Cuba: Transformers se filmará en La Habana

Este rodaje será realizado en La Habana por un pequeño equipo de filmación y no requerirá cierre de calles, por lo que no debe provocar interrupciones en la vida normal de la ciudad

f0059911

El próximo fin de semana, la productora Audiovisuales ICAIC ofrecerá un nuevo servicio cinematográfico a la producción extranjera, en este caso, para el filme norteamericano Transformers 5, dirigido por Michael Bay para Paramount Pictures.

Este rodaje será realizado en La Habana por un pequeño equipo de filmación y no requerirá cierre de calles, por lo que no debe provocar interrupciones en la vida normal de la ciudad.

Las escenas rodadas en la capital, específicamente en la zona del Malecón y la Habana Vieja, formarán parte de un montaje de tomas en grandes ciudades del mundo, a las que en postproducción se agregarán digitalmente los robots para mostrar cómo se han integrado a la vida en la Tierra.

Como se ha explicado, los servicios a la producción extranjera forman parte del trabajo habitual de la institución y tienen como objetivo ingresar divisas para el cine nacional e incrementar las oportunidades de empleo para los técnicos y artistas cubanos.

(Tomado de Granma)

Cuba: Carta abierta de Víctor Fowler a propósito de la prohibición de las salas 3D

fowler-620x270

Noviembre 5, 2013

A la UNEAC

ICL

MINCULT

ICAIC

He leído con atención la nota oficial publicada en el periódico Granma el día 2 noviembre 2013 y en la cual se avisa de la decisión tomada por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros en cuanto a prohibir, con efecto inmediato, toda actividad de las salas de proyección de películas en 3D operadas por propietarios privados, así como de los salones de juegos de computadoras. El presente mensaje breve que les envío tiene que como objeto el expresar –pese a que no tenga importancia alguna para algo que ya se decidió y aplicó- mi desacuerdo con la medida, en particular todo lo que en ella propone -a propósito del consumo cultural – una suerte de oposición entre los conceptos calidad y banalidad dado las inquietantes consecuencias que ello tiene a nivel social.

Pienso que si bien cualquier Estado tiene el derecho y la obligación de regular y normar las actividades económicas que en el territorio que abarca son realizadas, ninguno lo tiene para decidir (y esto es de lo que principalmente trata el conflicto) cuál debe de ser el consumo cultural de sus nacionales. Al Estado le corresponde la obligación de facilitar una mejor educación y disfrute de la cultura realmente universales, durante la ejecución de sus proyectos esboza y presenta la meta de aquello que considera la virtud ciudadana respecto a la relación entre el individuo nacional y la cultura; pero como tal el Estado no es un maestro ni la sociedad un conjunto de estudiantes sentados en los pupitres de un aula permanente, sometido a exámenes periódicos de habilidad y temoroso de obtener bajas calificaciones o de una vez por todas suspender. Dicho de otro modo, el Estado es un enorme facilitador, no un juez severo (lo cual queda pa`´ra el mundo sangriento de la guerra)..

Tan continuada insistencia en el tema de la banalidad, fantasma que en las más diversas intervenciones sobre cultura nacional aparece una y otra vez, hace pensar que en algún punto existe (o tendría que existir) algo así como el ser banal, especie de arquetipo negativo del consumidor cultural. En este punto, lo más difícil de entender (y aceptar) es que –coexistiendo con el consumo cultural de (o con) calidad- igual debe de existir espacio de existencia para el consumidor “banal”.
Sala3DCuba-display
En este sentido, ser banal es una más entre las opciones de realización que una sociedad sana tiene para sus sujetos y los individuos poseen todo el derecho a consumir, sin la interferencia del Estado, los productos culturales del nivel jerárquico que así deseen, en especial los del nivel más bajo desde el punto de vista de la estética. Esto último resulta fundamental, ya que la efectividad de una democracia se prueba en la capacidad de acción (de realización, de vida) que de manera concreta existe para aquellos portadores del límite negativo del proyecto.

