Cuba: Nadie que entre a los terrenos de la embajada norteamericana en La Habana podrá pedir asilo

f0039819

Nadie que entre a los terrenos de la embajada norteamericana en La Habana podrá pedir asilo bajo la Ley de Ajuste cubano. La causa es muy simple: la sede diplomática NO es territorio de ese país.

Así lo ha debido aclarar el Departamento de Estado luego de que el congresista Mario Díaz-Balart afirmara categóricamente que los cubanos podrían pedir asilo en la sede diplomática, si lograban entrar en ella.

“Hay una creencia popular de que la embajada de Estados Unidos es territorio de Estados Unidos, y eso es incorrecto”, aseguró en entrevista con OnCuba la jefa adjunta de la Oficina de Prensa y Cultura de la embajada de Estados Unidos en Cuba, Lydia Barraza.

“Tenemos cierta inmunidad diplomática pero no somos territorio y por esa razón es imposible que alguien pueda reclamar asilo en el espacio físico de la sede o de la oficina consular. La persona tiene que estar físicamente en territorio de los Estados Unidos para pedir asilo; la ley de Inmigración norteamericana así lo dispone”, apuntó la funcionaria.

“Bajo la Administración Clinton los dos países firmaron acuerdos migratorios, según los cuales Estados Unidos garantizará 20 mil visas de emigrantes cada año, que hemos entregado sobre todo en procesos de reunificación familiar. Esos acuerdos hacen posible una vía de emigración legal y segura. Antes del restablecimiento de las relaciones diplomáticas ya sosteníamos conversaciones sobre temas migratorios, que ahora continuarán. Insistimos que lo importante es que las personas conozcan que hay una manera legal y segura de emigrar hacia los Estados Unidos”, agregó.

Las autoridades norteñas salen pronto al paso de un rumor levantado por el congresista y un bloguero cercano a las posiciones anti-normalización del caucus cubanoamericano, para evitar incidentes en la misión enclavada frente al Malecón habanero, a donde cada mañana acuden más de mil personas para entrevistas consulares u otros trámites.

Están conscientes de que si se esparce la creencia de que cualquiera podría optar por los exclusivos privilegios migratorios de la Ley de Ajuste, con solo pasar la verja, podrían provocarse situaciones similares a las vividas en la embajada de Perú, en 1980, como preámbulo de la crisis migratoria del Mariel.

La jefa adjunta de la oficina de Prensa y Cultura quiso remarcar que la administración Obama carece de planes para modificar la Ley de Ajuste, “otra creencia popular que también es incorrecta”, dijo.

Según las estadísticas más recientes, además de las 20 mil visas migratorias de cada año, un promedio de otros 20 mil cubanos han llegado en los últimos dos años a las fronteras de Estados Unidos por vías irregulares, básicamente las fronteras con México y Canadá, y la vía marítima. La existencia de una norma que considera perseguido político a cualquier ciudadano nacido en el archipiélago es un fuerte aliciente para tomar los más variados caminos con tal de llegar.

(Tomado de OnCuba)

Historia de Cuba: La explosión del Maine y la intervención norteamericana

Por Israel Valdés Rodríguez*

La explosión del Maine y la intervención norteamericana en Cuba

La explosión del Maine y la intervención norteamericana en Cuba

A finales del año 1897 era evidente el accionar combativo del Ejército Libertador, la balanza de la contienda bélica se inclinaba, cada vez más, a favor de los mambises. El envío a Cuba de más de 200 000 efectivos del ejército español, más la reconcentración de la población, no lograron la anhelada pacificación. La ofensiva del general Ramón Blanco contra el legendario jefe mambí Calixto García en Oriente, también concluyó en un rotundo fracaso.

El 6 de diciembre de 1897 el presidente de los Estados Unidos, William Mckinley, en su mensaje anual al Congreso sobre el estado de la Unión, hizo marcada alusión al tema de Cuba y proyectó sus ideas injerencistas al respecto.

El 1ro de enero de 1898, Blanco instaura el régimen autonómico en Cuba lo que permitió cierta y limitada libertad de prensa. Entonces, el diario habanero “El Reconcentrado” publica un editorial con el título: “Fuga de Pícaros”, que exaltó los ánimos proespañoles y antiautonomistas de una turba reaccionaria que asaltó el local del diario y provocó una pequeña manifestación callejera, en la que se dieron vivas a Weyler y gritos contra Blanco. Este alboroto fue suficiente, para que el cónsul general norteamericano, Fitzhugh Lee, de manera oportunista magnificara los hechos y enviara un cable a su país solicitando se enviasen buques de guerra a la capital cubana en previsión de posibles ataques a los residentes estadounidenses en la isla o a sus propiedades.

