La podredumbre que rodea a Trump

Por: AMANDA MARS/ El País (España)

Un consejero de Seguridad Nacional que piensa que la ONU “no existe” y defiende el derecho a un ataque preventivo de contra de Corea del Norte; un secretario de Estado que pide la pena de muerte para Edward Snowden y se pregunta en público si Dios escogió a Donald Trump “como a la reina Esther para ayudar a salvar a los judíos de la amenaza iraní”; un representante para el conflicto de Venezuela que se define como un “gladiador” de la era Reagan o un asesor para asuntos cubanos detractor a ultranza de la política de deshielo del Gobierno anterior. Estados Unidos ha entrado en una escalada de tensión en múltiples frentes de la mano de viejos y nuevos neoconservadores.


Mike Pompeo (delante) y John Bolton. NICHOLAS KAMM (AFP/GETTY IMAGES)

El coro de voces que modela la actual política exterior estadounidense está formado por una cuadrilla de nuevos y viejos halcones más que dispuestos a ejercer el viejo papel de policía del mundo. Hay que regresar a la era de George W. Bush para encontrar una influencia comparable del movimiento neoconservador en la Administración. El oído al que ahora susurran sus apóstoles, sin embargo, es el de un presidente que supuestamente defendía un giro aislacionista. Corren tiempos extraños en Washington.

El regreso del ardor guerrero se encarna muy especialmente en John Bolton,consejero de Seguridad Nacional y miembro de la Administración de Bush hijo. Firme defensor de la invasión de Irak y convencido en 2002 –equivocadamente- de que Cuba estaba fabricando armas biológicas, es ahora la voz de fuego de EEUU en el conflicto de Venezuela. Un día amenaza con enviar a Nicolás Maduro a Guantánamo, otro deja ver -supuestamente por accidente- unas notas en las que habla de enviar tropas a Colombia, y otro señala con nombres y apellidos a tres miembros del régimen chavista que supuestamente estaban conspirando con la oposición.

Bolton llegó a la Casa Blanca para sustituir al más moderado general H. R. McMaster hace un año, cuando, además, Mike Pompeo, entonces director de la CIA, se convirtió en secretario de Estado. Pompeo es un destacado militar, primero de promoción por West Point y muy religioso, que se convirtió en congresista por Kansas aupado por la ola ultraconservadora del Tea Party. Fue de los primeros detractores del acuerdo nuclear con Irán, del que se retiró Trump, reforzó las operaciones encubiertas en Afganistán durante su breve mandato en Inteligencia y considera que habría que ejecutar al exanalista de seguridad Snowden.

La línea dura se reforzó en los meses posteriores con la incorporación de Mauricio Claver Carone, un abogado cubanoamericano criado en España, que se destaca entre las voces más duras del anticastrismo. Y la elección de Elliott Abrams, el gladiador de la doctrina reaganiana para Centroamérica, como nuevo enviado especial para Venezuela, marcó la pauta final en el caso latinoamericano. A esta corriente ha contribuido el vicepresidente, Mike Pence, muy centrado en los asuntos latinoamericanos y cercano a los legisladores de Florida como el senador Marco Rubio y el congresista Mario Díaz Balart.

“La diferencia con la época de Bush, [Dick] Cheney o [Donald] Rumsfeld es que ahora ves que es el presidente quien les está parado los pies a ellos. Al principio de esta Administración, eran los otros tipos –asesores, generales- los que, digamos, frenaban a Trump en muchas cosas, pero ahora estos han sido reemplazados por neoconservadores, con verdaderos halcones, y parece que él les está diciendo algo así como: ‘Un momento, no quiero empezar una nueva guerra”, reflexiona Fernando Cutz, que fue asesor senior del Consejo de Seguridad Nacional con Barack Obama y ahora trabaja como consultor estratégico en Cohen Group. Esta tensión ha estallado en el caso venezolano con la queja de Trump, tal y como avanzó esta semana The Washington Post, cuestionando la estrategia tras la fallida operación del 30 de abril, en la que fue liberado Leopoldo López pero el ejército siguió bajo control de Maduro.

El Trump candidato encajaba bien con el neoconservadurismo antiglobalista, reacio a la cooperación multilateral, pero no tanto con el dispuesto a empuñar el fusil –metafórico o literal- ante ciertas tiranías con las que el magnate neoyorquino ha mostrado comprensión o viejos enemigos de la Guerra Fría como Rusia. Para el historiador de Columbia Stephen Wertheim, estudioso de la supremacía global estadounidense a partir de la Segunda Guerra Mundial, Trump le ha dado su particular vuelta de tuerca a esta corriente neocon: la de caracterizar a Estados Unidos como “una víctima global”.

El difícil equilibrio entre el antiglobalismo conservador y el intervencionismo cristalizó en la crisis que llevó a la sonada dimisión del jefe del Pentágono, Jim Mattis, el pasado diciembre. Para Mattis, un general del cuerpo de marines muy duro con Irán, la gota que colmó el vaso fue la retirada de tropas de Siria anunciada por Trump, que el militar consideró una traición a los aliados.

La escalada de tensión con Irán, Venezuela o Cuba está inquietando a loa aliados de EE UU

Wertheim, que no ve a Trump como un detractor del intervencionismo, cree que su política exterior se asemeja a la que hubiese llevado a cabo “un Dick Cheney presidente”. “Es verdad que la generación previa de neoconservadores favoreció guerras en Oriente Próximo en nombre de la transformación de la región en democracias, pero incluso entonces muchas gente de la órbita neoconservadora, como el propio Cheney [vicepresidente con Bush hijo], estaba menos interesada en la promoción de la democracia que en el castigo de los enemigos de EE UU, promocionar su fuerza militar y alinearse con Israel y otros aliados”, señala. A su juicio, “la Administración de Trump está revitalizando el nuevo conservadurismo, solo que está restando énfasis a la retórica de la democracia y elevando el ‘globalismo’ como su enemigo”.

La escalada de tensión con Irán, Venezuela o Cuba está inquietando a los aliados de EE UU. La Unión Europea denunció la ruptura del pacto nuclear por parte de Trump y ha advertido de que habrá represalias por las sanciones a empresas europeas en la isla caribeña. Y España, por ejemplo, ya ha alzado la voz públicamente contra la actitud estadounidense en la crisis venezolana, pese a que se encuentran en el mismo bando: reclaman la salida de Maduro y reconocen a Juan Guaidó como presidente interino. El ministro de Exteriores, Josep Borrell, se quejó de que Washington actúa “como el cowboy del oeste, diciendo ‘miren que desenfundo”. Los tipos duros también regentan los frentes comerciales con China y la Unión europea, de la mano de veteranos como Bob Lighthizer o Peter Navarro. Los cowboys también cabalgan en Bolsa.

Tomado de El País

Que pasó con el sitio de #Cubadebate en #Youtube

La Habana, Cuba. – En EEUU están ocurriendo acontecimientos políticos que tienen una estrecha relación entre sí. Primero la farsa de El Paso. El archiconocido asesino en serie y terrorista Luís Posada Carriles, quien tuvo que entrar fraudulentamente en los EEUU debido a que aparece señalado por esa nación como terrorista y se le tiene negado el acceso a territorio gringo, esta siendo juzgado por mentir, cuando debería ser juzgado por sus crímenes.

En Tucson, un loco, envenenado por la retórica neoconservadora de los fascistas de Tea Party, le metió un tiro en la cabeza a una congresista y luego disparó contra la multitud, convirtiendo un acto público en una masacre. Rápidamente la señora Sara Pailín, la errática aspirante a la vicepresidencia de los EEUU, extremista y furibunda se apresuró a decir que nada tiene que ver el mapa de su página Web con blancos de fusil marcados en los estados a derribar ni su llamado de guerra -característicos de sus discursos- con lo ocurrido en la ciudad de Arizona.

Pero mucha gente ha estado relacionando una cosa con la otra, por ejemplo una publicación norteamericana apunta sobre el tema lo siguiente:

“Lo qué distingue al Tea Party como un movimiento es una lectura hiper-literal, la lectura ahistórica de la Constitución (lo que Paul Harvey ha mencionado en estas páginas como fundamentalismo constitucional) que defiende la libertad individual contra el gobierno tiránico. La diferencia es que la tiranía se identifica con la reforma social progresista (por ejemplo la Reforma de Salud aprobada por Obama) El enfoque en la libertad y la tiranía es tan fundamentalista que a menudo reemplaza las preocupaciones religiosas, como en la admiración por la conservadora Ayn Rand profundamente anti-cristiana. Hay precedentes de esto en la historia de Estados Unidos.”

La gente sabe sacar cuentas. Posada Carriles es “socio fuerte”, como decimos en Cuba, de muchos de esos senadores republicanos que hoy conforman el Tea Party o que llegaron al poder, gracias al impulso de los extremistas de derecha. La conclusión seguramente salió de las oficinas para el manejo de las crisis de la CIA, contratista fundamental del señor Posada.

Los asesores encargados del control de daños, comprendieron que era muy fácil asociar a un sujeto bien conocido por sus voladuras de aviones y hoteles, por sus crímenes contra civiles en muchos países del mundo, y por su relación con uno de los más sonados escándalos de la historia de EEUU, el Irancontras.

Un observador atento, no avezado, simplemente atento, hubiera tirado de la cuerda –el video de la despedida a Posada en Miami, los políticos allí reunidos– esas imágenes eran más bosta sobre las figuras que ya tienen bastante con que los estén acusando de ser los padrinos del crimen de Tucson. La comunidad extremista de Miami, y sus protectores republicanos, han trabajado juntos desde hace muchos años, y están muy relacionados en muchos de los atentados, crímenes y explosiones que se han dado en la Unión. Si usted cree que exagero pregúntese ¿Quiénes mataron a Kennedy?

El periódico digital Dayly New, de Brooklyn, llama a Posada Carriles por su verdadero nombre –Terrorista– calificándolo como:

“Un peligroso criminal, con una larga y mortal hoja, se le nombra en los informes de inteligencia de EE.UU. como el cerebro detrás del atentado de 1976 de Cubana de Aviación el vuelo 455, en el que murieron los 73 pasajeros, incluido el equipo nacional de esgrima de Cuba. Posada Carriles también está vinculado a una serie de atentados contra hoteles en Cuba, lo que resultó en la muerte del turista italiano Fabio diCelmo, algo de lo que más tarde se jactara en una entrevista con el New York Times en 1998.”.

La Relación Republicanos-Posada es una fuerte razón para cerrar el sitio de Cubadebate en Youtube y perseguir todo lo que vierta más sospecha sobre los fundamentalistas del Tea Party. De paso complacen los odios viscerales de los recalcitrantes de Miami. Y harán todo lo que pueden por cercar la Internet de Cuba, especialmente ahora que el cable del ALBA se aproxima a las costas de la Isla.

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