Más allá de esto, y acaso lo principal, es que el fantasma de la banalidad fabrica una figura de supuesta alienación y que, prácticamente, equivale a un nuevo enemigo social, puesto que se trata de alguien que insiste en mantenerse “externo” a la supuesta corriente sana de la calidad en el consumo; entonces, contrario a ello, no sólo es necesario defender el ser banal como un derecho humano, sino denunciar la falsedad de establecer equivalencias entre la calidad del consumo cultural de la persona y el altruismo, sentido solidario y valor de su aporte social.

Se pierde la brújula cuando –en lugar de orientar la discusión hacia la erosión de la solidaridad, los logros en el trabajo, la pérdida de amor o bondad en el trato entre las personas, el aumento del egoísmo, etc.- la energía se moviliza para extraer, de la “calidad” del consumo cultural, indicadores que alumbren la dinámica de los flujos sociales; como si la pregunta al reflejo pudiese sustituir el encuentro con el objeto.

Para mayor confusión, mientras que en una entrevista a Fernando Rojas, vice-ministro de Cultura (27/10/2013) este afirma que el Ministerio de Cultura estudia medidas que aplicar para que las salas 3D tributen a la política cultural de la Revolución, política cultural que Rojas señala que es una sola, en la nota oficial del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros (2/11/2013), apenas una semana más tarde, es ordenado el cierre inmediato de tales salas y nada deja entrever que vayan a ser reabiertas. Con esto, y por más que la nota insista en que la medida no constituye un retroceso en la nueva política económica del país, de forma implícita acaba de consagrar el principio de que ningún nuevo oficio tiene posibilidades de existir hasta tanto no sea imaginado y comprendido por las más altas autoridades político-económicas del país.

Vale la pena señalar que -a reserva de algún descubrimiento- las películas proyectadas en las salas de video 3D (he asistido a tres diferentes) son las mismas que en cualquier sala de video del circuito estatal o en la televisión. Realmente es difícil entender de qué se habla cuando de la intervención de Rojas se deriva que lo normal de estas salas de video 3D es promover “mucha frivolidad, mediocridad, seudo-cultura y banalidad, lo que se contrapone a una política que exige que lo que prime en el consumo cultural de los cubanos sea únicamente la calidad.”

Por desgracia, la ecuación entre frivolidad, mediocridad, seudo-cultura y banalidad en absoluto es clara en el presente en que vivimos y hace ya más de 20 años que un conocido teórico cultural llamaba la atención acerca de que, en modo alguno, un espectáculo de Madonna (trabajado a un altísimo nivel organizacional, profesional y tecnológico) podía ser considerado “baja cultura”; cuando un fenómeno como el Cirque de Soleil hace de ese viejísimo entretenimiento una nueva forma de arte; cuando la amplia gama que va de la computadora al teléfono digital cambia la comunicación, el entretenimiento e incluso las formas de producir y consumir arte; cuando el refinado arte de la ópera encuentra, gracias a la canción popular, nuevos públicos.

Todo ha cambiado, incluso las bases en las cuales encuentra su apoyo el diseño de las políticas culturales.

Las prohibiciones constituyen cierres que niegan todo camino al diálogo, tanto en el presente como en un futuro situado a distancia razonable (préstese atención a la fuerza que en la nota oficial cobra el adverbio ‘nunca’) y, al cortar esa posibilidad, de inmediato dirigen la intensidad del poder (la enormidad del aparato administrativo y discursivo que lo conforma) en contra de procesos, actitudes y cosas.

Lo sorprendente que presenciamos aquí es la deriva según la cual una política pública (en este caso la “política cultural”), de servicio, cobra autonomía y se constituye en un objetivo en sí misma, por encima de los cambios que hayan tenido lugar en la temporalidad; es por eso que, aunque débil e incompleta, alguna explicación es ofrecida en cuanto a la prohibición de las salas de video 3D, a la vez que prácticamente nada es dicho acerca de la prohibición de los salones de juegos de computadora. En este punto queda la amarga sensación de que la retórica (vieja) ha sido incapaz de elaborar algún discurso coherente para enfrentar a la (nueva) realidad.