El 24 de enero, el presidente de los Estados Unidos decidió enviar un buque de guerra, invocando las buenas relaciones entre ambos países, como un gesto de amistad, pero lo cierto es, que constituyó el inicio de un plan intimidatorio con que McKinley pretendía hacer un verdadera demostración de fuerza y marcaría sus proyecciones futuras de ingerencismo.

A las 11 de la mañana del 25 de enero de 1898, el acorazado de segunda clase, Maine, hacía su entrada en la rada de la Bahía de La Habana. A las 9:40 de la noche del 15 de febrero explotaba misteriosamente, pereciendo 266 de sus tripulantes, de los cuales una gran parte eran negros. La explosión fue en la proa donde la marinería tenía su dormitorio y seguidamente el fuego alumbraba un trágico espectáculo de muerte y horror. España y los Estados Unidos se incriminarían recíprocamente por este hecho, el cual ha sido objeto de reiteradas investigaciones a lo largo de más de un siglo, dirigidas primero a determinar las causas de la explosión y más tarde a establecer su relación con el proceso que condujo a la declaración de guerra por parte de los Estados Unidos a España.

Este triste episodio y la forma en que fue utilizado por la prensa norteamericana, con el fin de enardecer los ánimos de su pueblo, fueron signos evidentes, de la posterior ruptura de relaciones y el desencadenamiento de las hostilidades. Fue el pretexto para la intervención en la contienda y la declaración de guerra a España.

La intervención armada norteamericana.

Después de un proceso de gestiones diplomáticas y de intensa campaña propagandística destinada a preparar las condiciones necesarias para la intervención armada en Cuba, le sucedió un período de movilización y tensión de todas las fuerzas militares y navales de los Estados Unidos. La superioridad naval norteamericana les permitió destruir la escuadra en Manila y la de Cervera frente a Santiago de Cuba en un verdadero tiro al blanco; sin embargo, en tierra, las tropas norteamericanas demostraron poseer marcadas deficiencias en la instrucción y la dirección de las acciones combativas y gracias a la cooperación y apoyo de las fuerzas mambisas pudieron obtener la victoria. Entonces, la manera en que los cubanos serían tratados se puso de manifiesto inmediatamente al impedir la entrada del insigne general Calixto García y sus compañeros en la capital oriental, bajo el pretexto de “posibles represalias” por parte de los cubanos. La dignidad e hidalguía del patriota holguinero se puso de manifiesto en la rotunda respuesta que le escribiera al general William Shafter, comandante supremo del ejército norteamericano destinado a Cuba.

En resumen, la política puesta en práctica fue un acuerdo del gobierno de los Estados Unidos. Sus proyectos y procedimientos marcaron el derrotero previsto en el plan injerencista. La explosión del Maine, la guerra con España, la ocupación de las colonias de estas, entre ellas Cuba, formaban parte del objetivo de rapiña del imperialismo. El plan completo implicaba la exportación de capitales para asegurar la esclavitud económica de América Latina y su conversión en mercado de productos industriales y fuente de materias primas.

* (San Antonio de los Baños, 1952) profesor e historiador, miembro del secretariado permanente de la Unión de Historiadores  de Cuba.

( Tomado del Blog: Cuba por Siempre )

Cuba: La contrarrevolución cubana nunca ha existido

Esteban Morales

En realidad lo que hoy llamamos contrarrevolución cubana, murió al nacer. Estados Unidos, como siempre ha hecho, frustró también toda posibilidad de que la contrarrevolución, que a partir de 1959 se organizaba, pudiese lograr ningún grado de legitimidad.[1]

La contrarrevolución también puede ser legítima, en la medida en que se proyecta y sea teorizada sobre el fundamento real de la existencia de clases desplazadas del poder, que luchan por reinstalarse nuevamente en este.

Es que los procesos revolucionarios, también legítimos, mucho más porque se sustentan en el avance, pueden retroceder, ser derrotados, revertidos y hasta suicidarse (como lamentablemente ocurrió con la Revolución Granadina). La revolución puede ser reversible, indicando así que no existían en realidad condiciones para su triunfo definitivo.

