A causa del calentamiento global están aumentando las enfermedades respiratorias

Confieso que fue hace apenas 15 años que comencé a interiorizar verdaderamente la gravedad de aquellas primeras tímidas advertencias que hacían los climatólogos de que nos amenazaba un cambio de clima causado por el calentamiento global, a su vez provocado por los gases de efecto invernadero con que el hombre ha estado agrediendo a la naturaleza.

LOS FENÓMENOS METEOROLÓGICOS EXTREMOS OCURREN CADA VEZ CON MAYOR FRECUENCIA, COMO CONSECUENCIA DEL CAMBIO CLIMÁTICO. UN EJEMPLO DE ELLO FUE EL VÓRTICE POLAR QUE AFECTÓ A ESTADOS UNIDOS Y CANADÁ EN LA PASADA SEMANA, CON TEMPERATURAS TAN BAJAS QUE SE CONGELARON LAS CATARATAS DEL NIÁGARA.

LOS FENÓMENOS METEOROLÓGICOS EXTREMOS OCURREN CADA VEZ CON MAYOR FRECUENCIA, COMO CONSECUENCIA DEL CAMBIO CLIMÁTICO. UN EJEMPLO DE ELLO FUE EL VÓRTICE POLAR QUE AFECTÓ A ESTADOS UNIDOS Y CANADÁ EN LA PASADA SEMANA, CON TEMPERATURAS TAN BAJAS QUE SE CONGELARON LAS CATARATAS DEL NIÁGARA.

Pero aquella alarma apenas me llevaba a sentir compasión por las generaciones futuras que tendrían que encarar tan grave problema.

Los hechos demuestran que la humanidad no fue capaz de valorar a tiempo, ni siquiera ha valorado bien aún, una amenaza para su propia supervivencia que ya ha dejado de ser perspectiva para convertirse en trágica actualidad.

En apoyo a los llamados de los climatólogos, personalidades de importantes responsabilidades políticas y estatales, como líder histórico de la Revolución Cubana Fidel Castro y el excandidato presidencial y exvicepresidente estadounidense Al Gore, entre otras celebridades en el campo de la política, han mostrado sensibilidad ante la gravedad del tema y han contribuido a extender una alerta que quizás sea ya tardía.

Otros prestigiosos expertos en los más diversos campos del saber, también han pronunciado impresionantes llamados sobre este asunto que toca las fibras emotivas hasta del más insensible.

Según ha advertido la Organización Mundial de la Salud, a causa del calentamiento global están aumentando las enfermedades respiratorias, al igual que las diarreas y los problemas de piel por el impacto solar. Las temperaturas son más extremas, hay más sequías, más tormentas, más olas de calor, más inundaciones y huracanes que causan pérdidas de vidas humanas y la desaparición de especies animales y vegetales.

La deforestación hace desaparecer cada año millones de hectáreas de bosques, la erosión arrastra la capa vegetal y degrada otros millones de hectáreas de tierras que una vez fueron fértiles, y la desertificación se extiende por aún más millones de hectáreas de suelos.

La extinción de muchas especies de fauna y flora afecta gravemente la biodiversidad, mientras la contaminación del agua de los ríos y los mares, así como la del aire, amenazan la supervivencia de poblaciones, países y regiones.

Los países del norte opulento, al imponer a los países llamados “en vías de desarrollo” su escala de valores, su sistema económico y sus formas de gobierno, les contaminan también sus hábitos consumistas depredadores de la naturaleza.

Algunos consorcios petroleros parecen celebrar incluso la fusión del casquete de hielo polar porque, dicen, reducirá el costo de la extracción del petróleo que yace bajo el Océano Ártico.

El aumento de la temperatura terrestre tiene un efecto directo en la subida del nivel de los océanos y el acceso de la población mundial al agua potable. Los especialistas advierten que, con apenas un grado más, se fundirá el hielo de los pequeños glaciares; con dos grados, entre el 20 y el 30% de la población del Mediterráneo y el Sur de África tendría problemas de suministro de agua potable, y con cinco grados más se produciría la desaparición de países enteros.

Se pronostica que los muchos millones de habitantes de estos países cuyo territorio quedará bajo las aguas intentarán moverse a otros países… , donde no serán bien recibidos. Ello provocará muchas guerras en todo el planeta.

Gigantescas ciudades como Londres, Nueva York, Hong Kong, Tokio, Buenos Aires y El Cairo quedarían debajo del mar. La agricultura y las cosechas también sufrirían las consecuencias del calentamiento global.