Al final, y esta es la parte más nociva de las prohibiciones, es que actúan como si lo único que existiese fuesen las normativas y el control de un lado, mientras que del otro el objeto o la práctica que eliminar; de tal modo, puesto que no se discute, queda privado de voz (sin que tampoco se le ofrezca respuesta alguna) lo que –a mi entender- es lo más importante: la alegría. Dicho de otro modo, el hecho de que la cantidad de alegría que a diario se manifestaba en los lugares ahora cerrados (salas de video 3D y salones de juegos de computadoras) proviene de miles de personas concretas que allí gozaban de su tiempo libre, mis hijos, mi esposa y yo entre ellas. A estos les ha sido negado algo que, muy rápidamente, aprendieron a considerar como parte del disfrute y a cambio reciben absolutamente nada.

Puesto que, junto con todo lo hasta aquí dicho, es loable exponer a la más severa crítica pública todo producto cultural que estimule el racismo, el machismo, el sexismo, la violencia, la prevalencia del dinero y sus formas de generar dominación por sobre la amistad, la solidaridad o el amor, pienso que, entre otros muchos temas, varios de los que motivan la presente intervención merecen ser discutidos en algunas de las Comisiones que realizarán su trabajo durante el venidero Congreso de la UNEAC. Por tal razón comparto preocupaciones y dudas con quienes, como ustedes, son mis colegas. Es algo que hago con la convicción de que debemos de discutir mucho, pero no con las pasiones de la agitación y propaganda, sino con la desgarrada profundidad de la ciencia.

Victor Fowler Calzada

http://eskinalilith.wordpress.com/

Miami: Reynaldo Miravalles: Dondequiera que viva, Cuba es mi patria

El rodaje en La Habana de “Esther en alguna parte” dirigida por Gerardo Chijona y coproducida por el ICAIC e Ibermedia, devolvió al cine de la Isla al primer actor Reynaldo Miravalles. Foto: Página web de la película

Por Carlos Eduardo Maristany Castro*

“Nada de política”. Esta fue la única e inobjetable condición del actor para conceder la entrevista. Luego, como para recordar las reglas del juego, Reynaldo Miravalles escaneó con impresionante mirada a su entrevistador, para después romper el hielo con una típica frase beisbolera: “Tira pa’cá, que yo bateo la que me parezca bien”. Altísimo, sencillo y jovial, Miravalles recibió al visitante como con una actitud propia de Hemingway: con los pies absolutamente descalzos, en contacto directo con el piso. Entonces sobrevino, en hora buena, aquello que los cubanos llamamos una conversación “a piernas sueltas”.

-Muchas personas piensan que su última incursión en el cine cubano, antes de salir del país, fue en Alicia en el pueblo de Maravillas (1991). Sin embargo,a esta cinta le siguieron Mascaró (1992) y Quiéreme y verás (1993).¿Qué siente al volver a filmar aquí tras 19 años de ausencia laboral?

-No he hecho en 19 años películas en Cuba porque no vivo en Cuba. Vivo en otro país. Amo a Cuba, pero vivo en otro país, por necesidad que tengo, y porque tengo otra forma de vivir.

Esta película me ha brindado un argumento que a mí me parece que es muy bueno, extraordinario. Y he aceptado, el ar-gu-men-to -enfatiza-. Cuando te digo el argumento, te lo estoy diciendo todo. ¿Ya? Es un placer para mí y un placer para los que trabajan aquí. Cuando yo me encuentro con mis compañeros es como si antes me hubiese encontrado con ellos antier o ayer, porque jamás he tenido conflicto con nadie. ¡Ja-más! -subraya.

Tengo aquí en Cuba un crédito, y como tengo ese crédito, si hubiera vivido en este país, ¡que es mi patria -vuelve a enfatizar-!, y no hubiera vivido en otro país, que no es mi patria, es… facilidad que me ofrecen por razones de familia, hubiera hecho muchas más películas. Ahora hay una facilidad para que se pueda hacer, como me lo han hecho a mí ahora, invitarme a que yo haga una película. Y tengo la satisfacción de hacer esa película, porque es muy buena, el argumento está muy bien escrito, el resto de los actores son buenos todos, y se hace una buena película que favorece al cine de este país.

-Usted tuvo una participación destacada en varias obras importantes del cine revolucionario cubano, comoHistorias de la Revolución (1960), El joven rebelde (1961), Las 12 sillas (1962), El hombre de Maisinicú (1973),Los sobrevivientes (1978)… ¿Cómo fue su acercamiento a los conflictos de sus respectivos personajes en estos filmes?

-Tú fabricas la compostura de esos personajes, que están escritos, y van trayendo una composición de la vida: es un tipo de esta forma, o de otra. El autor me lo va facilitando, y yo lo convierto en persona real. Poco a poco voy viendo que ese tipo tiene un comportamiento que a lo mejor yo, como ser humano, no lo tengo. Pero lo conozco, lo he visto, lo siento y lo incorporo a mí como si fuera un abrigo. Y así se hacen las películas.

-Estos han sido años de escasas apariciones en el cine…

-Si tú no vives en tu país, no hay un estilo de producción para que te seleccionen. Para esta película, no hay mucha gente que tenga la edad que tiene que salir en ella. Los viejos trabajan en el cine porque abren la puerta y solo dicen: “el señor no está”, y cierran la puerta. Los argumentos para viejos no existen en el cine. No para mí, que tengo ya muchos años y ahorita voy a tener un siglo. Actores famosísimos del cine americano no ponen la cara ahora en el cine. Lo que ponen es dinero para que hagan las películas, pero sus caras no se ponen más. ¡Já, já, já! Y además, para hacer una película, el argumento tiene que estar bueno. Si me ofrecen una película que no esté bien el argumento… ni aquí, ni allá. No la hago tranquilamente. Aquí, no quiero especificar, me han ofrecido películas. Pero las películas que no me interesen, no las hago, porque me parece que es perder prestigio.

Chijona encontró a un actor que tiene la edad que necesita tener el personaje de esta película, y me invitó a que yo viniera a Cuba. Lo primero que yo le dije es: me tienes que dar el guión, para yo saber si el guión me conviene. No la economía -aclara-, sino el guión. Entonces me dieron dos guiones que eran demasiado amplios, y les dije que no. Después me trajeron otra versión. A mí me pareció que era una cosa agradable, y acepté venir a hacerla. Antes de esta ocasión, ya había venido varias veces a ver a mi familia. Aquí nunca he tenido el menor conflicto.

-Hábleme de las cosas curiosas que le suceden por las calles durante sus visitas a La Habana.

-Mira, te voy a contar una cosa que es excesivamente poco común. Rolando Díaz me está haciendo un documental larguísimo, hablando yo toda la bobería que he hecho. Entonces nos dio a la familia 5 papeletas para que fuéramos al Teatro Carlos Marx a ver el fabuloso espectáculo “Amigas”, de Lizt Alfonso. Ok. Entonces me dijo: “Siéntate ahí. Vamos a esperar a que la gente salga un poco”. Cuando empezaron a salir él comenzó a hacerme fotografías. Al inicio, la gente no sabía quién era el que estaban fotografiando. Pero según fue saliendo, el público me fue conociendo. Y se empezó a hacer un escándalo emotivo. La gente cogía a sus niños para que me abrazaran. Y había una señora gruesa que me vio y me dijo: ¡Miravalles, tú estás vivo! ¡Já, já, já! Y yo le dije: “vieja, como no voy a estar vivo”. ¡Já, já, já! Y empecé a salir del teatro, y montones de personas gritándome, saludándome, dándome la mano, por la emoción de verme.

Yo nací en El Callejón del Chorro, en la Plaza de la Catedral. Ahí viví hasta los 3 o 4 años. Yo fui a decirle a la gente que yo había nacido ahí. Y se me aparecieron más de 60 personas a preguntarme, a hacer chistes conmigo. Yo hice chistes con ellos. Este país me recuerda. Simplemente me siento un hombre feliz porque el trabajo que yo hice la gente lo reconoce, y la amistad que la gente me brinda me alegra. Y no ha sido una sola vez. Me aplauden con afecto. Cada vez que vengo aquí soy feliz. Esta es mi patria. Dondequiera que viva, esta es mi patria.

-A los 89 años, debió ser un reto para usted interpretar este importante rol en Esther

-El que hizo el guión es muy astuto. Molina (intérprete de la contraparte del rol de Miravalles) es un hombre joven. Y cuando Molina era más joven yo cogía una biblia y me aprendía 15 páginas. Ahora me cuesta más trabajo una página. Entonces el diálogo mío en esta película no es un discurso, sino algo más corto. De lo contrario no podría haberlo hecho, porque mi cabeza ya no está tan bien. Este es un diálogo conversacional que se aprende mucho más fácil. ¿Pero retos? Yo no tengo retos. Lo que tengo que ver es que el guión esté bien escrito, que la historia sea interesante, que el director sea bueno, que el fotógrafo sea bueno, que los compañeros que trabajen sean intelectuales y brillantes actrices y actores. Con eso yo hago mi trabajo.

-Prestigiosas figuras de las artes escénicas cubanas, que completaron el elenco de Esther…, han declarado sentirse complacidas de compartir créditos con usted en este filme.

-Eso sí. Son todos amigos míos. Sentí el mismo afecto de cuando vivía aquí. Yo no tengo conflictos con nadie.

-Durante el rodaje del filme, Chijona expresaba constantemente que junto a ud sentía que estaba trabajando con su papá, que también fue muy longevo. ¿Llegó usted a sentir esto?

-Claro. Yo tengo edad para ser su papá. Pero yo, cuando estoy trabajando, no creo en la edad, ni en la de él ni en la mía. ¡Já, já! Solo en la edad del personaje que estoy haciendo. ¿Eh? Chijona es una persona muy estudiosa. Es muy amable. Sabe lo que quiere. Y lo que quiere está correcto. Por eso lo he seguido.

-¿Qué espera de Esther en alguna parte?

-Espero que la película sea exitosa. Pero quien tiene que decirlo es el público. O sea, si no lo cree así el público, nos vamos a ir de cabeza… por emoción más que otra cosa -aclara-. ¡Coño, nos salió mal este pastel! Claro, este es un argumento que es interesante. Pero todo el mundo que va al cine no va a ver argumentos interesantes. Va a ver cine, a lo mejor, entretenido, y dice: “¿qué coño hacen estos par de viejos aquí?” ¡Já, já! Y tienen su razón. Podemos tener éxito o no. Pero estamos viendo una película que tiene valores buenos. Vamos a ver cómo salimos.

-¿Interpretar un papel con su edad podría ser un récord Guinnes?

-Es récord Guinnes. No lo comprobé. Pero no conozco a ningún actor que con 89 años haya hecho una película como protagonista.

-¿Seguirá actuando Reynaldo Miravalles?

-No es fácil. El cine para los viejos, ya te lo he dicho, no existe. Y si sale un viejo, sale un cachito. No se escribe la historia de los viejos, sino la de los jóvenes, en casi todas las películas. Si me lo ofrecen… La oportunidad, para mi criterio, es muy difícil que aparezca. Yo voy a cumplir noventa años -subraya-.

-Muchos artistas son recordados por obras que ellos no consideran como las mejores dentro de su trayectoria. En su caso, es evidente que los personajes por los que más lo recuerdan son el guajiro Melesio, muy popular en la Televisión Cubana, y el Cheíto León del filme El hombre de Maisinicú. Está usted en la situación descrita o se puede decir que en su caso coincide el gusto popular con su gusto personal.

-Todos los personajes que hago, son hijos míos. Y el amor hacia ellos es tan valioso en un lugar como en otro. El público es el que escoge los personajes y las historias. Están estos, pero hay otros que no tienen la calidad… o sí la calidad, pero no el caudal de estos. Pero también son buenos, y se ven con agrado. No todo tiene que ser exitosísimo. Yo creo que estos están buenos y otros también. Está el de Las 12 sillas, y otros. Cada uno tiene su razón de ser, su valor. Hay algunos más populares. En Miami voy en mi carro o a pie y la gente me grita: ¡Melesio! ¡Todos los días! Son muchos los cubanos que se han ido de aquí hacia Miami y han visto eso.

-¿Qué siente al saber que muchos cubanos que viven en Cuba, y también muchos que viven fuera, lo consideran, merecidamente, como uno de los mejores actores cubanos de todos los tiempos?

-No creo que yo sea mejor que nadie. Lo que he tenido más suerte a lo mejor que algunos. He podido conseguir historia y trabajar en películas con directores que tienen más conocimiento, que a lo mejor otros. Pero hay otros que tienen las virtudes que pueda tener yo. Esas son facultades que me han brindado.

-Háblenos de la familia que tiene en Cuba, que funciona además como una especie de oficina de trabajo aquí.

-Ellos me quieren como una parte más de la familia. Como si fuera albañil, como si… lo que yo fuera. Nadie es tan virtuoso aquí. Aquí la gente es tranquila. Aquí están mis dos hijas, mis nietos y bisnietos. Tengo una tonga de familia. En EEUU tengo un hijo y una nieta. Nietos tengo aquí un… no paran de… ¡la magua! ¡Já, já!

-¿Qué nos puede decir de Nena, una persona muy pendiente de usted y que, precisamente, nos ha atendido con mucha amabilidad durante la entrevista, aun sin estar del todo bien de salud?

-Nena es mi esposa. Llevamos casados 50 años. Nos llevamos bien. Con nuestros conflictos, pero somos esposos y amigos. Ella es totalmente indispensable en mi vida.

-Además de actuar, ¿qué otras cosas disfruta hacer?

-Cuando no tengo que trabajar como actor, hago cualquier otra tontería fabricada a mano. He hecho collares. Esa lámpara la hice yo. Muchas cosas de ese tipo. Las hago, por deleite. He hecho collares como loco. Pero, ¡cantidad! A ti no te regalo uno porque no te los vas a poder poner. Son de mujer, oíste. ¡Já, já, já!

-Su vinculación con el arte no comenzó por la actuación, sino por la pintura. ¿Por qué no le dio continuidad a esa inquietud?

-Porque no se podía. Yo era jovencito y me gustaba mucho dibujar. Y cuando tenía 17 años me matriculé en la escuela de pintura, en Reina y Gervasio, y estudié allí los dos primeros años por la noche. Cuando hubo que estudiar los dos años siguientes, que era en Dragones, tenía que ser por el día. Y por el día yo tenía que vender cositas, lo que hubiera, pa’ poder vivir, ayudar a mi mamá. Y no pude seguir estudiando. Conseguí un poquito de dinero, ciento y pico de pesos, con un compañero, y entre los dos compramos un cafecito que no tenía nada adentro, por allá por San Rafael. Empezamos a vender leche, poquito a poquito.

Al año de estar allí, había un muchacho que hacía radio en Cadena Azul, pero dos o tres líneas, y por eso le daban una monedita. Yo le regalaba café con leche, porque él no tenía dinero. Un día le pregunté qué hacía y me dijo: “¡yo soy artista!” Yo le dije: “¡coño, que bonito eso! ¿Tú sabes que a mí me gustaría?” A mí me gustaba todo lo que fuera arte. Entonces otro tipo armó un grupo y él me dijo: “¿tú quieres ir?”. Yo le dije: “¡me gustaría?”. Me dieron un papel, con bocadillos, e hice tres programas que salieron al aire. No duraron más. Pero ya yo había hecho tres. Y me dije: “¡coño, yo quisiera ser actor, chico!”.

Había una actriz famosa de radio, Enriqueta Sierra, que daba clases. No a mucha gente, pero ella me aceptó. A mí y a una muchacha. Pero a los 20 o 25 días se enfermó un poco y nos dijo que ya no podía dar sus clases. Me puse muy triste pero ella me mandó a otra señora que tenía un grupo de actores que hacían radio. Empecé a trabajar allí, en Cadena Azul, allá en Prado. No me pagaban nada. ¡Nada, nada! Yo hacía dos programas todos los días. Ahí iba aprendiendo. Tuve que vender el café. Vivía en Prado, en un cuarto de tres pesos. Se me acabó el dinero. ¡Se me acabó todo! ¡No trabajaba en nada! Empecé a ir a la emisora y sentarme ahí desde las 7 de la mañana hasta las 8 de la noche. A oír. A aprender. Todos los días. A coger de todo el mundo. Y así fui aprendiendo poquito a poquito, poquito a poquito, hasta que fui evolucionando. Después de eso vino esto.

Siempre era, mi voluntad de aprender, que es lo más importante. Si tú quieres ser profesional de algo tienes que fajarte con todo, para poder llegar. Yo parto de cero, hasta alguna celebridad que he conseguido después de los años. Yo se lo recomiendo a los jóvenes. Los que quieran… no sean orgullosos, no sean ellos más intelectuales que nadie. A lo mejor al principio no te darán mucho dinero, pero poco a poco irás subiendo. Yo he vivido después de esto. Y continúo siempre y cuando… ya yo leo esto, lo hago si me interesa, y si no lo devuelvo. Antes no devolvía nada. Nada. Nada. Pero fui aprendiendo. Fui buscando.

-Me gustaría hacerle una pregunta bastante común: ¿cómo le gustaría ser recordado cuando no exista?

-Como quieran. Que digan lo que consideran que me han visto a mí. Pero más nada. Eso no tiene… Después que me muera, ¡se acabó la ola! ¡Já, já, já, já! ¡Já, já, já!

*Carlos Eduardo Maristany Castro (La Habana, 1984). Graduado en la Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana, ha cursado también estudios profesionales de actuación y realización cinematográfica. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), ha recibido varios premios nacionales de periodismo. Pertenece a la Asociación Hermanos Saíz (AHS), que nuclea a los jóvenes artistas cubanos. Dirige además diferentes géneros audiovisuales.

(Tomado de CubanArtNews)

Cuba: Aumenta el desinterés por los cines

Por: RANDY CABRERA DÍAZ, 

estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Estadísticas demuestran que el desinterés público por los cines de la localidad aumenta cada día. Pierde trascendencia social y cultural un espacio antes popular en todos los rincones del país.

Hoy los cines de barrio, aquellos que están fuera del Proyecto 23 del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica (ICAIC), no son una opción sugerente para el pueblo cubano. La disminución del número de espectadores así lo demuestra.

Estudios recientes del Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello, revelan que en las prácticas diarias y semanales de la población cubana no figura ir a este tipo de cine. Eso explica que el 54,6 por ciento no tenga contacto nunca con la pantalla grande.

Una encuesta efectuada por investigadores de este centro indica que solo un 9,3 por ciento de la población afirma haber visitado el cine o sala de videos una o dos veces al mes y un 17,7 por ciento señala haberlo hecho al menos una vez en el año. Estos datos demuestran un drástico cambio de la significación social de un espacio que antes convocó gran cantidad de masas a lo largo y ancho del país.

La investigación plantea que los cubanos (principalmente las nuevas generaciones) prefieren actividades generadoras de un mayor interés con menos molestia: la televisión, luego respaldada desde los años 80 por el video y el vertiginoso desarrollo de nuevas tecnologías como el DVD, la Internet y otras formas de comercialización audiovisual que hacen apetecible degustar de variadas propuestas cinematográficas desde la comodidad del hogar.

Actualmente, 18 de las 83 salas cinematográficas de la capital están cerradas a las puestas fílmicas debido al mal estado técnico y la falta de recursos de las instituciones responsables para llevar a cabo el remozamiento de las mismas, según la dirección del Centro Provincial del Cine de La Habana.

Algunas salas son utilizadas en actividades polivalentes de carácter cultural, iniciativa del Ministerio de Cultura para no dejar obsoletas las edificaciones, muchas de ellas otrora íconos arquitectónicos. Tal es el caso del Actualidades, primer cinematógrafo cubano, hoy bajo la dirección de la Empresa de Grabaciones y Reproducciones Musicales (EGREM).

Otros como el Récord, de Marianao, Central Cinema, de San Miguel del Padrón, y Los Pinos, de Arroyo Naranjo, no corrieron la misma suerte: están clausurados hace más de una década sin vinculación cultural o educativa, apunta Danilo Lerma, subdirector del Centro Provincial del Cine de La Habana.

El directivo reconoce que los 16 cines de municipios periféricos en funcionamiento no ofrecen propuestas que logren atraer al público residente en esas comunidades.

“Ya ni recuerdo la última vez que fui al Salón Rosa para ver una película, creo que estaba en la secundaria… Ahí no ponen nada bueno y cuando lo hacen, son filmes vistos por todos. ¿Para qué ir a ver cintas que puedo disfrutar más tranquilo en mi casa? Y en todo caso, si decidiera ir al cine, sería a uno del Vedado. Están mejores y hay más entretenimiento allá,” sostiene Liván Pérez, estudiante de Estomatología, quien reside en el municipio Cotorro.

Según Niuva Ávila Vargas, socióloga del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM), ir al cine de barrio no constituye una “salida”: “El ciudadano promedio cubano no considera los cines locales una alternativa viable, por prescindir de otras atracciones que pueden encontrarse en salas más céntricas como las del circuito de 23. Además, median factores como el estado técnico y material de las instalaciones, que casi nunca es el mejor.”
Para la especialista, es necesario tener en cuenta a los profesionales, quienes más asisten al cine, y en su mayoría trabajan. Por tal motivo, cuando dedican un tiempo para esta actividad, prefieren hacerlo apartado de la cotidianidad y disfrutar de sugerentes propuestas que no suelen encontrarse en la sala de video del barrio.

Marta Sánchez, taquillera del Rosa, manifiesta tener poco trabajo: “Aquí no viene nadie. Pasan semanas y no se vende una entrada. Ya no importa la cartelera, la gente no quiere venir al cine. Ni siquiera se interesan en revisar las propuestas que publicitamos con volantes, iniciativa del centro para captar la atención de la gente… No hay remedio.”

Este fenómeno no es nuevo. La situación surge a principios de la década de los 90, y tuvo su clímax durante el Período Especial cuando se agravó la destrucción de las salas municipales de cine y video. La posibilidad de rescatar antiguos entes de la cinematografía se hizo cada vez más lejana.

“Que hoy se prefieran las instalaciones del complejo de 23 no es casualidad. Son estas las de mejor acondicionamiento, y pluralidad de propuestas en la capital. También por ser céntricas mantienen un mayor flujo de espectadores. Asimismo son casas por excelencia de festivales como el francés y el holandés, aparte del Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Es decisión de los cinéfilos que deviene en ideología heredada”, advierte Benigno Iglesias, vicepresidente de Programación del Proyecto 23 del ICAIC.

Para la socióloga Ávila Vargas, el descenso del número de visitas a las salas cinematográficas ha empeorado desde comienzo del siglo XXI en parte por la irracional competencia entre los medios. “Los datos no mienten. El declive del 21,1 por ciento al 18,3 por ciento entre 1998 y 2009 lo aclara: las butacas seguirán vacías y la pantalla oscura.”

Gana «Habanastation» premio a mejor película de ficción en Festival de Traverse City

«Es un lujo para nosotros que Michael Moore, con el prestigio que tiene, tenga la amabilidad de invitarnos a poner la película allí en su festival», dijo el realizador cubano Ian Padrón

Actores y músicos asistieron a la presentación del álbum. FOTO: Rafael de la Osa

Feliz, Ian Padrón escribió en facebook «Habanastation acaba de recibir el Premio a la Mejor Película de Ficción del Festival de Traverse City en Michigan, USA.», el primer certamen internacional en el que compite el aclamado filme, que tiene una acogida apoteósica en Cuba.

La cita fílmica de Michigan es organizada por el  cineasta norteamericano Michael Moore, quien invitó al joven realizador cubano a que participara con su primer largometraje de ficción.

«Es un lujo para nosotros que Michael Moore, con el prestigio que tiene, tenga la amabilidad de invitarnos a poner la película allí en su festival», señaló Ian quien ya participó en el festival con su buen y polémico documental Fuera de liga.

Por la acogida del público y la mayor parte de la crítica, Habanastation debe ser un filme con numerosos lauros y que se recordará por un buen tiempo. Es un producto de la unión de esfuerzos y recursos de la compañía La Colmenita, el ICAIC y el ICRT, que demuestra cuanto se puede hacer por la cultura cuando existe unión de buenas voluntades.

A %d blogueros les gusta esto: