Cuba: 25 PREGUNTAS TONTAS Y UNA FRASE

Por: Eddy El Gallo

  1. ¿Qué pasó el 10 de octubre de 1868?
  2. ¿Por qué los criollos querían ser independientes de España?

  3. ¿Por qué fracasó la Guerra de los Diez Años?

  4. ¿Por qué José Martí fundó un solo partido para luchar por la independencia de Cuba?

  5. ¿Qué motivos tendría España para hacer explotar el Maine?

  6. ¿Cuántos países han invadido Cuba? ¿Cuántas veces? ¿Por qué?

  7. ¿Quién escribió la Enmienda Platt? ¿Dónde? ¿Por qué? ¿Qué decía?

  8. ¿Por qué hay una base militar en Guantánamo que no es guantanamera?

  9. ¿Cuáles eran los objetivos de la revolución del 30? ¿Se fue a bolina? ¿Por qué?

  10. ¿Batista era un dictador?

  11. ¿Por qué hubo un ataque al Moncada, un desembarco del yate Granma y un ataque al Palacio Presidencial?

  12. ¿Hacía falta una revolución en Cuba en 1959?

  13. ¿La Revolución Cubana siempre fue socialista? ¿Por qué se hizo socialista?

  14. ¿Por qué se fundó el PCC?

  15. ¿Qué cosa es el socialismo/comunismo? ¿Cuál es su objetivo?

  16. ¿El socialismo/comunismo es un desastre económico?

  17. ¿Qué país ha desarrollado el socialismo/comunismo sin subversión, ataques, guerras, difamación e injerencia extranjera constante? ¿Por qué?

  18. ¿Cuáles son los logros de la Revolución Cubana? ¿Por qué?

  19. ¿Cuáles son los fracasos de la Revolución Cubana? ¿Por qué?

  20. ¿Qué cosa es el capitalismo? ¿Cuál es su objetivo?

  21. ¿Existen imperios en el mundo? ¿Por qué? ¿Qué se proponen? ¿Cuáles son sus características?

  22. ¿Qué sucede cuando un país no cumple con los deseos del imperio?

  23. ¿Se puede ser un país independiente y soberano haciendo todo lo que el imperio quiere que hagas?

  24. ¿Cuba puede ser independiente y soberana sin ser socialista y antiimperialista?

  25. ¿Vale la pena ser un país independiente y soberano?

  26. ¿Qué pasó el 10 de octubre de 1868?

Nadie que diga ser patriota puede ignorar el sacrificio de los cubanos por tener un país independiente y soberano, ni minimizar la importancia de defenderlo contra quien lo agrede permanentemente.

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( Tomado de la Jovén Cuba )

Murió Melba Hernández, la Heroína del Moncada

Foto: Juan Moreno

Foto: Juan Moreno

Con profundo dolor, la Dirección del Partido y el Estado informa a nuestro pueblo que la Heroína del Moncada Melba Hernández Rodríguez del Rey, miembro delComité Central del Partido y diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular, falleció en esta capital en la noche de ayer domingo 9 de marzo, como consecuencia de complicaciones asociadas a la diabetes mellitus, enfermedad que padeció durante muchos años.

La querida compañera Melba Hernández nació en Cruces, en la antigua provincia de Las Villas, el 28 de julio de 1921, en una familia de estirpe mambisa. Se graduó de abogada en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana en 1943.

Participó activamente en la lucha contra la tiranía batistiana, siendo de las primeras en integrar las filas del movimiento revolucionario dirigido por Fidel. Junto a Haydée Santamaría, estuvo entre los combatientes de la gesta del 26 de julio de 1953. Fue testigo de la salvaje tortura y asesinato de sus heroicos compañeros.

Condenada a prisión en el Reclusorio Nacional para mujeres de Guanajay, tras su excarcelación Melba tuvo un papel decisivo en la recopilación y organización de las notas que Fidel iba logrando sacar del Presidio Modelo, en las que reconstruía su alegato en el juicio del Moncada –conocido luego como La Historia me absolverá-, así como en su posterior impresión y distribución clandestina.

En mayo de 1955 participó en la reunión celebrada en el barco “El pinero”, que trasladó a los amnistiados desde Isla de Pinos, y donde, bajo la dirección de Fidel, se decidió el nombre de 26 de julio para el movimiento revolucionario. Integró su primera Dirección Nacional.

Se trasladó a Méjico, donde desempeñó importantes misiones y el 25 de noviembre de 1956 despidió, en el puerto de Tuxpan, a los expedicionarios del Granma.

Se incorporó al Ejército Rebelde en las filas del Tercer Frente “Mario Muñoz Monroy”, dirigido por el Comandante Juan Almeida Bosque.

Tras el triunfo de la Revolución desempeñó importantes responsabilidades, entre ellas Presidenta del Comité Cubano de Solidaridad con Vietnam del Sur primero, y después de Vietnam, Cambodia y Laos; miembro del Presidium del Consejo Mundial de la Paz; Secretaria General de la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL); embajadora de Cuba en la República Socialista de Vietnam y en Kampuchea, y directora del Centro de Estudios sobre Asia y Oceanía.

Fue fundadora del Partido y miembro de su Comité Central desde el Tercer Congreso, así como diputada a la Asamblea Nacional desde 1976 hasta 1986, y elegida nuevamente desde 1993.

Por sus relevantes méritos recibió múltiples condecoraciones y órdenes nacionales e internacionales, entre los que destacan los títulos honoríficos de Heroína del Trabajo y Heroína de la República de Cuba. Para nuestro pueblo, es una de las más gloriosas y queridas combatientes de la gesta revolucionaria, ejemplo imperecedero de la mujer cubana.

Atendiendo a su voluntad, su cadáver será cremado y sus cenizas custodiadas transitoriamente en el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias hasta que sean trasladadas al cementerio de Santa Ifigenia para ser depositadas junto a los restos de sus compañeros asaltantes del Moncada.

Cuba festejará los primeros 55 años de su revolución, con mucho por hacer

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El 1 de enero Cuba festejará los primeros 55 años de su revolución. Sus autoridades y gran parte de su población están convencidas de que habrá otros 55 años de socialismo. Y que luego habrá más. También saben que hay mucho por hacer y cambiar.
EMILIO MARIN
Los cubanos son originales. Mientras en gran parte del mundo se festeja el Año Nuevo el 1 de enero, ellos celebran el aniversario de su revolución contra la tiranía de Fulgencio Batista. Fue en las primeras horas de 1959, por eso se cumplen 55 años de esa epopeya que dejó un saldo también insólito: única revolución socialista en el Hemisferio Occidental.
Los clásicos del marxismo habían ideado otros escenarios para los trabajadores. Pensaron que el socialismo irrumpiría en París, Londres, Berlín, etc, con una buena base industrial, tecnológica y proletaria. Pero el socialismo echó raíces en las atrasadas San Petersburgo y Moscú, en soledad por veintiocho años. Luego se reprodujo en las democracias populares del este europeo y la semifeudal China.
Y esa característica se repitió en la victoria “poco probable” de Fidel Castro y sus barbudos que bajaron de Sierra Maestra el 1° de enero a Santiago de Cuba y unos días más tarde arribaron a La Habana. ¿Socialismo en una isla con poca industria, rodeada del Caribe, a 90 millas de la mayor potencia militar de la historia, con rebeldes que venían de ser masacrados en 1953 tras intentar asaltar el Cuartel Moncada? Y sí. Allí fue el epicentro de esa revolución socialista del siglo XX. Otra vez la historia desairó los pronósticos de quienes habrían apostado por el numeroso proletariado paulista o bonaerense, o por el campesinado mexicano o colombiano, muy combativos.
¿Podía ser el último país en independizarse de España, el primero en andar la vía del socialismo? Sí, pudo. Entre otras cosas porque esa ruptura con el colonialismo español, aunque luchada con heroísmo, no llegó a materializarse por la intervención yanqui. Una de las mayores semicolonias -en eso se convirtió la isla a partir de la Enmienda Platt de 1902- perfectamente podía ser el eslabón débil que se rompiera antes que otras.

