EE.UU. es autor de unos 10.000 atentados similares al 11S contra otros países

FOTO: Afp

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La suma de las muertes causadas por ataques de las tropas de EE.UU. y las fuerzas de la CIA en el extranjero después de la Segunda Guerra Mundial equivale a las víctimas mortales que podrían causar unos 10.000 atentados de la escala del 11S, según una estimación del activista antibelicista James Lucas.

Según los cómputos del pacifista, derivados en parte de un libro de William Blum sobre el intervencionismo estadounidense, el número de países que en al menos una ocasión han sido objeto de invasión, bombardeo o complot por parte de Estados Unidos llega a 37.

William Blum / RT

William Blum / RT

Las víctimas mortales causadas en las distintas intervenciones alcanzan la cifra de entre 10 y 15 millones, incluidas las fallecidas en la guerra de Corea, la de Vietnam, la de Afganistán y las dos guerras de Irak, entre otros conflictos múltiples. El autor solo excluye las pérdidas entre los militares o agentes estadounidenses de las fuerzas de intervención.

“Las causas de las guerras son complejas”, admite James Lucas en un extenso artículo publicado en el sitio web The Art of Not Being Governed. En cuanto a la metodología del estudio, Lucas explica: “En algunos casos las naciones ajenas a Estados Unidos pueden ser responsables de un mayor número de muertes, pero si la participación de nuestro país parecía haber sido una causa necesaria de un conflicto, EE.UU. fue considerado responsable de aquellas muertes“.

En otras palabras, explica el investigador, solo se trata de los conflictos que probablementeno hubieran ocurrido si EE.UU. no se hubiera interferido en el desarrollo de la situación. Solo se calcularon los casos en los que el poderío militar y económico del país fue crucial.

Cada vez que se aborda el tema del terrorismo, los estadounidenses recuerdan el dolor y la ira provocados por los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington. Pero, ¿cómo medir el dolor y la ira que causó EE.UU. en las décadas transcurridas después de 1945, se pregunta el autor, si no es dividiendo la totalidad de las víctimas causadas por las intervenciones estadounidenses entre el balance mortal de la tragedia de 2001 en suelo estadounidense?

A la terrible cantidad de víctimas mortales causada por EE.UU. todavía hay que sumar un promedio de 10 heridos por cada fallecido, unas cifras que dejan aún más dolor, indignación y deseo de venganza entre los supervivientes.

Gorbachov se esforzó por destruir el Pacto de Varsovia y la comunidad socialista

El Presidente Ruso, Boris Yeltsin apunta al Presidente Soviético, Mijail Gorbachov, durante una sesión en el Parlamento Ruso, durante el Golpe de Estado en la Unión Soviética en Agosto de 1991. / GENNADY GALPERIN (REUTERS)

El Presidente Ruso, Boris Yeltsin apunta al Presidente Soviético, Mijail Gorbachov, durante una sesión en el Parlamento Ruso, durante el Golpe de Estado en la Unión Soviética en Agosto de 1991. / GENNADY GALPERIN (REUTERS)

El 25 aniversario de la caída del muro de Berlín es diferente a los otros cumpleaños del suceso considerado el símbolo por excelencia del fin de la Guerra Fría. Los conflictos entre Ucrania y Rusia no permiten pretender que el continente europeo avanza, aunque sea a trancas y barrancas, hacia la “Casa Común Europea” desde el Atlántico hasta Vladivostok, el camino que esbozó el líder de la URSS Mijaíl Gorbachov. En poco tiempo Europa ha retrocedido de forma acelerada en esa ruta apenas hollada hace un cuarto de siglo.

Alegando necesidades de defensa ante Rusia, el primer ministro de Ucrania, Arseni Yatseniuk, promueve el proyecto “Muro” consistente en unas instalaciones fortificadas, que incluyen también una muralla de tierra o terraplén, a lo largo de los 2.295 kilómetros de frontera con el vecino oriental, de los cuales, casi 300 kilómetros eran controlados por los insurgentes prorusos a mediados de octubre. En un puesto fronterizo de Járkov, Yatseniuk dijo que el Muro facilitaría la abolición de los visados con la UE y la integración en la OTAN, además de generar empleo. Más de mil personas, afirmó, se apuntaron para construirlo.