Pero la llamada contrarrevolución cubana actual, no es legítima, ni lo será nunca. Primero, porque los que trataron de organizarla, no tenían fundamentos históricos, sino solo intereses personales. Y por razones meramente personales se puede asesinar, armar revueltas, corromper procesos, pero nunca crear verdaderas organizaciones, plataformas de lucha, ni articular movimientos políticos contestatarios del poder de la revolución y articular una plataforma política coherente, una estrategia, un discurso, a menos de que la propia revolución se deslegitime.

Pero los problemas de la ilegitimidad de la llamada contrarrevolución cubana actual comenzaron mucho antes de 1959. Veamos lo que pretendemos decir.

La revolución cubana derrotó en 1959 una dictadura sangrienta, la de Fulgencio Batista, que representó el último eslabón del poder de una contrarrevolución, que había triunfado entre 1898 y 1902, liderada por Estados Unidos y secundada por las fuerzas anexionistas y plattistas que incluso, habían formado parte, algunas de ellas, del propio movimiento independentista contra España.

La revolución para entonces, era la martiana, que buscaba una república “con todos y para el bien de todos” , la cual fue momentáneamente derrotada por una clase que comenzó paulatinamente a penetrar los poderes civil y militar de la lucha independentista, envió sus representantes a combatir contra España, para no quedar al margen y finalmente se alió con Estados Unidos, para sacar adelante su proyecto de república, que no era la martiana, sino la aliada de Estados Unidos, la del protectorado primero y la neocolonia después.

No quiere decir, que algunos miembros de esta misma burguesía no estuviesen en desacuerdo con lo que ocurría en la república surgida a partir de 1902, pero no fueron capaces de evitarlo, ni tampoco hicieron gran oposición, sino que se aprovecharon de ella. Solo las masas populares organizadas y líderes esclarecidos, patriotas verdaderos, mantuvieron vivas las llamas de la lucha por la verdadera independencia.

Existían sin lugar a dudas dos proyectos en pugna; el martiano, que combatía por la independencia contra España, pero observaba con preocupación las apetencias de Estados Unidos sobre la Isla, por lo que pretendía cumplir con el doble propósito de una Cuba libre de España, pero al mismo tiempo independiente de Estados Unidos.

El otro proyecto, era el de aquellos que hasta luchaban contra España por lograr la independencia de esta, pero no confiaban en que Cuba pudiese darse a sí misma una república independiente, sin la tutela de Estados Unidos. En parte también, porque muchos de ellos, les temían al peso que las masas populares y desposeídas tenían dentro de las fuerzas que combatían contra España, en la etapa final de la contienda independentista del periodo 1895-1898.

La parte más poderosa de la burguesía cubana, como clase, en realidad, nunca fue independentista y mucho menos revolucionaria, era demasiado dependiente de España o de Estados Unidos en último caso. Por lo cual este ultimo volvió a tomar el mando de la acción contrarrevolucionaria, a partir del triunfo revolucionario de 1959, incluso antes, para ayudar a los desplazados por la revolución a reinstalarse en el poder. Tratando por todos los medios de hacer aparecer la actividad contrarrevolucionaria interna como una contienda civil. Deslegitimando así a las fuerzas de la revolución. Cuestión esta que coincidía con los intentos de Estados Unidos de recuperar a Cuba y con los intereses de la burguesía desplazada, la cual siempre se había conformado con hacerle la segunda al poder norteamericano en la Isla.[2]

Por eso, los que ahora denominamos “contrarrevolucionarios cubanos”, no son ni siquiera eso. Sino simples mercenarios al servicio de una potencia extranjera; armados, entrenados, educados y financiados por Estados Unidos, para tratar de derrocar al poder revolucionario en Cuba y así recuperar sus bienes y privilegios, que es lo único que les interesa. Por lo que el patriotismo de estos últimos, cabe en el bolsillo más pequeño de cualquier prenda de vestir.

Por eso no tienen plataforma política propia, ni discurso que convenza a nadie, ni moral, prestigio, ni verdaderos líderes. Son solo un grupo de corsarios al servicio de Estados Unidos, que lo mismo van por dinero a Centroamérica, que al África o que contratan mercenarios desempleados para que vengan a poner bombas en los hoteles turísticos de Cuba. Fuera de la plataforma que les ofrece la política norteamericana contra Cuba, pero sobre todo, al margen del dinero que reciben, no son nadie, no existen más allá de su nostalgia por retornar a la Cuba de los años cincuenta.