Factor subjetivo.
Los norteamericanos eran dueños de todo, desde los ingenios y las plantaciones hasta los hoteles y las empresas de telecomunicaciones y eléctricas; desde una república con minúscula hasta la base de Guantánamo; desde los prostíbulos hasta su Ejército golpista. Eso era caldo de cultivo para que en algún momento ardiera como un cañaveral.
Pero además estaba el factor subjetivo, el de la conciencia, que se conserva a pesar de las derrotas y sobre todo cuando éstas son muy honrosas como la del Moncada o la sufrida por el apóstol José Martí o antes, cuando la primera guerra por la independencia, con Carlos M. de Céspedes.
Con ese sedimento patriótico y revolucionario, hay luchas que parecen que no se pueden ganar y sin embargo se ganan, si acompañan determinados factores. No es casual que la revolución cubana pudiera triunfar en 1949: ya existía el campo socialista, había habido una Segunda Guerra Mundial, estaba en marcha la descolonización, etc. Sin ese marco las cosas habrían mucho más difíciles, por no decir imposible, sobre todo para la continuidad de la revolución.
La revolución contó con Martí como autor intelectual, como lo llamó Fidel Castro en su Alegato “La historia me absolverá” (16 de octubre de 1953). Pero el discípulo no se quedó atrás como talentoso dirigente político y militar que trepó a Sierra Maestra curtido por sus lides estudiantiles en la Universidad de La Habana, su entrenamiento en 1947 en Cayo Confites para una fuerza que pretendía liberar a República Dominicana de la tiranía de Trujillo, su participación en grupos armados en el Bogotazo tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y la dirección al asalto al Cuartel Moncada.
Esos líderes son excepcionales; ellos solos valen tanto o más como varias divisiones de ejércitos. Cuba lo tuvo. Y a diferencia de Vladimir Ilich Uliánov (Lenin), que murió en 1924, a sólo siete años de la insurrección bolchevique, el comandante en jefe nacido en Birán todavía sigue en las lides políticas y culturales. Tiene 87 años y superó 634 intentos de asesinatos de la CIA y los terroristas de la mafia de Miami. Es el “Guerrillero del tiempo”, como se titula el excelente libro de la cubana Katiuska Blanco, de imprescindible consulta para conocer a uno de los mayores personajes del siglo pasado y el actual.

El haber.
Al soplar 55 velitas el pueblo cubano y su gobierno harán su propio balance, mucho más correcto que el que pueda hacerse aquí.
Haber sobrevivido más de medio siglo a tan pocas millas de La Florida y con la parafernalia bélica que cubre esa distancia en minutos, es un logro excepcional. A la revolución no la pudieron derrocar invasiones como la de Bahía de Cochinos (1961), el bloqueo total desde 1962, atentados terroristas, campañas de mentiras, sanciones en la OEA ni la siembra del dengue hemorrágico. Ni pudieron ni la asfixia económica de afuera ni la raquítica quintacolumna de adentro, que se maquilla como “disidente” y cobra en dólares en la Sección de Intereses de Norteamérica (SINA).
En cambio, la URSS implosionó, víctima de Yeltsin y Gorbachov que la liquidaron, seducidos por las promesas y el dinero de Reagan, Thatcher y el Vaticano.
Hoy la mortalidad infantil en Cuba es del 4,2 por mil nacidos vivos y la mortalidad materna de 21 cada cien mil partos: el socialismo lo hizo. En tiempos de Batista otros eran los registros.
Las condiciones de vida han mejorado y la expectativa de vida es de 77,9 años. Tanta mejoría no deja de tener su doble aspecto. El viceministro del Consejo de Ministros, Marino Muriño, dijo en la reciente Asamblea Nacional que el envejecimiento “es uno de los problemas más serios que enfrentamos”.
Cuba no es angurrienta. El 16 de diciembre pasado se agasajó en el Salón Azul del Congreso a los jóvenes argentinos recibidos de médicos y otras profesiones en Cuba en 2012 y 2013. Se aplaudió a 445 médicos, 8 licenciados en educación física, un ingeniero civil, un licenciado en física y matemáticas y un ingeniero en biomedicina. Todos fueron becados por la isla y son jóvenes de origen humilde, y volvieron profesionales por la bondad del socialismo cubano. ¿Cómo no festejar sus 55 años en Argentina?

Los cambios.
¿Acaso ese socialismo permaneció igual en estas más de cinco décadas? Por supuesto que no. Nunca fue “copia ni calco” del que había triunfado en Petrogrado y Beijing, aunque a veces le costó ser “creación heroica”, como pedía el peruano Carlos Mariátegui.Claro que cambió muchas cosas la revolución cubana, como si se inspirara en la letra de “Todo cambia” que cantaba Mercedes Sosa.
A las camadas de revolucionarios más antiguos posiblemente les cueste entender algunas de esas transformaciones. Incluso si Ernesto Che Guevara hubiera revivido y asistido a la mencionada sesión de la Asamblea Nacional, le habrían resultado extrañas ciertas políticas detalladas por las ministras de Economía y de Finanzas, al comentar el Presupuesto 2014. ¿Cómo es que ahora se cobran impuestos sobre las utilidades, la utilización de fuerza de trabajo y los ingresos personales?
Posiblemente también al argentino-cubano le llamaran la atención de los Lineamientos Económicos y Sociales (1911) uno que plantea crear empresas cubanas en el exterior y otro que fomenta la inversión extranjera en Cuba. Más aún, en marzo próximo está prevista una ampliación de la ley de inversiones extranjeras, interesada como está la dirección del país para llevar adelante la Zona Especial de Desarrollo Mariel, como central marítima-comercial abierta a inversiones extranjeras, sobre todo chinas, rusas y brasileñas.
El presidente precisó en su mensaje a la Asamblea que el objetivo es “mejorar el funcionamiento de la economía y la edificación de un socialismo próspero y sostenible, menos igualitario y más justo, lo que en definitiva propiciará mayores beneficios a todos los cubanos”. ¿Socialismo próspero? Sí. ¿O hay que identificar a ese sistema con la pobreza? En eso sí se puede apoyar Raúl Castro en los clásicos, que proyectaban saltar “del reino de la necesidad al reino de la libertad”.
Nadie piense que las cosas están perfectas en Cuba. El PBI fue planeado en 2013 para aumentar 3,6 por ciento y sólo creció el 2,7; y para 2014 fue previsto en 2,2. Junto con esas limitaciones materiales está el costado social preocupante, de indisciplina laboral, desorden, ilícitos, fenómenos de corrupción en funcionarios y puntos de vista de enriquecerse a cualquier costo, en algunos sectores de la juventud que no trabajan en los rubros para los que estudió.
Este 1 de enero en el Parque Céspedes de Santiago y en las otras ciudades la parte más movilizada del pueblo festejará los 55 años de una revolución auténtica y que necesita seguir profundizándose. En este punto de su desarrollo su peligro no es la Zona de Mariel ni las cooperativas ni el cuentapropismo. Paradojalmente su meta clave es “el establecimiento y preservación de un clima de orden, disciplina y exigencia”, como planteó el presidente en su último mensaje. ¿No es que una revolución es la ruptura del orden social? Sí, rompe el orden terrateniente-burgués-semicolonial, pero busca un orden superior, ese que aún falta completar en la isla de la dignidad.

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Eduardo Galeano: Yo tenía 12 años cuando el asalto al Moncada

Nunca he confundido a Cuba con el paraíso. ¿Por qué voy a confundirla, ahora, con el infierno? Yo soy uno más entre los que creemos que se puede quererla sin mentir ni callar.

Por: Eduardo Galeano

Yo tenía doce años cuando el asalto al Moncada, dieciséis cuando el desembarco del Granma, dieciocho cuando los guerrilleros entraron, victoriosos, en La Habana. Los hombres de mi generación hemos tenido la suerte de coincidir, en el tiempo, con la Revolución Cubana. Desde temprano se nos mezcló en la vida y se nos metió en el alma.

Junto a muchos millones de hombres, celebro esta revolución como si fuera mía.

Ella me ha transmitido fuerzas cuando me he sentido caer. Me ha contagiado energía, día tras día, año tras año, a lo largo del proceso que la puso a salvo de la derrota o la traición. Cuba rompió en pedazos la estructura de la injusticia y confirmó que la explotación de unas clases sociales por otras y de unos países por otros no es el resultado de una tendencia “natural” de la condición humana ni está implícita en la armonía del universo. Muchas murallas se ha llevado por delante este viento de buena furia popular. La colonia se hizo patria y los trabajadores, dueños de su destino. La mujer dejó de ser una pasiva ciudadana de segunda clase. Se acabó el desarrollo desigual que en toda América Latina castiga al campo a la par que hincha a unas pocas ciudades babilónicas y parasitarias. Se borró la frontera que separa el trabajo intelectual del trabajo manual, resultado de las tradicionales mutilaciones que nos reducen a una sola dimensión y nos fracturan la conciencia.

No ha resultado ningún paseo esta hazaña, ni ha sido lineal el camino. Cuando son verdaderas, las revoluciones se hacen en las condiciones posibles. En un mundo que no admite arcas de Noé, Cuba ha creado una sociedad solidaria a un paso del centro del sistema enemigo. En todo este tiempo, yo he amado mucho a esta revolución. Y no solo en sus aciertos, lo que resultaría fácil, sino también en sus tropezones y en sus contradicciones. También en sus errores me reconozco: este proceso ha sido realizado por sencillas gentes de carne y hueso, y no por héroes de bronce ni máquinas infalibles.

La Revolución Cubana me ha proporcionado una incesante fuente de esperanza. Ahí están, más poderosas que toda duda o reparo, esas nuevas generaciones educadas para la participación y no para el egoísmo, para la creación y no para el consumo, para la solidaridad y no para la competencia. Y ahí está, más fuerte que cualquier desaliento, la prueba viva de que la lucha por la dignidad del hombre no es una pasión inútil, y la demostración, palpable y cotidiana, de que el mundo nuevo puede ser construido en la realidad y no solo en la imaginación de los profetas.

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