El año 1989 estuvo lleno de sucesos históricos para la Unión Soviética, donde la caída del Muro de Berlín no tuvo la misma importancia que en Occidente. En la URSS el corte simbólico entre dos épocas se produjo en agosto de 1991 cuando varios altos cargos del régimen dieron un golpe de estado y con ello el tiro de gracia al Estado que intentaban salvar. Las 15 repúblicas integrantes de la URSS evolucionan ahora en distintas direcciones y en algunas fronteras en Asia Central y en el Cáucaso, antes divisiones administrativas, hay campos de minas.

Sondeos del centro Levada realizadas en enero pasado indican que, como hace cinco años, los rusos (el 33%) creen que la retirada de las tropas soviéticas de Afganistán fue lo más importante que ocurrió en 1989, seguida por la caída del Muro (25%) y la huelga de los mineros (16%). En Donetsk, algunos jubilados que protagonizaron aquellas huelgas, miran con horror como la violencia sacude su región.

“Las realidades defraudaron las expectativas”, dice Andréi Grachov, ex portavoz de Gorbachov. “En el Este de Europa y la URSS creían que al otro lado del muro reinaban la abundancia, la democracia y la hospitalidad. Ahora están decepcionados al haber descubierto un mundo complicado, contradictorio y problemático, que los rechaza y que ha desplazado el muro desde Berlín a la frontera ruso-ucraniana. Descubren que la Casa Común Europea se construyó sin Rusia”, afirma Grachov. “Los occidentales también se decepcionaron, al comprender que el Muro, además de defender los regimenes represivos del Este, protegía al mundo occidental de la pobreza, conflictos y nihilismo del Este. Al desaparecer la barrera, la riada humana amenazó el bienestar que Occidente daba por sentado”, añade.

“El muro de Berlín fue un gran símbolo, al construirse y al destruirse”, dice el político Serguéi Baburin, uno de los seis diputados del parlamento ruso que votaron contra la disolución de la URSS en diciembre de 1991. El día de la caída del muro, Baburin, por entonces era decano de la facultad de derecho en Omsk (Siberia) estaba como invitado en el parlamento soviético y recuerda que en el vestíbulo se trasmitían los sucesos de Berlín por televisión. “La mayoría de los diputados estaban encantados, pero yo no sabía si compartir el júbilo de los alemanes o irritarme porque comprendía que el muro no se erigió de forma casual, sino que impedía la guerra caliente en Europa. Ahora sé que la directiva de la URSS con Gorbachov al frente se esforzó por destruir el Pacto de Varsovia y la comunidad socialista. La euforia desconectó el inconsciente y alteró el sistema de coordenadas morales y políticas de la opinión pública”, afirma. “Hoy comprendo que la destrucción del muro de Berlín fue una de las operaciones psicológicas claves para desmoralizar a los partidarios del socialismo en Europa del Este. La práctica mostró que los líderes de la civilización anglo-atlántica no querían construir la Casa Común Europea sino solo reforzar el portal donde reside la OTAN”, afirma. Ante la “ingratitud” de Occidente, Rusia inició una “integración euroasiática”, explica Baburin, que siempre estuvo por la reintegración de la URSS y la unión de Crimea a Rusia.

La idea de que occidente se aprovechó de la caída del muro está muy arraigada en Rusia. Los dirigentes rusos desconfían del acercamiento de la Alianza Atlántica a sus fronteras, recelan de los fines de la Defensa Antimisiles norteamericana y quisieran que Estados como Ucrania, Moldavia o Georgia dieran garantías de neutralidad. Las memorias históricas que cultivan los Estados postsoviéticos están en conflicto entre sí y esta desarmonía se agravó cuando Moscú, tras intentar liberarse de las cargas de un pasado colonial, asumió la herencia de la URSS. Los miedos de los pequeños Estados ante Rusia tienen como corolario el miedo de Rusia a verse cercada por un cinturón hostil. Ambos temores son reales y condicionan políticas y estrategias. Hace tiempo que la Guerra Fría está enquistada en los problemas territoriales no resueltos de la URSS, como la región del Trasndniéster, en Moldavia.

“Occidente podría haber ayudado y reforzado a Gorbachov en la cumbre del G7 de 1991 en Londres, cuando el presidente de la URSS pidió un plan Marshal para ayudar a la economía rusa, pero Occidente, y en primer lugar EEUU, consideraba que Gorbachov había agotado todos sus recursos y que Yeltsin tenía más perspectivas, porque era anticomunista y prometía cumplir con el papel de socio menor”, dice Grachov. “Occidente no podía salvar a Gorbachov de los conflictos en su país, pero podría haber prolongado la vida de su proyecto y de la URSS”, afirma.

“Las promesas que Occidente dio a Gorbachov de no crear nuevas infraestructuras ni llevar nuevas tropas ni armas de destrucción masiva afectaban al territorio de la RDA, fueron incluidas en el acuerdo con Alemania y se cumplen hasta ahora”, afirma Pavel Paláshenko, el ayudante e intérprete de Gorbachov. “En 1989 existía aún el Tratado de Varsovia (la alianza militar de la URSS y sus socios europeos) y si Gorbachov hubiera planteado la no ampliación de la OTAN a países del pacto de Varsovia lo hubieran considerado loco. Hasta 1992, ni un solo país de la ex Pacto de Varsovia planteo el ingreso en la OTAN”, puntualiza Paláshenko. “Es más cómodo echarle la culpa a Gorbachov que a Yeltsin, que fue la persona que llevó al poder al presidente actual”, dice, insinuando que el Kremlin propicia estas tendencias.

Rusia descuidó a los “perdedores” de la “globalización” simbolizada por la caída del muro. Tras la retirada de las Fuerzas Armadas de Europa y los recortes en el Ejército, centenares de miles de uniformados se incorporaron a la vida civil. Se convirtieron en taxistas, vigilantes, guardaespaldas y sumaron su frustración a la de las clases medias incipientes arruinadas en las reformas de mercado. Flujos migratorios de eslavos procedentes de Asia Central vendían todas sus posesiones para comprarse un pasaje a Rusia, Ucrania o Bielorrusia. Aquellas penurias son el caldo de cultivo en el que se ha fortalecido Vladímir Putin, por ofrecer primero estabilidad y después la compensación psicológica y moral de intentar juntar los fragmentos dispersos del imperio.

“Gorbachov ha perdido actualidad. La población tiene una actitud negativa ante él, pero más tranquila que en los noventa”, dice Lev Gulkov, director del centro Levada. La institución no dispone de cifras recientes, pero en 2010 predominaba la indiferencia (el 47% de los encuestados) combinada con la irritación (10%) y el desagrado (un 13%). En relación a la “Perestroika”, un 55% creen que salieron perdiendo de aquel periodo de reformas, frente a un 35% que creen haber ganando, dice Gulkov citando cifras del pasado agosto. “La popularidad de la “perestroika” aumenta de año en año, pero de forma lenta”, añade. En 1998-1999, antes de la llegada de Putin al poder, la cifra de quienes se veían como perdedores era del 75%.

Oficialmente la URSS fue disuelta por los líderes de las tres repúblicas eslavas el 8 de diciembre de 1991 en los bosques de Bielorrusia. Gorbachov estaba ya muy debilitado tras el golpe de Estado de agosto y no se resistió ni sacó el Ejército a la calle, como no había impedido en 1989 que cayera el muro. El rechazo a la violencia es uno de los rasgos que lo distingue de otros dirigentes rusos del pasado.

Vladímir Putin abrió de nuevo a Gorbachov las puertas del Kremlin, que Yeltsin le había cerrado. El presidente ruso y el ex presidente soviético se reunieron en varias ocasiones, pero sus citas se han espaciado y las relaciones de Gorbachov con el Kremlin son correctas, aunque fluctúan dentro del distanciamiento. Medios próximos al ex líder soviético opinan que el punto más bajo de la relación se dio en 2011 cuando Gorbachov declaró que Putin no debería volver a presentarse a las elecciones a la jefatura del Estado y criticó las irregularidades en los comicios.

Quizá el momento de mayor proximidad entre Gorbachov y el Kremlin se dio durante la presidencia (2008-2012) de Dimitri Medvédev, quien retomó algunas de las antiguas propuestas del líder soviético para una nueva arquitectura de seguridad en el continente europeo. En 2011 Medvédev condecoró a Gorbachov con motivo de su 80 cumpleaños y “como símbolo de respeto al Estado que usted dirigió, al Estado que fue nuestra patria común, la Unión Soviética”.

El ex presidente soviético ha respaldado la incorporación de Crimea a Rusia, pese a la condena internacional de la anexión, y se ha manifestado en contra de las sanciones occidentales. “Para anunciar sanciones debe haber motivos muy serios que deben ser apoyados por la ONU. La expresión de la voluntad popular en Crimea y el (…) aceptar (la península) en la Federación Rusa en calidad de región no es tal motivo”, dijo Gorbachov a Interfax. El “pueblo decidió corregir el error” de los dirigentes comunistas que unieron Crimea a Ucrania en 1954. “Esto hay que acogerlo positivamente y no declarar sanciones”, porque es “una alegría y como tal hay que aceptarla”.

En Moscú, el ex presidente de la URSS, de 83 años, acude a su despacho en la fundación que lleva su nombre. Allí estaba un día después de que una radio rusa sembrara la alarma alegando que su salud se había deteriorado.

Por motivos económicos la fundación ha reducido actividades y personal, tras rechazar las subvenciones y becas internacionales que, de acuerdo con la nueva legislación rusa, la hubieran obligado a definirse como “agente extranjero”. Gorbachov costea gastos con sus propios recursos que también disminuyeron porque el líder soviético, por su salud, tiene una agenda más limitada. Gorbachov sigue fiel a si mismo. Nunca quiso ser un revolucionario; Es un socialdemócrata, partidario del “socialismo con el rostro humano”, y se opuso la desintegración de la URSS. Intentó renovar ambas cosas, el Socialismo y el Estado–, y no lo logró.

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Europa y la puta de Babilonia

Por: Atilio Boron

atilio_boron_dosLa detención y, en los hechos, el secuestro sufrido por Evo Morales durante 14 horas en Viena en su accidentado viaje de regreso desde Moscú demuestra claramente que los gobiernos europeos, y las clases dominantes a las cuales estos representan y en cuyos intereses actúan, son simples sirvientes del imperio. Toda su hueca fraseología sobre democracia, derechos humanos y libertades se derrumba como un castillo de naipes ante la contundencia de la prohibición que le impedía al presidente boliviano sobrevolar el espacio aéreo de algunos países europeos. Por supuesto, nada de esto debiera sorprendernos porque si de algo han dado prueba los sucesivos gobiernos de Europa desde finales de la Segunda Guerra Mundial ha sido su irresistible vocación por arrodillarse ante el nuevo amo imperial y satisfacer sus menores deseos, aún a costa de su dignidad y su vergüenza. No todos los gobiernos ni todo el tiempo, es cierto, porque hubo algunas excepciones: De Gaulle en Francia, Olof Palme en Suecia, entre los más notables, pero sí la gran mayoría de ellos.

Obedecen ciegamente las órdenes de la Casa Blanca para condenar a Cuba y participar en el criminal bloqueo a que han sometido a la isla por más de cincuenta años; consintieron que Estados Unidos y la OTAN, la mayor organización terrorista internacional, bombardease impunemente el propio territorio europeo, la ex Yugoslavia, sin contar siquiera con el paraguas legal de una decisión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas autorizando esa operación; autorizaron y fueron también cómplices de los vuelos “secretos” de la CIA, en los que trasladaban “detenidos fantasma” (o desaparecidos) de numerosas nacionalidades hacia las cárceles clandestinas donde se podía torturar y asesinar con total impunidad a esto supuestos sospechosos de terrorismo; gobernantes, por último, cómplices de los innumerables crímenes de guerra perpetrados por Washington en locaciones tan diversas como la ex Yugoslavia, Irak, Irán, Afganistán, Libia y Siria, entre los más recientes.

Gobiernos genuflexos, sin dignidad alguna, que aceptan resignadamente que su amo y señor los espíe y que monitoree las comunicaciones de sus órganos regionales como la Comisión Europea mientras persiguen a Julian Assange y Edward Snowden por el “delito” de haber hecho públicas las masivas violaciones de Estados Unidos a los derechos individuales. En una palabra: la Casa Blanca actúa con esos gobiernos europeos como un siniestro e inescrupuloso patrón lo hace con sus indefensos subordinados. Y los gobiernos de Francia, España, Portugal e Italia, a su vez, actúan como la puta de Babilonia, que según narra la Biblia en el Apocalipsis (2. 17) “con ella fornicaron los reyes de la tierra –léase los “capos” de Washington- y los habitantes de la tierra se embriagaron con el vino de su prostitución.” Por enésima vez esos gobiernos volvieron a prostituirse violando las normas internacionales consuetudinarias que otorgan inmunidad a los jefes de Estado y de Gobierno y a las aeronaves (o cualquier otro vehículo) que los transporte. La Convención de Naciones Unidas sobre Inmunidades de los Estados y sus bienes de 2004 recoge estas normas y las amplía, pero desgraciadamente aún no está en vigencia.

Sería por ello importante que la Argentina y demás Estados de Unasur la ratifiquen cuanto antes e impulsen su entrada en vigencia, dado que protege las inmunidades soberanas, cada vez más amenazadas por la desenfrenada contraofensiva lanzada por el imperialismo para regresar América Latina y el Caribe a la situación existente antes de la Revolución Cubana. Aunque, ya se sabe, si hay algo que el imperialismo jamás respeta, como lo prueba la historia y lo teoriza Noam Chomsky, es la legalidad internacional, sea esta codificada o no. Los presidentes de Argentina, Cuba, Ecuador, Venezuela, el Secretario General de la Unasur, Alí Rodríguez y, ¡stupor mundi !, el mismísimo Secretario General de la OEA José Miguel Insulza manifestaron su repudio ante la actitud de los gobiernos europeos. El presidente Correa sintetizó la opinión prevaleciente en toda la región cuando tuiteó que “¡Todos somos Bolivia!” Sorprende, en cambio, el mutismo de otros países de la región, empezando por Brasil, siguiendo por Uruguay y, luego, comprensiblemente, por los gobiernos que son los “proxis” regionales del imperio en Sudamérica como Colombia, Perú y Chile.

En el caso del Perú, país que ejerce la Presidencia pro-témpore de la Unasur, sorprende aún más la pasividad de su gobierno que ante la gravedad de los hechos acaecidos en Europa debió haber convocado una reunión de urgencia para adoptar una política común en defensa del presidente boliviano. La lección que se desprende de este escandaloso incidente es que no tiene sentido alguno avanzar en un tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, habida cuenta de la complicidad de los gobiernos del Viejo Continente para quebrar las normas más elementales del derecho internacional. ¿O es que vamos a creer que si violan sin chistar reglas fundamentales ante la menor señal de Washington van a respetar las otras, mucho menos importantes, que regulan el comercio internacional? Habría que ser muy ingenuos para creer en algo así.

La verdad: ni en Estados Unidos ni en la Unión Europea existe la “seguridad jurídica” que con tanta vehemencia reclaman de nuestros países. Por lo tanto, reforcemos la unidad de los países de Nuestra América porque si no nos unimos, si no nos defendemos entre nosotros la Roma americana y sus compinches europeos harán cada vez más estragos en esta parte del mundo.

http://www.aporrea.org

Aparecen fotos inéditas de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial

Una persona que estuvo cerca del líder nazi Adolf Hitler durante el inicio de la campaña de las fuerzas alemanas en territorio soviético en 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, tomó más de 200 fotografías de la operación, en las que aparecen el Führer, sus soldados y varios prisioneros. Las imágenes han permanecido inéditas hasta ahora, cuando su autor ha decidido compartirlas con el diario The New York Times. Las fotografías en blanco y negro muestran prisioneros en los campos de concentración de Bielorrusia, a una familia en medio de una ciudad destruida por los bombardeos, a Hitler rodeado de militares y otros políticos en Hungría, así como el recibimiento que le dio un grupo de enfermeras, entre otras escenas.

Aunque en un principio el propietario de las imágenes optó por guardar el anonimato, una lectora del periódico estadounidense ayudó a identificarlo. Se llama Franz Krieger y es un fotoperiodista austriaco que colocaró a con el Reichsgau de Salzburgo, una especie de oficina administrativa del régimen nazi en la ciudad austriaca.

Algunos de los elementos que aparecen en las imágenes llevan a la conclusión de que se tomaron al inicio de la Operación Barbarroja, con la que las fuerzas de Hitler buscaron invadir la Unión Soviética. La campaña tuvo algún éxito, hasta que a finales de 1941 las fuerzas del Führer se toparon con el duro invierno de la región.

(Tomado de muyinteresante.es)

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