Las tierras de cultivo de África se verían muy afectadas con tan solo el aumento de dos grados, y tres grados más harían que 500 millones de personas queden sometidas a hambrunas por la sequía.

Pero la humanidad no puede declararse simplemente derrotada ante la magnitud del desastre que la amenaza. Si se lograra disminuir la demanda de bienes y servicios que son emisores intensivos de dióxido de carbono para reducir por esa vía los efectos del calentamiento global; si se promovieran tecnologías limpias y eficaces para la generación y consumo de electricidad, calefacción y en el transporte; si se frenara la deforestación y se insertaran políticas a favor del medio ambiente en las estrategias internacionales de desarrollo, no todo estaría perdido.

Naturalmente, la cura efectiva de estos males tendría que pasar por un cambio en el modo y las relaciones de producción. Una sociedad ambientalmente sustentable, ecológica y solidaria es definitivamente incompatible con el capitalismo.

Todo lo que a corto y mediano plazo pueda hacer la humanidad a estas alturas tendrá un efecto atenuante, pero hay que hacerlo.

El mundo se cansó de nosotros

Diego Camacho Pérez

El mundo en que vivimos se encuentra en una situación insostenible. El hombre ha caído en la ambigüedad de ser el raza más inteligente y a la vez la más estúpida, capaz de matarse a sí mismo por su ¿bienestar?

No importa qué hagan, el mundo como lo conocemos va a desaparecer, a mutar o a evolucionar y se va a deshacer de nosotros, como nosotros lo hicimos con otras especies.

No importa que digan, la humanidad no ha alcanzado la madurez suficiente para reconocer y afrontar las consecuencias de los errores que ha cometido. Nos convertimos en meros observadores de nuestra propia tragedia, viviendo el suplicio de Tántalo, contemplando oro que no podemos poseer, nos deslumbraron con cosas y nos enseñaron a amarlas.

Ahora ya nos acostumbramos, ya nos unimos al juego, el juego de la comodidad, el de protestar sentados desde una silla, caímos en el juego del Deus Ex Machina, pensando que un dios va a aparecer de repente y nos va a dar haciendo el trabajo que siempre procuramos evitar, va a salvar un planeta que nunca quisimos cuidar. Caímos en el juego de adorar a los objetos a costa del bienestar de otros y del planeta, a castigar a los que comparten y enaltecer a los que discriminan, a desconfiar de todos y desconocer la palabra compartir, alejando la solidaridad de nuestro léxico porque no es rentable.

Somos primero nosotros y el resto no importa.
Después nuestras familias y el resto no importa.
Primero nuestro dinero y el resto no importa.
Primero nuestras cosas y el resto no importa
Existe sólo nuestro dios y el del resto no importa.
Amamos nuestro país y el resto no importa.

Cerramos barreras, creamos fronteras, contaminamos y consumimos, soñamos con ganar dinero para seguir contaminando y consumiendo, dándole el carácter de “modelos a seguir” a aquellos que se han enriquecido a costa del dolor ajeno, poniendo en alto nombres que no han hecho más que fomentar la miseria y la desigualdad, forzando a gente honrada a caer en sus peores errores y mostrar sus peores facetas.

Todos dicen “malditos cazadores que matan animalitos” sin saber que muchas veces es gente que, por no tener qué comer, sale a buscar el único sustento que pueden encontrar, muy a pesar de su propio descontento y dolor. Todos dicen “no deberían talar los árboles” sin saber que las personas que lo hacen se rebajan por centavos porque no tienen un techo que les cobije y deben destruir con lágrimas en los ojos la tierra que les vio crecer, deben sucumbir ante la desesperación y ser los chivos expiatorios de esas grandes corporaciones regentadas por los hombres de portada de revista, deben abandonar todo rezago de razón y humanidad en favor del dinero, y no para desarrollarse ni ser libres, sino para subsistir.

¿Cómo se puede esperar que el género humano, viviendo bajo tales condiciones de desigualdad y desapego por algún principio, va a lograr coordinar esfuerzo alguno por el bien del planeta? El tratado de Kyoto, la última esperanza, ya murió, de hecho nació muerto, con políticos y empresarios negando su deceso, y científicos bien pagados entubándolo y manteniendo el engendro en un frasco petri.

El mundo se cansó de nosotros. Pronto vamos a morir, y adoptando una visión misántropa, después de lo que le hicimos al planeta yo estaría muy de acuerdo.

Tomado de http://blog.thezeitgeistmovement.com/

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