En resumen, estos que ahora llamamos contrarrevolucionarios, son herederos de la contrarrevolución que triunfó en Cuba a partir de 1898, liderada por Estados Unidos y secundada por los sectores anexionistas de la burguesía criolla, los reformistas, aliados de la burguesía imperialista norteamericana y de los sectores políticos que, en los Estados Unidos, deseaban para Cuba un protectorado, o una neocolonia y no una república independiente.

Sin embargo, aunque el proyecto martiano no triunfó entonces, el mismo hizo contribuciones, que fueron determinantes para la continuidad de la lucha por la verdadera independencia. Por cuanto José Martí lideró una tercera guerra, organizada y apoyada masivamente, de tal modo que esta resulto fundacional para la identidad nacional cubana; la cultura política independentista y para sembrar las semillas del antiimperialismo, evitando así la anexión de la Isla a Estados Unidos.[3]

Por ello, la dialéctica revolución-contrarrevolución no es nada nuevo en la historia de Cuba. La contrarrevolución ya triunfó en Cuba por varios años; y siempre bajo el mismo liderazgo (Estados Unidos) secundada por las mismas fuerzas políticas: los plattistas, reformistas y anexionistas de siempre.

Los cubanos de la Isla no necesitan entonces saber que ocurriría en Cuba si triunfara una contrarrevolución, lo saben. Pues lo vivieron.

Por lo cual, toda la reacción del pueblo cubano ante los intentos de Estados Unidos ahora por retomar el control de la Isla, se despliega sobre un solo telón de fondo, de que todos los cubanos de la Isla conocen como Estados Unidos administraría una contrarrevolución triunfante en Cuba.

De esta historia sintéticamente contada, provienen las razones de la condescendencia del ejecutivo norteamericano con la mafia criminal, que ha liderado la contrarrevolución contra Cuba.

No estaba el gobierno norteamericano negociando con un enemigo, el caso de Elián González, sino con su histórico aliado estratégico, que se les había ido de las manos.

Es que resulta necesario conocer bien que, la mafia anticubana de Miami, no es una simple pieza táctico-funcional de la política norteamericana hacia Cuba. Es mucho más que eso. Es parte de una estrategia integral de un proyecto político contra Cuba a bien largo plazo.

Aun y cuando esta mafia, tuviese que ver limitado su perfil de participación en una primera etapa por reconquistar a Cuba, de todos modos no podría prescindirse de ella en la siguiente etapa.

Los cubanos-americanos, constituyen para la política norteamericana algo así como la “Cuba alternativa”,[4] al decir de Luís Ortega, “La patria portátil”, que no tiene sino como objetivo, después de derrocar el poder revolucionario en Cuba, asegurarse de que esta no se les vuelva a escapar de las garras.

De lo contrario, ¿cómo imaginar que diez administraciones norteamericanas, por más de cincuenta años, hayan invertido tanto dinero y recursos para tratar de desestabilizar a Cuba y “clonarla” del otro lado del Estrecho de La Florida?

Esa ha sido una estrategia de tan largo plazo, como la de la “fruta madura ” de J. Quincy Adams. Se trata de la variante por medio de la cual Cuba llegaría a ser finalmente norteamericana.

Aunque es nuestra opinión, que el verdadero papel que la política norteamericana le tiene asignado a los cubano-americanos en su estrategia anticubana, es el de segundones, simples administradores. Por lo que no pueden hacerse ilusiones al respecto. Lo demás son simples circunstancias coyunturales. Por eso las administraciones no quieren ni pueden prescindir de ellos.

De aquí, en su momento, el interés desmedido de la administración Clinton por convencer a los secuestradores de Elián González, de que entregasen al niño, sin tener que verse el gobierno obligado a utilizar la fuerza. Se trataba de hacer todo lo posible por darles a entender a la mafia cubanoamericana, que, con su tozudez, estaban afectando algo más estratégico en las relaciones entre los grupos contrarrevolucionarios y la administración norteamericana.

Por eso demoro tanto en aparecer la voluntad por parte de la administración de solucionar el problema del niño afectando a su aliado. Dándole un golpe que lo anulase como posible pieza de su política hacia Cuba.

La administración ejecutó finalmente la decisión sobre el niño, por lo que ello representaba, en medio de una opinión pública interna casi totalmente adversa a continuar esperando y de una opinión internacional muy crítica. También, porque la decisión preliminar del tribunal de Atlanta, con el niño en manos de la mafia miamense, auguraba dificultades y complicaciones mayores hacia el futuro inmediato.

Pero la dilatación del proceso, tanto por parte de la administración como de la mafia, llevaba implícito la esperanza de que Juan Miguel González cediese ante la realidad, de que si se quedaba en los Estados Unidos podría tener al niño y mucho más. Pensamos que todos eran partidarios de ese tipo de solución, que solo la firmeza revolucionaria del padre de Elián pudo conjurar.

Por lo que todo ello, no fue más que un ejemplo de que las administraciones estadounidenses han utilizado a la mafia contrarrevolucionaria contra Cuba y continuarán utilizándola. El grado en que lo continúen haciendo puede que llegue a ser algo no solo producto de su voluntad política, sino también de cómo se desarrolle hacia el futuro el debate de la política hacia Cuba. (Tomado de Moncada)

La Habana, Mayo 12 del 2012.


[1] Desde antes del triunfo revolucionario de 1959, ya el entonces presidente Eisenhower hacia todo lo posible por evitar la toma del poder político por parte de la fuerzas revolucionaras lideradas por Fidel. Como ello fue imposible, entonces la actividad de los planes contrarrevolucionarios fraguados, organizados y financiados desde Estados Unidos, se concentraron entonces en evitara toda costa que las fuerzas revolucionarias se consolidaran en el poder. Todo lo cual tuvo lugar siempre bajo el liderazgo de las administraciones norteamericanas hasta hoy. [2] Para ampliar ver: Esteban Morales. Cuba- Estados Unidos: Las esencias de una confrontación histórica. Revista Universidad de La Habana, No. 260. La Habana, Cuba, pp.150-167. [3] Creo que es importante esclarecer, que la anexión, tal y como era vista en esa época, no tiene ya vigencia. .Se trataba entonces de que Cuba llegara a ser una estrella más en la constelación de estrellas de la bandera norteamericana. Pero, ¿ podríamos imaginar hoy, que la extrema derecha que lidera la política hacia Cuba nos conceda, según ellos, el” honor” y el “privilegio” de ser un estado más de la Federación con todos sus derechos y deberes? Luego la anexión de que se habla, no iría más allá de devolver a Cuba al área de influencia de Estados Unidos nuevamente. [4] Ver: Luís Ortega, Cubanos en Miami, Editorial Ciencias Sociales, La habana, Cuba, 1988.

Miami: La República del Miedo

Muchas veces se escuchan las loas a los “aportes cubanos a la sociedad norteamericana” a nuestra pujante cultura milenaria de platanitos y choteo, pero lo más impresionante es el elogio a la forma en que “nuestra forma de ver la vida” ha impactado a las comunidades donde residimos, como el caso del Sur de la Florida, donde se asienta la inmensa mayoría del casi un millón de cubanos emigrados.

En realidad existe un aporte innegable a la sociedad norteamericana y va más allá del simplismo y el alarde, es el esfuerzo de nuestra gente por insertarse en una sociedad extraña y rapaz, es su arduo trabajo cotidiano en enraizarse en este pantano arenoso, donde el racismo y la soberbia son plagas más peligrosas que indefensos cocodrilos o serpientes de coral.

La mayoría de los cubano-americanos en esta parte de Norteamérica hemos venido a estas tierras después de 1980 y más de la mitad no ha roto sus lazos con la isla, viajando frecuentemente a Cuba. Tanto es así que más de medio millón de cubanos residentes en los Estados Unidos tienen pasaporte de su país de origen, medida exigida por el Gobierno de la isla, junto con un costoso permiso de entrada, tramitado cada vez que viajan a su patria.

Estos emigrados, en la búsqueda de un futuro económico mejor para sus familias, se han asentado mayoritariamente en comunidades de dos estados, la Florida y Nueva Jersey, donde han aprovechado las bases de pequeños negocios y otros grupos de habla hispana que les han dado pie para su aclimatación inicial en los Estados Unidos, teniendo un terreno favorable que no ha estado al alcance de otros inmigrantes.

Sin embargo, en el caso de los cubano-americanos, las grandes fortunas y el poder político se concentran -con las naturales escasas excepciones- en los batistianos y sus descendientes, así como en las personas vinculadas al narcotráfico y sus secuelas, como el lavado de dinero ilícito o la política, término muy árido para describir la industria que se mueve en derredor de la corrupción y los subsidios federales a los “combatientes” por la libertad de Cuba.

Una pléyade de organizaciones “exiliadas” de todos los pelajes, cuyo principal mérito es el chantaje a los hombres de negocios locales y su propia gente, subsiste gracias al dinero de las instituciones norteamericanas, escabullándose del diario honor de ganarse el sustento y ocupando ríos de tinta y horas interminables de radio, las cuales convierten en sentinas de insultos y ataques, no sólo a sus “enemigos ideológicos”, sino a quienes se niegan a “pagar el barato” de sus coimas, o a participar en sus periódicas colectas para una lucha inexistente.

Esta enfermiza y cancerosa tendencia se ha extendido a la prensa local, donde el temor bien fundado se extiende por redacciones y estudios, limitando la libertad de expresión a tendencias enfermizas que han destruido periódicos y reputaciones, ante el terrorismo de nuevo corte, el económico, el cual ha hecho quebrar a estaciones de radio y televisión y publicaciones de todos los tamaños.

Las amenazas no siempre se hacen sangre, pero este grupo gansteril prospera gracias al miedo extendido en la comunidad, ante represalias bien reales, como grupos organizados y pagados constituidos similarmente a las “porras” de nuestra historia reciente, movilizados para amedrentar a quienes se atreven a salirse de la línea pautada por los rabiosos “combatientes por la libertad”, o sencillamente no pagar los derechos a su paz.

Esta república del miedo, donde medran la corrupción y el cohecho, donde gobiernan delincuentes y asesinos -no en potencia pero sí muy reales-, donde el principal mérito es seguir al malandro que ha hecho fortuna con el robo y la mentira, es el principal aporte de estos cubanos de origen y mercenarios de corazón a la sociedad norteamericana, lo cual mancha a toda la comunidad y avergüenza a nuestros hijos de sus raíces cubanas.

La esperanza de los tontos es que el tiempo y la naturaleza los hagan desaparecer, pero la simple bondad no acaba con la maldad, hay que poner fe, carne al hueso de la intención, músculo a la idea del triunfo. La forma de vencer a los malvados es nuestra propia virtud, la unión de los justos y la participación plena en la defensa de nuestra vida y la de nuestros hijos.

Ellos no son nosotros, son una enfermedad lógica de las sociedades, su lado oscuro y malvado, pero en las palabras del poeta, los sietemesinos permiten medrar a los malandros con la complicidad de su tibieza, sólo la voluntad de la esperanza podrá limpiar nuestras comunidades de los representantes plenos de esta república del miedo.

 

EEUU: Periodista de CNN elogia a marines que orinaron cadáveres

Dana Loesch

Dana Loesch, una periodista de 33 años contratada por la cadena transnacional para colaborar como analista en el tema de las elecciones presidenciales, aseguró que “yo me habría bajado los pantalones y habría hecho lo mismo”.

“Quiero un millón de ‘puntos chéveres’ para estos muchachos. ¿Es tan difícil de decir?”, enfatizó la reportera este jueves 12 de enero, en su programa radial.

A pesar de que las autoridades de la Marina norteamericana han asegurado que las alegaciones en torno al comportamiento de los marines “son muy serias” y “representan una ruptura con los estándares esperados en militares norteamericanos”, para Loesch no parece ser lo mismo, ya que manifestó: “¿Puede alguien explicarme si va a haber un escándalo por unos marines orinando sobre combatientes talibanes?”.

(Tomado de http://noticias.starmedia.com/)

Cuba: Larga marcha de mujeres en Holguín

Holguín, Cuba. – La pacifista norteamericana Cindy Sheehan habló en Holguín a más de 20 mil asistentes a la manifestación por la libertad de los Cinco y contra el terrorismo.

Como colofón del Coloquio que exige el fin a la injusticia y la vuelta a casa de esos héroes cubanos, la marcha duplicó se expectativa de participación al cerrar en la Plaza Che Guevara, donde se expresaron activistas del movimiento mundial solidario con los Cinco.

Notable por su protagonismo femenino, la demostración apoyó el llamado de madres y esposas de los luchadores antiterroristas para la excarcelación de sus familiares, en tanto denunció el peligro para la vida de René González de la llamada libertad supervisada.

Cindy Sheehan obsequió a las madres de los héroes prisioneros un símbolo de su propio hijo muerto en Iraq, víctima también de la política de terrorismo de Estado gestada por Washington.

 

A %d blogueros les gusta esto: