

Una transcripción de 30 minutos de conversación de Basulto con los controladores del tráfico aéreo de La Habana revela como le comunicaban que no le garantizaban su seguridad, que la fuerza aérea cubana estaba sobre el área y que podían derribarlo. Le vuelven a repetir, no podemos garantizar su seguridad. ¿Qué hizo Basulto? Los ignoró completamente, sobrevoló La Habana cuando regresaba a EE.UU. y apareció triunfalmente en las noticias de las 6 en punto. Se vanaglorió de la forma en que entró en La Habana y no le hicieron nada. Se estaba burlando en las narices de los cubanos; ya era una humillación.

En esos momentos Cuba envió un claro aviso al Departamento de Estado, y fue personalmente entregada a Basulto. Dice el anuncio público del Departamento de Estado de EE.UU., agosto 8 de 1995: ” el Departamento de Estado avisa que la entrada en aguas territoriales cubanas o a su espacio aéreo, sin previa autorización del gobierno cubano, puede conducir a ser arrestado y sujeto a las leyes cubanas.”

En un anuncio público del 14 de julio de 1995, un día después de la flotilla, el gobierno cubano expresó su firme determinación de tomar la acción necesaria para defender la soberanía del territorio cubano y evitar las incursiones no autorizadas del espacio aéreo y las aguas cubanas.

Debido a que ellos habían dado esta alerta antes, se previene y alerta a cualquier embarcación extranjera de que puede ser hundida y cualquier aeronave derribada. El Departamento de Estado tomó este anuncio seriamente. Todos tomaron en serio este anuncio, excepto José Basulto, quien dirigió a 4 hombres a sus trágicas muertes.

Ahora, ¿qué sucedió después del 13 de julio?. Aunque había un video del Sr. Basulto envuelto en esta actividad provocativa de sobrevolar la capital de un país extranjero, nada sucedió. No le retiraron su licencia. Le permitieron continuar volando. Por tanto, lo que pasó fue que él mantuvo su actitud y continuó realizando estos vuelos no autorizados. Eran sólo misiones de provocación.

En enero 9 y 13 de 1996 vuela sobre Cuba y lanza 500 mil proclamas y después que Basulto realiza este viaje va a Radio Martí, y allí fanfarroneó sobre como violó otra vez el espacio aéreo cubano y el comentarista ridiculizó a los cubanos porque a pesar de que despegaron un MIG, no pudieron responderles a ellos. Otra burla en la cara de Cuba.

El 24 de febrero de 1996, día del derribo, Basulto y los otros aviones volaron para desafiar al gobierno cubano nuevamente, provocarlos y hacer un show. Esto es lo que ellos se proponían.

El Departamento de Estado contactó a la FAA el día antes del derribo y le envió el siguiente comunicado: “…es probable que los “Hermanos al Rescate” intenten un vuelo no autorizado dentro del espacio aéreo cubano, en desafío al gobierno de cuba…”. Al final, el Departamento de Estado “también indica que el gobierno cubano será menos tolerante con los vuelos no autorizados en su escenario, en este momento”.

Ellos sabían, todos sabían, que el derribo se produciría. Lo sabían en la FAA, en el Departamento de Estado, en Cuba lo sabían y Basulto lo sabía también. Él fue advertido por la FAA y el Departamento de Estado. Si usted sigue presionando esto podría ocurrir, y eso fue exactamente lo que sucedió. Aquel día el Sr. Basulto no siguió el plan de vuelo. Lleno un plan falso. Salió de Opa-Locka y fue recto al interior de la Florida y luego salió de los Everglades por el área de Thousand Island, cayo al sur, subió al oeste e hizo un patrón hacia La Habana.

Aquel día, justo sobre La Habana, hay un área llamada mud-9. Esa zona estaba restringida, estaba activada y el gobierno cubano había emitido una comunicación notams, que fue cursada al aeropuerto de Opa-Locka, de donde ellos despegaron. Este notams decía que habrían ejercicios militares en esa área los días 24, 25, 26, y 27 de febrero, manténgase fuera de esta área. Se desarrollarían maniobras militares y lanzamiento de misiles tierra aire.

Cuando el Sr. Basulto pasó el paralelo 24 entró en el área mud-9 y justo detrás de él los otros aviones. El controlador de tráfico aéreo de La Habana habló con Basulto y le dijo: “está corriendo un riesgo”, a lo que Basulto respondió: “conozco el peligro, soy un cubano libre y haré lo que hace un cubano libre, pero estoy prevenido del riesgo y el peligro”. Él dijo, “nosotros estamos en peligro cada vez que hacemos esta misión”. El sabía claramente lo que estaba haciendo. No es como el gobierno norteamericano ha tratado de presentarlo, como el derribo de unas personas que estaban tratando de buscar balseros en aguas internacionales. Eso es lo que alegan, pero no es lo que ocurrió.

De cualquier manera, ellos entraron en esta zona y la evidencia muestra que ningún piloto cuerdo volaría dentro de una zona militar activada, excepto Basulto y aquellos otros dos aviones, porque estaban en una misión de provocación.

¿Qué sucedió después de eso? Todo el mundo concuerda en una cosa, el gobierno, los expertos, técnicos de radar, y es que los aviones estaban dentro del espacio aéreo cubano, invocando la alerta de que los cubanos derribarían cualquier avión que penetrara en su espacio. Y fueron derribados.

En los primeros días de junio de 1996 el Consejo de la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI) efectuó en Montreal una sesión de trabajo para analizar el informe de la comisión encargada de investigar los hechos.

Estados Unidos no logró su propósito de imponer un acuerdo de condena contra Cuba por el derribo de los aviones piratas.

El documento de la OACI, aprobado por consenso, reafirma el principio de que cada Estado debe tomar medidas para prohibir el uso de aeronaves civiles matriculadas en su territorio con fines incompatibles con el Convenio de Aviación Civil Internacional.

La referencia es una censura implícita a la responsabilidad del gobierno norteamericano en la actividad de grupos con sede en su país e implicados en la violación del espacio aéreo de la Isla. También desestima inculpar a Cuba por las consecuencias de esa acción realizada con pleno conocimiento de causa por la organización Hermanos al Rescate.

Cinco años y unos meses después, el 11 de septiembre de 2001, los norteamericanos sufrieron en carne propia los efectos devastadores de aeronaves civiles sobrevolando su propio espacio aéreo. Toda una tragedia que lamentó el mundo entero.

¿Hubiera podido evitarse el incidente del 24 de febrero?

Lázaro Barredo Medina

En un artículo publicado hace quince años en Trabajadores, esbocé elementos de respuesta a esa interrogante a partir de algunos hechos verificados en aquellas semanas.

Bimotor Cessna Skymaster de los utilizados por la aviación usamericana contra El Salvador y Vietnam, luego entregados a Hermanos al Rescate por orden del presidente George Bush padre tras una gestión de la congresista de la Florida Ileana Ros-Lehtinen.

El lamentable incidente del derribo de las avionetas el 24 de febrero de 1996 pudo haberse evitado. El Gobierno de William Clinton acomodó una imagen bien negativa de Cuba ante la opinión pública con la manipulación de información, la falsificación de datos y la tergiversación de los hechos, convirtiendo el asunto en un “show” de campaña electoral, pero era su Administración la que tenía las posibilidades de evitar lo que sucedió.

La parte cubana, hasta ese instante, había actuado discretamente por los canales diplomáticos en 24 oportunidades anteriores, durante el transcurso de unos 20 meses, a la espera de una reacción en correspondencia con la distensión propiciada por las conversaciones migratorias iniciadas después de los acontecimientos de agosto de 1994.

Tras las violaciones del 9 y el 13 de enero de 1996 sobre el espacio aéreo de la ciudad de La Habana para acometer “un plan político de desobediencia civil”, donde no le interesan los llamados de atención del Gobierno cubano, según las declaraciones del propio José Basulto ante numerosos medios de prensa norteamericanos, la inmensa mayoría de la opinión pública cubana empezó a manifestarse preocupada con la posibilidad de una peligrosa escalada de estos grupos contrarrevolucionarios, que se consideraban impunes.

Las posibilidades cubanas para impedir que los infractores continuaran sus operaciones sin percances ya eran escasas, por el comportamiento cada vez más agresivo y desafiante que asumían ante las reiteradas advertencias sobre la peligrosidad de lo que estaban haciendo.

A Cuba solo le quedaban tres alternativas: 1) apelar a la parte norteamericana para que pusiera fin a esas acciones; 2) actuar, y 3) permitir la impunidad. La última variante estaba totalmente descartada. Por el contenido y el tono de la denuncia del Gobierno cubano sobre esas dos violaciones flagrantes del espacio aéreo, era evidente que las autoridades cubanas habían tomado la decisión de interrumpir el próximo vuelo de esas avionetas piratas, para proteger su seguridad nacional y disuadir a los grupos terroristas de Miami de continuar esas actividades.

Durante las tres últimas semanas de enero y las dos primeras de febrero de 1996, no solo hubo un uso mayor del canal diplomático, sino que también se utilizó el intenso trasiego de visitas norteamericanas a la Isla (políticos, empresarios, dirigentes sindicales, personalidades religiosas, etc.), para expresarles la preocupación sobre estas provocaciones y la necesidad de demandar de la Administración Clinton un mínimo de sentido común para frenarlas.

Como diputado a la Asamblea Nacional y vicepresidente de su Comisión de Relaciones Internacionales, por ejemplo, acudí al aeropuerto internacional José Martí, tanto el 19 de enero como el 10 de febrero de 1996, a recibir al congresista Bill Richardson, a quien se le ofreció una detallada información sobre la peligrosidad de esas provocaciones, se entrevistó con el Comandante en Jefe y en su segundo viaje en febrero dio a entender que la Administración Clinton afirmaba que eso no volvería a pasar y que se adoptarían medidas.

En aquellos días de enero de 1996 hubo otros congresistas y personalidades norteamericanas a las que se les planteó las mismas preocupaciones del Gobierno Revolucionario y después se pudo conocer por asesores de Clinton que los mensajes fueron recibidos en Washington.

Es decir, tanto el presidente Clinton como sus asesores del Consejo de Seguridad Nacional y del Departamento de Estado, estaban al tanto y conocían perfectamente la peligrosidad de lo que venían haciendo los corsarios contemporáneos de Basulto y sus Hermanos, pero no se hizo lo necesario para impedir el incidente provocador, pese a esos mensajes de que se adoptarían medidas contra los violadores.

En su intervención durante la sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el 26 de julio de 1996, el compañero Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional, ofreció numerosos elementos en los cuales se demuestra fehacientemente que la Administración Clinton podía haber evitado el incidente. Alarcón subrayó cómo en el propio informe de los investigadores de la Organización Internacional de Aviación Civil (OACI) está descrito el hecho de que el 13 de febrero de 1996, el Departamento de Estado había dirigido una comunicación a otras instancias del Gobierno norteamericano, advirtiéndoles sobre la probabilidad de que ocurriese algún problema con estas aeronaves, algún suceso que involucrase a Cuba. Pero también demostró cómo después de la investigación de la OACI comenzaron a salir a la luz pública las pruebas que comprometían al Gobierno norteamericano con los hechos.

Están, por ejemplo, las actas del proceso de la Junta Nacional de Seguridad del Transporte contra José Basulto, y la comparecencia ante un juez federal norteamericano. En este juicio hubo varios testigos, y uno de ellos fue un oficial de apellido Houlihan, responsable de registrar y controlar los vuelos hacia o desde Estados Unidos. En este voluminoso documento oficial y público, este señor Houlihan reconoció bajo juramento ante el juez federal que el 17 de febrero de 1996, una semana antes del acontecimiento, había sido citado a una reunión junto con otros funcionarios u oficiales, donde se les dijo que el día 24 de febrero este grupo iba a volar desde Oppa Locka (aeropuerto cercano a Miami) hasta Cuba, para crear un incidente político.

También el señor Houlihan confesó ante el juez federal que el 23 de febrero lo volvieron a citar a una reunión en la que se le reiteró que Hermanos al Rescate despegaría al día siguiente desde Miami, para volar sobre Cuba, y que en las primeras horas del día 24 de febrero fue citado otra vez a similar reunión, donde se ratificó que ese día se produciría dicho vuelo y el incidente programado.

El conocimiento por la parte norteamericana de lo que estaba por ocurrir es revelado igualmente en el informe de los investigadores de la OACI, aunque más tenuemente, cuando se reconoce que el 24 de febrero el propio Departamento de Estado solicitó información a la torre de control del aeropuerto de Oppa Locka acerca de si los aviones de Hermanos al Rescate habían salido o iban a salir y requirió que lo mantuvieran informado. Washington supo ese día, minuto a minuto, todos los movimientos de Basulto y sus Hermanos y lo que iban a hacer, pero no hizo nada por impedirlo.

Hoy se saben más cosas, como que Estados Unidos dice que se perdieron los registros de los radares y se niega reiteradamente a entregar las pruebas satelitales que arrojan mucha luz sobre los hechos de aquel día.

Clinton y sus asesores electorales utilizaron el incidente con total oportunismo político y, para desembarazarse de las presiones domésticas con el tema cubano, dieron luz verde a la peor versión de la Ley Helms-Burton, que ya desde el mes de noviembre de 1995 estaba conciliada por el Congreso e iba a ser aprobada de todas maneras.

En todos los debates del Congreso estadounidense siempre fue aprobado el neocolonialista contenido de los dos primeros capítulos de esta Ley, donde los yankis definen esencialmente la política de agresión hacia Cuba y los intereses norteamericanos acerca del futuro político de la isla, bajo el supuesto de que harán colapsar a la Revolución.

Clinton hizo lo que ni los “halcones” Reagan y Bush hubieran aceptado: renunció y les quitó a los venideros presidentes norteamericanos la facultad de decidir la política hacia Cuba y modificó el contexto del diferendo entre las dos naciones, dejando su posible solución en un limbo. Con este precedente, nadie sabe en un año electoral norteamericano quién puede determinar una política en Estados Unidos: ¿El Presidente? ¿El Congreso? ¿O cualquier provocador de origen cubano que se monta en un avión y desafía las leyes de ambos países?

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