Estados Unidos descubre por error programa subversivo contra Cuba

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Desde la década de 1990 la USAID  ha gastado 150 millones de dólares con grupos antigubernamentales y en programas de inteligencia en Cuba.

La Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (Usaid) mostró un programa subversivo de seis millones de dólares contra Cuba al usar por error una línea desprotegida para enviar documentos a diplomáticos norteamericanos en La Habana.

Los materiales detallan que dicha entidad lanzó el pasado 10 de julio su iniciativa SOL-OAA-13-000110 y al menos 20 organizaciones no gubernamentales solicitaron los fondos para entrenar a presuntos disidentes de la nación caribeña en los próximos tres años.

Ese plan incluye propuestas de presupuesto, formas de observar y evaluar el progreso, organigramas y experiencia de otros proyectos desestabilizadores diseñados para Cuba bajo la ley Helms-Burton de 1996.

Tiene como objetivo brindar oportunidades a los llamados opositores para que viajen al exterior, aprendan habilidades técnicas y se adiestren en una “serie de campos considerados importantes para el desarrollo de la democracia y la sociedad civil”, en abierta subversión del orden político.

Según reportes periodísticos, funcionarios de la Usaid llamaron a los aspirantes a fines de agosto para informales de que sus solicitudes habían sido enviadas en una línea no codificada a La Habana y podían descartarlas si las consideraban demasiado arriesgadas.

Ninguno de los grupos anuló sus peticiones, pero al cabo de varias semanas cada uno recibió cartas de rechazo que no hacían mención del error de la Agencia pero que calificaban a sus iniciativas de deficientes.

La Usaid se autodefine como una organización no gubernamental, aunque es uno de los instrumentos de la Casa Blanca que utiliza los servicios de inteligencia para obtener información sobre países de la región e influir en su política interna y externa.

Tiene un presupuesto anual de mil millones de dólares y los destina a operaciones en Latinoamérica y el Caribe con el fin de “moldear” las sociedades donde trabaja e identificar las personas adecuadas que sirvan a sus planes.

Entre sus principales tareas está reforzar la política exterior estadounidense bajo la fachada de la ayuda económica, agrícola, sanitaria, política y humanitaria.

(Con información de Prensa Latina)

Programas subversivos contra Cuba por parte de la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y el Departamento de Estado de los EEUU

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CUBA,14 de marzo de 2013.- El pasado 7 de febrero,la Oficina de Auditoria del Gobierno de EE.UU. (GAO) publicó un informe sobre la aplicación de los programas subversivos contra Cuba por parte de la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y el Departamento de Estado. Dicho informe había sido solicitado en 2011 por el entonces senador John Kerry, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y actual Secretario de Estado.

El documento describe cómo la USAID y el Departamento de Estado han empleado los fondos destinados a promover el derrocamiento del gobierno cubano durante los años de 1996 al 2011. Resalta el monto total dedicado por esas agencias a “promover la democracia en Cuba”, el cual ascendió a 205 millones de dólares. De estos, el 87% fue gastado desde el 2004, o sea, los ocho años comprendidos entre el segundo gobierno de George W. Bush y el primero de Obama.

No están incluidos en esos 205 millones de dólares, los fondos que ha dedicado EE.UU. a financiar las transmisiones subversivas e ilegales hacia Cuba de las emisoras Radio Martí y TV Martí pertenecientes al gobierno estadounidense, ascendentes a unos 30 millones de dólares anuales. Tampoco se incluyen en dicha suma los fondos presupuestarios, presumiblemente cuantiosos, destinados secretamente a los programas y actividades de la comunidad de inteligencia de EE.UU. que derivan de la política anticubana de Washington, ni los fondos discrecionales que el poder ejecutivo pudiera utilizar, también en secreto, para esos mismos fines. La sumatoria de todos esos fondos daría la medida real de los esfuerzos que aún hace el gobierno de EE.UU. para apuntalar una política fracasada, a costa del bolsillo del contribuyente.

Según el informe, desde 2008, es decir fundamentalmente bajo el mandato del presidente Barack Obama, la USAID y el Departamento de Estado han concentrado el otorgamiento de los fondos para los programas subversivos contra Cuba hacia organizaciones con presencia mundial o en América Latina, con el objetivo de evitar la corrupción que durante años los caracterizó, al permanecer en manos de las desprestigiadas organizaciones contrarrevolucionarias y haber ido a engrosar los bolsillos de los sectores más recalcitrantes de la ultraderechista de Miami.  Se trata, asimismo, de lograr que los fondos cumplan su cometido final, o sea, promover el “cambio de régimen” en Cuba.

El informe de la GAO evita, deliberadamente, identificar a las organizaciones y personas que aplican los proyectos en el terreno, lo cual confirma el carácter encubierto de los mismos y su ejecución al margen de la legislación cubana. Por el contrario, resalta las acciones del gobierno de EE.UU. para perfeccionar el diseño encubierto y el enmascaramiento de los mismos.

Otro rasgo distintivo de esos programas subversivos en estos últimos años ha sido el énfasis hacia los proyectos vinculados al uso de las tecnologías de las infocomunicaciones, la creación de blogs y la ampliación del uso de las redes sociales, vía Internet.

Señala también el documento, aludiendo a la inoperancia de los receptores tradicionales de dichos programas en Cuba, que estos se han expandido a fin de llegar a nuevos sectores de la sociedad cubana, como comunidades pobres en áreas rurales, organizaciones religiosas, pequeños negocios, periodistas “independientes”, blogueros, jóvenes, estudiantes, mujeres, líderes comunitarios y personas atraídas por las tecnologías de la información. Si a ello se añade el interés por trabajar para influir en sectores no mencionados en este informe, pero identificados en  otros documentos oficiales que han  salido a la luz, como los negros, los homosexuales, profesionales, intelectuales y artistas, se puede apreciar que en la aplicación de su política subversiva con el fracasado afán de derrocar la Revolución Cubana, el gobierno de EE.UU. no deja piedra por voltear.

En relación con el papel subversivo de la SINA, el informe alega que ésta supuestamente ya no participa, por razones de “seguridad”, en la canalización de la “asistencia” del Departamento de Estado y la USAID a grupos en Cuba, pero sí continúa suministrándoles información y cursos de entrenamiento en coordinación  con ambas agencias y apoyando a lo que llaman eufemísticamente “la sociedad civil” en Cuba.

Aunque el objetivo del informe no pasa de evaluar desde el punto de vista “técnico” la efectividad en la ejecución y supervisión de los fondos destinados a los programas antedichos, sin analizar su contenido ni resultados reales, el documento de la GAO es sumamente revelador de la firme impronta del gobierno de Obama en esa política y del fuerte impulso que le ha dado a la misma, buscando perfeccionar su diseño, enmascararla mejor y hacer más difícil su detección y neutralización por las instituciones y el sistema legal cubanos.

Cabe preguntarse hasta cuándo el gobierno de los EE.UU. seguirá malgastando el dinero de sus contribuyentes, que bien pudiera emplear en dar respuesta a las expectativas de estos de  una relación constructiva y respetuosa entre ambos países

(Cubaminrex-Dirección de EE.UU.)

Cuba: Cocinan en La Habana un engendro subversivo

Cocinan en La Habana un engendro subversivo, aparentemente no politizado, de “promoción” del uso de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC).  Las mismas personas que en la Isla se benefician de los millonarios fondos provistos por las agencias gubernamentales de EEUU, como la NED y la USAID, para el “cambio de régimen” en Cuba, intentan ahora presentarse como promotores de la extensión del uso de Internet.

La provocación tiene el nombre de “Festival Clic”, evento asociado a una empresa española que cuenta con el apoyo de transnacionales, como Microsoft e IBM. Estos dos emporios que implementan disciplinadamente el bloqueo de EEUU a Cuba en Internet, son patrocinadores de la organización española que se presenta como promotora de voces independientes y, sin ningún pudor, se beneficia del financiamiento, además, del Banco BBVA, contra el que hoy protestan a través de las redes sociales movimientos como el #15M.

Evento Blog España (EBE) admite en su sitio web que en los últimos meses ha estado trabajando “de manera muy intensa” con ciertos contrarrevolucionarios para celebrar un gran evento dedicado a promover el uso de Internet en la sociedad cubana”.  En su nota, EBE asegura que siempre hacen esto con “una premisa en mente: la web y las tecnologías no entienden de ideologías”, pero sus aliados en Cuba lo desmienten alegremente.

Yoani Sánchez, una de las convocantes del evento, ha confesado abiertamente promover el capitalismo en Cuba –”un capitalismo sui géneris”, ha dicho-. Tiene probados y sistemáticos vínculos con el gobierno de los Estados Unidos y sus agentes en Cuba. La bloguera imperial posee el recórd de ser la persona que colabora con una embajada de EEUU más citada en los cables de Wikileaks -aparece en 11 despachos no censurados y en otros, con nombre tachado, se aluden con toda certeza a esta mujer.

La casa donde se realizará el Festival Clic es sitio de encuentro de miembros de la contrarrevolución que brillan por su mediocridad y que no disimulan las intenciones de convertir este escenario en punta de lanza para la añorada construcción de una “sociedad civil” cubana al servicio de Washington.

No por gusto sitios alentados desde Estados Unidos, como Havana Times, se han adherido con entusiasmo a la convocatoria.

Esta maniobra tiene claros antecedentes en la red que construyera en Siria un funcionario del Departamento de Estado de EEUU, utilizada hoy para alentar el terrorismo y la intervención extranjera y que Estados Unidos enmascaró como un servicio para denunciar el maltrato escolar. En Libia los celulares “Thuraya”, especialmente promovidos por EEUU, permitieron establecer coordenadas y ubicar blancos civiles y militares, que ocasionaron incalculables pérdidas a las fuerzas leales al gobierno de entonces.

La intención del Festival Clic es evidente: avanzar en la estrategia de construir redes previas a una agresión, como hicieron en Libia, Siria y antes en Yugoslavia, y fortalecer la idea de la contrarrevolución aliada a Estados Unidos como promotora de la libertad en la Red.

El gobierno norteamericano no se ha desviado, ni se desviará un milímetro de su política, clara e implacable frente a la Internet cubana: el acceso a la red y los instrumentos los tendrán los obedientes, los que ayuden a darle cuerpo a la retórica que sirve también para imponer sanciones en organismos internacionales e impedir el acceso a tecnologías y a recursos. En otras palabras, para ejecutar, sin demasiados tropiezos, el aislamiento económico del país y negarnos el acceso a recursos que son claves para el crecimiento cultural y la eficiencia de la economía, la investigación científica, la participación en las decisiones de gobierno y la expresión política.

La escandalosa sanción financiera contra la compañía sueca Ericsson viene a confirmarlo. Por reparar viejos equipos para las redes de telefonía móvil en la Isla, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos impuso a la transnacional una multa de 1,75 millones de dólares y la expulsión de los empleados de la filial en Panamá que supuestamente facilitaron el servicio a los cubanos.

Para los promotores del Festival Clic el bloqueo no existe. En su declaración para internautas desinformados, dicen: “En Cuba bajarse un archivo de 2 ó 3MB resulta una odisea”. No explican por qué. No les conviene. Ellos y sus amigos trabajan para blindar el bloqueo y justificar una agresión.

Marco Rubio, Bob Menéndez y Antúnez, el delincuente de Placetas

En la foto: El protegido del terrorista Santiago Álvarez, Jorge Luis García Pérez (Antúnez)

Anualmente la USAID designa 20 millones de dólares para la subversión en Cuba. ¿Qué hacer con el dinero del contribuyente? A continuación pondremos un ejemplo.
En Placetas vive un individuo que acumula amplios antecedentes delictivos: daño a la propiedad, usurpación de funciones públicas, falsificación de documentos, entre otros. Su nombre es Jorge Luis García Pérez, es conocido como “Antúnez” y mensualmente recibe un salario desde Miami de 914 dólares ¿Por qué pagaría tanto dinero Jeniset Rivero directiva del autodenominado Directorio Democrático Cubano a un delincuente común?
La cuestión funciona de la siguiente manera. Antúnez recibe su dinero y además de mantener un buen nivel de vida, organiza actividades de desorden público, irrespeta a las autoridades y se presta al juego de los senadores cubanos radicados al sur de la Florida, quienes lo utilizan para sus propios beneficios.
Recientemente, estos senadores de la ultraderecha están inconformes con las políticas de flexibilidad hacia Cuba por parte de la administración Obama y no aceptan las gestiones de la subsecretaria de Estado para América Latina, Roberta Jackson.
¿Qué hicieron entonces? Bob Menéndez y Marco Rubio invitaron a “testificar” ante el senado a un supuesto disidente, opositor y preso político. Llamaron a la SINA
para que mediante una teleconferencia algunos de los mercenarios asalariados denunciara supuestas represiones. El elegido fue el mencionado Antúnez.
Después de las declaraciones los senadores aprovecharon la ocasión también para criticar al Departamento de Estado por aprobar una visa a la sexóloga Mariela Castro y el propio Bob Menéndez le solicitó a Obama que velase por la seguridad de este cubano que probablemente sería castigado por las autoridades castritas.
Como tal represión nunca ocurrió, le dieron a Antúnez la misión de buscarse algún problema con la policía para poder después ellos montar su campaña mediática. Teniendo en cuenta que él recibe 914 dólares mensuales por no hacer casi nada, ahora que tenía que hacerlo, no lo pensó dos veces y salió para la calle.
Después de protagonizar un acto de desorden público el pasado 9 de junio, fue conducido por los policías a la unidad municipal de Placetas. Pero una detención por desorden público realmente no es algo de lo que los medios puedan sacar mucha lasca. Entonces cuando llegó a la unidad empezó a faltarle el respeto a los oficiales y a manotearle a la mujer de la carpeta, buscando una anhelada reprimenda que nunca tuvo lugar.
Pero como de todas formas hay que justificar ese dinero, los medios digitales radicados en Miami o financiados desde allí, se hicieron eco de una supuesta “desaparición”, un magnificado “arresto” o una extrema “golpiza”, relacionados con el mercenario.
Llegaron al punto en que los propios senadores estadunidenses de origen cubano, Bob Menéndez y Marco Rubio, denunciaron el acontecimiento ante diversos medios de prensa. Y por supuesto, alegaron entre sus argumentos, que se trataba de una represión por parte del gobierno cubano como respuesta a las recientes declaraciones que hizo Antúnez desdela Oficinade Intereses. No olviden que estas declaraciones tenían como misión esencial, interferir y criticar las políticas de flexibilidad hacia Cuba.
Antúnez fue solo un instrumento para que los senadores Bob y Rubio pudieran ejercer cierta presión en el senado. Por mucho que intenten disfrazar a este mercenario como un “líder opositor pacifista”, no dejará de ser un violento delincuente. Los medios digitales siguen diciendo que Antúnez fue reprimido, en cambio, el villaclareño fue procesado y puesto en libertad, como normalmente ocurre ante acontecimientos similares. Pero al final, hay que entenderlos, si te dan 20 millones, tienes que  gastarlo aunque sea armando y construyendo mentiras como esa.

Tomado de Letra Joven

Cuba: La guerra de la CIA contra la juventud cubana II

 Por: Raúl Antonio Capote de los Estados Unidos dedica incalculables recursos a la guerra cultural. Sus especialistas, altamente calificados, provienen de las mejores universidades del país y son cuidadosamente seleccionados. El equipo que trabaja en la guerra contra Cuba cuenta además con una basta experiencia, muchos de ellos son veteranos de la Guerra Fría, la mayoría  participaron en operaciones contra los países ex socialistas de Europa del Este.

Cuba  enfrenta hoy a ese temible arsenal de recursos humanos y materiales, inmersa en una difícil lucha por renovar el modelo económico, en medio de una profunda crisis del capitalismo a escala global que afecta  a la ´economía cubana, agredida su población por una cruel guerra económica, que no respeta límites ni fronteras, guerra llevada a cabo por la potencia capitalista más poderosa de la tierra.

Los efectos de esa guerra sin cuartel contra la economía  causa escases y penurias, que no son mayores gracias a la voluntad política del gobierno cubano y a la efectividad de un modelo económico social basado en la planificación y no en las leyes ciegas e injustas del mercado,  en la distribución justa de las riquezas, en la igualdad, modelo que no deja desamparado a nadie y que garantiza niveles de atención de salud y educación comparables a los países más desarrollados del mundo.

Los efectos del bloqueo sobre el pueblo cubanos son presentados sin recato de ninguna clase, como errores del socialismo, como prueba del fracaso de la Revolución, nuestros enemigos no tienen escrúpulos de ninguna clase cuando mienten y manipulan la información.

La formidable maquinaria de propaganda de la CIA, que cuenta con centenares de  revistas, periódicos y canales de TV, que se presentan como completamente privadas y libres, más el dominio del ciber espacio controlado por las compañías a su servicio, más la acción de cientos de mercenarios de la información y sus lacayos dentro de la isla, es utilizada en la guerra contra Cuba, en especial, los mensajes manipulados, la información tergiversada debidamente presentada a partir de un cuidadoso estudio de márquetin, construida de modo que resulte atractiva y fácilmente asimilable es dirigida contra la juventud cubana.

La CIA trabaja fundamentalmente hacia los jóvenes, intentando penetrar los centros culturales, religiosos, estudiantiles o sociales y los grupos informales, su propaganda está dirigida, amparados en una imagen progresista, rebelde y externamente atractiva, al sobredimensionamiento de los “fracasos” económicos del socialismo, a divulgar la “poca actualidad” del pensamiento marxista, a desinformar, denigrar las ideas revolucionarias, mentir, popularizar “las ventajas” de las sociedades de consumo.

Organizan conferencias internacionales, brindan becas, premios y proyectan su influencia a través del cine, la TV, la prensa y la literatura. En películas, series televisivas, magazines, libros, se idealizan los mercenarios, se llama terroristas a los revolucionarios, se propagan criterios “novedosos” sobre la libertad sexual, los derechos humanos, el conflicto existencial, se distorsionan los conceptos de patria y nacionalidad.

Dentro del país intentan crear proyectos supuestamente alternativos, que son financiados y monitoreados a través de la Sección de  Intereses de los Estados Unidos o directamente desde organizaciones que sirven de fachada a la CIA como la USAID, el Instituto Republicano Internacional (IRI), la Fundación Panamericana para el Desarrollo (FUPAD) y otras.

El fracaso reiterativo de sus planes les ha llevado a perfeccionar su estrategia de guerra cultural, a desarrollar nuevas acciones, dirigidas a confundir, a engañar a los incautos.Nuevos personeros simulan pertenecer a una izquierda que odian en lo más intimo de sus almas, han cambiado el lenguaje, ahora dicen ser revolucionarios, dicen trabajar por el bien de Cuba, dicen estar interesados en el futuro del país.

Dentro de esta estrategia se encontraba Génesis un proyecto dirigido especialmente a los nietos de la Revolución, sobre este proyecto y su progresión actual hablaremos en próximos artículos.

(Tomado de: El Adversario Cubano)

La USAID reconoce el carácter “secreto” e ilegal de sus operaciones en Cuba

USAID es denunciada por ser una fachada más del aparato de inteligencia de Estados Unidos…

USAID menciona "socios en el extranjero", pero no les identifica.

“Envío clandestino de material electrónico a la isla”

USAID firmó en 1999 un contrato con Freedom House, con 11 acuerdos complementarios, donde se menciona los programas de actividades de la organización en Cuba. El documento menciona “socios extranjeros” y “socios en el extranjero”, pero no les identifica.

La agencia conocida por dedicarse a la desestabilización detrás de la pantalla del desarrollo, reconoció implícitamente en 2008 el carácter secreto, ilegal y correspondiente a espionaje de sus actividades en Cuba.

El 14 de mayo de este año, José “Pepe” Cárdenas, cabecilla cubanoamericano entonces jefe para América Latina de la USAID, expuso en una asamblea convocada en Washington, cómo distribuiría los 45 millones de dólares asignados a la subversión en Cuba a través de lo que llamo “instituciones experimentadas”.

Dijo que iba a promover el envío clandestino de material electrónico a la Isla a través de intermediarios europeos y latinoamericanos que realizarían operaciones que no se puede legalmente desarrollar; que favorecería los viajes de agentes en el país, usando las llamadas licencias humanitarias para realizar “evaluaciones en el terreno”.

Actividades “por encima de la ley”

Por encima de estas propuestas para las cuales se solicitó ofertas, Cárdenas dijo que la agencia garantizaría un secreto absoluto a sus colaboradores, que sus actividades nunca serían divulgadas, “incluso por encima de la ley FOIA” de acceso a la información.

Las garantías así formuladas por Cárdenas en nombre de la agencia llevo, entre otras cosas, a la adjudicación de un jugoso contrato a la firma “Development Alternatives Inc.” (DAI) cuyo subcontratista, Alan Gross, fue luego detenido y condenado por sus actividades. La USAID ya negó a Tracey Eaton copias de las propuestas presentadas en este caso.

En textos de USAID anteriormente publicados se hace referencia al desarrollo en Cuba de una “capacidad de despliegue que debe incluir la posibilidad de establecer un espacio de oficina, telecomunicaciones, arreglos para el transporte, identificación y contratación de personal local para hacer compras locales y “otras acciones”.

Paralelamente a estas actividades sucias de la USAID, otra agencia federal, el Buro de Gobernadores de las Transmisiones (BBG por sus siglas en ingles) , contrató hace poco la firma israelí RRSat Global Communications con misión de regar por satélite los televisores de los cubanos con programas de propaganda norteamericana.

Igualmente, un contrato destinado a bombardear miles de celulares cubanos, seleccionados desde una fuente indeterminada por el propio BBG, con mensajes propagandísticos se atribuyó a Washington Software, una firma “de propiedad asiatica”.

EEUU invierte mil millones de dólares anualmente en las operaciones supuestamente “humanitarias” en Latinoamérica y el Caribe de su llamada Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID).

(Tomado de cubahora.cu)

Alan Gross: ni tonto, ni inocente

(PL) Luego de meses en que el gobierno de Estados Unidos intentó silenciar las razones de Cuba para apresar al norteamericano Alan Gross por actos contra la independencia de la isla, y evitó reconocer su responsabilidad en el caso, la verdad se abre camino en la prensa mundial.

Cientos de medios de comunicación impresos y en formato digital, muchos de ellos en Estados Unidos, difundieron esta semana total o parcialmente el contenido de un extenso artículo de la agencia estadounidense AP, el cual pone en evidencia que Gross no es un “tonto inocente engañado”, como se autocalificó durante su enjuiciamiento.

El texto, titulado “USAID contractor work in Cuba detailed” (Trabajo del contratista de la USAID en detalles), del periodista Desmond Butler, fue replicado por más de un centenar de órganos de prensa, al igual que artículos de otros medios sobre el tema, según refleja un gráfico de impactos en el buscador Google.

La noticia de AP corrobora que Gross actuó en todo momento muy consciente de las ilegalidades en que incurría, dotado de tecnología que, según expertos, suele ser utilizada “por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Pentágono para evitar la detección electrónica de señales telefónicas”.

Reportes de los cinco viajes del agente a Cuba, a los que tuvo acceso la agencia norteamericana, indican que él sabía que sus actividades eran ilegales, y que temía las consecuencias, incluyendo la posible expulsión del país.

Incluso, uno de los documentos obtenidos por AP precisa que una de las personas que colaboró con Gross “dejó absolutamente claro que estamos jugando con fuego”.

En otra ocasión -precisa el artículo- Gross dijo que no cabía duda de que se trataba de un “asunto muy riesgoso”, y que “la detección de señales de satélite sería algo catastrófico”.

Alan Gross fue sentenciado a 15 años de cárcel en marzo de 2011 al quedar demostrado que introdujo en Cuba, de manera ilegal, medios de infocomunicaciones para crear redes internas como parte de un programa del gobierno de Estados Unidos dirigido a promover acciones desestabilizadoras y subvertir el orden constitucional en el país caribeño.

En agosto, el reo y su abogada impugnaron la sentencia del tribunal provincial que lo condenó, pero el Tribunal Supremo Popular desestimó la apelación.

No obstante, el gobierno cubano ha trasladado a la actual administración norteamericana la disposición a encontrar una solución humanitaria al caso de Gross sobre bases recíprocas.

Hasta ahora, la prensa estadounidense había presentado a Gross como un anciano inofensivo de 62 años, injustamente condenado en Cuba, que solo pretendía dotar a la comunidad judía de medios para conectarse a la Internet.

Washington Post advierte que la USAID pierde credibilidad por actuar como la CIA

En los casos de Cuba, Venezuela y otros muchos países, la USAID acumula un largo historial de financiamiento a grupos subversivos y actividades abiertamente conspirativas. Hace pocos meses la célebre agencia cumplió 50 años, pero tal vez es demasiado tiempo como para seguir escondiendo sus verdaderos propósitos tras un velo de “cooperación internacional”.

Según AP, otros críticos de la agencia han cuestionado por lo claro su credibilidad, por “ir más allá de hacer las cosas de manera transparente”.

“Puedo ser un tradicionalista -añadió Fisher, pero creo que no debe haber lugar para este trabajo secreto en la USAID”.

Según William Fisher, quien ha trabajado para el Departamento de Estado y la propia USAID por más de 30 años, los métodos de esa organización “ponen en riesgo a los trabajadores, consultores y equipo de la USAID. Si ellos actúan como la CIA en lugar de ser una agencia de ayuda al desarrollo, esto amenazará la función básica de la agencia”.

Los críticos de la USAID no han perdido tiempo para dejar entrever sus posiciones: “se han inmiscuido demasiado en operaciones clandestinas de todo el mundo”.

La propia agencia AP, en una investigación publicada en las últimas horas, reconoce que Gross pretendía introducir un “chip” informático para teléfonos móviles, utilizado por la CIA y el Pentágono en acciones subversivas.

El tema se ha puesto nuevamente sobre el tapete a partir de la detención en Cuba del subcontratista Alan Gross, acusado de espionaje y de introducir clandestinamente en la Isla equipamiento de telecomunicaciones, destinado a conspirar contra el gobierno cubano.

Un cable de la agencia Associated Press, reproducido por el Washington Post, reconoce lo que para todo el mundo es una suerte de secreto a voces: la llamada Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID) va mucho más allá de sus funciones públicas y se compromete, en realidad, en acciones de desestabilización contra países considerados por la Casa Blanca como sus enemigos.

http://www.cmkc.cu/

Cuba: Investigación de agencia AP ofrece nuevas pruebas de acciones ilegales de Alan Gross en Cuba

Alan P. Gross en Afganistán.

Pieza por pieza, en mochilas y maletines, el estadounidense Alan Gross se aseguró de introducir computadoras, teléfonos celulares, discos duros y equipos de telecomunicaciones en Cuba. El artículo más sensible, según los reportes oficiales de los viajes del contratista estadounidense, fue el último: un “chip” informático para teléfonos móviles que, según expertos, suele ser usado por la CIA y el Pentágono para evitar la detección electrónica de señales telefónicas.

El objetivo, según un análisis hecho por la AP de los reportes de Gross, era supuestamente darle a la pequeña comunidad judía de Cuba acceso irrestricto a la internet.

El operativo fue financiado por la Agencia de Desarrollo Internacional, conocida como USAID por sus siglas en inglés, la entidad del gobierno estadounidense fundada en 1961 para proveer asistencia económica, humanitaria y de desarrollo alrededor del mundo en apoyo a los objetivos de la política exterior estadounidense.

La compañía de Maryland que contrató a Alan Gross, Development Alternatives Inc., o DAI, ganó más de 2 700 millones en contratos con la USAID desde el año 2000 hasta el año 2009, según muestran las estadísticas oficiales del gobierno de los Estados Unidos.

Gross, sin embargo, se identificó como miembro de un grupo judío humanitario y no como un representante del gobierno de Washington, asegura el informe de la agencia de prensa.

El estadounidense fue sentenciado en marzo a 15 años de cárcel, por violar las leyes cubanas. Funcionarios norteamericanos insisten en que no hizo nada ilegal y que sólo llevaba a cabo las funciones regulares de USAID, destinas a subvertir al gobierno cubano..

Durante el juicio, Gross se declaró un “tonto inocente” que fue engañado. Pero los reportes de su viaje -recalca AP- indican que él sabía que sus actividades eran ilegales y que temía las consecuencias, incluyendo la posible expulsión del país.

Uno de los documentos afirma que uno de los líderes comunitarios “dejó absolutamente claro que estamos ‘jugando con fuego”’.

En otra ocasión Gross comentó: “No cabe duda, esto es un asunto muy riesgoso”.

Y, finalmente: “La detección de señales de satélite sería algo catastrófico”.

Según AP, el caso ha agravado las tensiones entre Estados Unidos y Cuba, que ya llevan cinco décadas, ha suscitado inquietudes en Washington sobre esos programas de asistencia para el desarrollo, y sobre si las actividades encubiertas deben ser territorio exclusivo de los agentes de inteligencia.

La empresa de Gross, JBDC Inc., que se especializa en establecer conexiones de internet en lugares remotos como Iraq y Afganistán, había sido contratada por Development Associates International Inc. (DAI) de Bethesda, Maryland, que había logrado un contrato multimillonario con USAID para crear una red ilegal, mediante “innovaciones tecnológicas como conexiones telefónicas, internet por satélite y telefonía celular”.

Funcionarios de USAID revisaron los reportes oficiales de los viajes de Gross y fueron enterados periódicamente sobre el proceso, dijo a AP el portavoz de DAI Steven O’Connor. Los reportes fueron suministrados a la agencia de prensa por una persona enterada del caso que pidió no ser identificada debido a la sensibilidad de la información.

Los reportes abarcan cuatro visitas en un período de cinco meses en 2009. Otro reporte, redactado por un representante de la empresa de Gross, cubría su quinto y último viaje, que culminó con su arresto el 3 de diciembre de 2009.

En su conjunto, los documentos revelan todos los esfuerzos de Gross para evadir la detección de las autoridades cubanas.

A fin de evitar los registros aeroportuarios, Gross reclutó la ayuda de otros judíos estadounidenses para poder traer los equipos electrónicos, pieza por pieza. Dio instrucciones a sus ayudantes para que metieran los equipos, algunos de los cuales están prohibidos en Cuba, en el equipaje de mano en vez del equipaje de carga.

En una oportunidad, viajó en automóvil siete horas para no tener que pasar por la seguridad del aeropuerto.

En su último viaje, trajo una “discreta” tarjeta SIM – tarjeta electrónica de identificación de subscriptor – diseñada para evitar que una transmisión por teléfono satelital sea detectada.

El tipo de tarjeta SIM que llevaba Gross no se vende en el mercado y se facilita sólo a gobiernos, según un funcionario de una compañía de telefonía satelital y un ex funcionario de inteligencia estadounidense que ha utilizado ese tipo de chip. Los funcionarios, que hablaron a condición de anonimato debido a la sensibilidad de la información, dijeron que los chips usualmente son suministrados al Departamento de Defensa y a la CIA, pero pueden también ser obtenidos por el Departamento de Estado, que supervisa a USAID.

Preguntado sobre cómo Gross obtuvo la tarjeta, el vocero de USAID Drew Bailey solamente dijo que la agencia no desempeñó rol alguno en ayudar a Gross a obtener sus equipos. “Somos una agencia de desarrollo, no una agencia de inteligencia”, dijo.

El abogado estadounidense de Gross, Peter J. Kahn, se negó a formular comentarios pero en el pasado ha dicho que las actividades de Gross de ninguna manera buscaban socavar al gobierno cubano.

Los críticos de este programa afirman que ello no sólo pone en peligro a contratistas como Gross sino a todos los trabajadores de asistencia de Estados Unidos, inclusive aquellos que no están involucrados en actividades secretas.

“Ocurre con demasiada frecuencia que la gente de USAID es percibida como agentes de inteligencia”, comentó Philip Giraldi, un ex oficial de la CIA. “Eso perjudica a USAID, perjudica a la CIA y perjudica a cualquier otra agencia de inteligencia que debe operar debajo del radar”.

Aun antes de entregar la tarjeta SIM, Gross reconoció en su reporte que el uso de teléfonos con conexión satelital de internet sería “problemático si se llegase a descubrir”. Estaba consciente de que las autoridades estaban usando sofisticados equipos de detección y relató haber visto a empleados de la empresa estatal cubana de telecomunicaciones realizando un registro el día anterior al que debía establecer una operación inalámbrica Wi-Fi.

Aunque el gobierno estadounidense delinea en términos generales los objetivos de sus programas de asistencia en documentos públicamente disponibles, los programas no podrían funcionar en Cuba de una manera que no sea secreta, pues allí son considerados ilegales. Por razones de seguridad, las agencias estadounidenses se han negado a suministrar detalles operativos, incluso a comités del Congreso que monitorean esos programas.

USAID rechaza la idea de que sus empleados realizan tareas clandestinas.

“Nada de los programas que USAID realiza en Cuba es clandestino o reservado en manera alguna”, dijo Mark Lopes, un viceadministrador de la agencia. “Simplemente llevamos a cabo nuestras actividades de una manera discreta a fin de resguardar la seguridad de todos los involucrados”.

La Ley de Seguridad Nacional de Estados Unidos define “encubierto” como toda actividad del gobierno destinada a influenciar las condiciones en otro país “de tal manera que la participación del Gobierno de los Estados Unidos no sea aparente o públicamente reconocida”.

La actividad de USAID para “la promoción de la democracia en Cuba” -eufemismo de subversión- fue estimulada por un fuerte aumento de la financiación bajo la administración Bush, y en una nueva estrategia que busca facilitarle tecnología de comunicaciones a cubanos que respondan a los intereses de Washington. El financiamiento estadounidense para programas relativos a Cuba aumentó de 3,5 millones de dólares en 2000 a 45 millones en el 2008.

Actualmente ascienden a 20 millones de dólares al año.

Gross recibió medio millón de dólares como subcontratista de USAID, según fuentes estadounidenses conocedoras del contrato y que pidieron permanecer en el anonimato porque no tenían autorización para hablar del caso.

El director de USAID, Raj Shah, dijo que el fomento de la “democracia” es “absolutamente central” para el trabajo de su agencia.

Funcionarios estadounidenses insisten en que el trabajo de Gross no era subversivo porque sólo buscaba dar acceso a la internet a la comunidad judía. Los líderes judíos dicen que no estaban al tanto de los vínculos de Gross con el gobierno estadounidense y que ya tenían acceso a la internet. USAID no ha aclarado por qué creía que la comunidad judía cubana necesitaba una tecnología tan sofisticada.

Preguntado sobre si tales programas tenían la intención de derrocar al gobierno cubano, Lopes dijo “para USAID, nuestros programas de fomento a la democracia en Cuba no son sobre cambiar un régimen en particular. Eso es decisión del pueblo cubano, y creemos que ellos merecen tener esa opción”.

Otros discrepan.

“Por supuesto, esto es una actividad encubierta”, dijo Robert Pastor, asesor de asuntos latinoamericanos durante el gobierno de Jimmy Carter y actualmente director de Centro para la Democracia y Elecciones de la American University en Washington. “Se trata de buscar un cambio de régimen”.

Oriundo de Potomac, Maryland, Gross era un hombre sociable de 62 años, unos dos metros (seis pies) de alto y de 113 kilos (250 libras). Era inconfundible. Había comprado un programa Rosetta Stone de aprendizaje de idiomas para mejorar su español y poseía escasos conocimientos sobre Cuba. Pero sabía mucho sobre tecnología. Su empresa se especializaba en instalar equipos de comunicación en lugares remotos del mundo.

El primer viaje de Gross para DAI, que concluyó en abril del 2009, se centró en introducir equipos en la isla y establecer el primero de tres centros con acceso irrestricto a la internet para la diminuta comunidad judía de Cuba, que suma unas 1.500 personas.

Para introducir los equipos, Gross recurrió a grupos humanitarios norteamericanos que cumplían misiones en la isla. Viajó con esos grupos y le pidió a distintos individuos que llevaran las piezas, según los reportes de viajes.

Tres personas conocedoras de las tareas de Gross dicen que él le dijo a sus contactos en Cuba que estaba ahí representando a una organización judía, no al gobierno estadounidense. USAID dice que ahora le pide a la gente que realiza sus misiones que revele su financiamiento por parte del gobierno estadounidense a la gente que recibe la ayuda, si le preguntan.

Uno de los reportes de Gross parece indicar que él se presentó como miembro de uno de esos grupos y que viajó con ellos de tal manera que pueda interceder con las autoridades cubanas si surgían suspicacias.

Sus ayudantes debían llevar artefactos separados en su equipaje de mano. De esa manera, escribió Gross, cualquier pregunta podría ser respondida en el proceso de rayos X en el puesto de seguridad, y no en la casilla de aduanas. El material era luego entregado a Gross en su hotel en La Habana, según los reportes de viajes.

Desde hace tiempo USAID ha pedido de los visitantes a Cuba que introduzcan material prohibido en la isla, dijeron funcionarios estadounidenses enterados del programa. Y funcionarios de USAID han admitido en interpelaciones legislativas que han empleado a contratistas para llevar programas computacionales que permitan enviar material codificado por internet, según participantes de las reuniones.

Una alarma sonó en uno de los viajes de Gross cuando uno de sus acompañantes intentó salir del terminal aéreo; el acompañante había colocado el artículo – un artefacto que puede extender el rango de una red inalámbrica – en su equipaje de carga.

Gross intervino, asegurando que el artefacto era para su uso personal y que no era un disco duro de computadora ni un radio.

Según los reportes de viajes, los agentes de aduana intentaron cobrar 100% del valor del objeto como arancel, pero Gross logró regatear un poco y se le permitió salir del aeropuerto con el equipo.

“Ese día, más valió ser afortunado que inteligente”, escribió Gross.

Gran parte del equipo que Gross traía es legal en Cuba, pero el volumen de la carga podría darle a las autoridades cubanas una pista de cuál era la intención del estadounidense.

En la lista de su cuarto viaje, bajo “Equipo total”, dice que había 12 iPods, 11 teléfonos BlackBerry Curve, tres MacBooks, seis discos externos de 500 gigabytes, tres teléfonos satélites vía internet conocidos como BGANs, tres enrutadores, tres controles, 18 módulos inalámbricos, 13 barras de memoria, tres teléfonos para hacer llamadas por internet y varios interruptores.

Algunas piezas, como los equipos para redes y para comunicaciones satelitales, están expresamente prohibidos en Cuba.

Gross escribió que metió los BGANs en una mochila. Había aspirado a engañar a los agentes de aduana colocando cinta adhesiva encima de las marcas de los equipos: “Hughes”, el fabricante e “Inmarsat”, la empresa que provee el servicio de comunicación satelital vía internet.

Los BGANs eran cruciales porque no solamente facilitan acceso a la internet por satélite sino además una señal que puede servir a varios usuarios de manera inalámbrica. La ventaja de ello es que la comunicación va directamente al satélite, sin pasar por los servidores de la empresa de telecomunicaciones cubanas.

Siempre había la posibilidad de ser descubierto.

El año pasado, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado preguntó sobre la posibilidad de que misiones clandestinas estén siendo usadas en algunos de los programas humanitarios estadounidenses, y de que las autoridades cubanas hayan infiltrado algunos de ellos.

“La posible infiltración por parte de los servicios de contraespionaje es un riesgo conocido en Cuba”, dijo el Departamento de Estado en una respuesta por escrito a preguntas de la AP.

“Quienes desempeñan nuestras labores están conscientes de ese riesgo”.

El primer viaje de Gross a Cuba culminó a comienzos de abril de 2009 con el establecimiento de un centro de comunicaciones en La Habana.

Regresó poco tiempo después, se quedó unos 10 días mientras se establecía otro centro en Santiago, la segunda ciudad más grande de Cuba.

En su tercer viaje, de dos semanas y ocurrido en junio de 2009, Gross viajó a una ciudad en el centro de la isla, Camagüey, según un funcionario del gobierno estadounidense. Alquiló un automóvil en La Habana y manejó por siete horas, en lugar de tener que someterse a revisiones en el aeropuerto.

Gross escribió que los BGANs no debían ser usados fuera de La Habana, donde existen suficientes radios y ondas radiales como para ocultar las emisiones.

El reporte para el cuarto viaje de Gross, que concluyó ese agosto, fue catalogado como el final y resumía sus éxitos: el establecimiento de redes inalámbricas en tres comunidades; unos 325 usuarios; “las comunicaciones desde y hacia Estados Unidos han mejorado y se están usando de una manera regular”. Nuevamente se llega a la conclusión de que “es una misión sumamente riesgosa”.

A Gross no le hubiera ocurrido nada si hubiese parado allí.

Pero a fines de noviembre de 2009, regresó a Cuba por quinta vez. Esta vez no volvió. Fue arrestado 11 días después.

Un reporte adicional fue redactado posteriormente, con membrete de la empresa de Gross. Fue preparado con la asistencia de DAI, la empresa que mandó a Gross a Cuba, con el objetivo de cumplir con el requisito contractual de suministrar un resumen de su trabajo, a fin de cancelar todas las facturas relevantes, de acuerdo con funcionarios conocedores del documento.

El reporte afirma que Gross deseaba mejorar la seguridad en el centro de comunicaciones instalado en La Habana mediante la instalación de “una tarjeta sin alternativa” en el equipo satelital.

La tarjeta permitiría que la señal del BGAN pasara desapercibida al transmitirse al satélite, dificultando la detección del artefacto.

El documento concluye que la seguridad en el lugar fue afianzada.

No queda claro cómo DAI logró confirmar el trabajo de Gross para el reporte final aunque un documento, que también presenta el membrete de la compañía de Gross, establece que un representante de Gross contactó a la comunidad judía cubana cinco veces después de su arresto.

En una declaración durante su juicio, Gross se declaró inocente y ofreció disculpas.

“Nunca he hecho algo, ni lo haría ni lo haré, en lo personal o en lo profesional, para socavar a un gobierno”, dijo. “Me arrepiento profundamente por ser un tonto inocente, fui engañado, me usaron”.

En una entrevista con la AP, su esposa, Judy, culpó a DAI, la empresa que envió a Gross a Cuba, por no decirle a él toda la verdad sobre los riesgos. El vocero de DAI O’Connor dijo en una declaración que Gross “diseñó, propuso e implementó esta tarea” para la compañía.

( Tomado de cubadebate.cu)

Mientras difama a Cuba, Washington se niega a investigar la muerte de ocho afrocubanos en Miami

El Departamento de Justicia de Estados Unidos se niega a realizar una investigación sobre la muerte de ocho afroamericanos víctimas de la policía de Miami.

Mientras difama a Cuba en una campaña de desinformación orquestada desde la Florida y financiada por la USAID, el Departamento de Justicia de Estados Unidos se niega a realizar una investigación sobre la muerte de ocho afroamericanos víctimas de la policía de Miami bajo el pretexto que, supuestamente, estos “incidentes” están siendo “revisados” por la fiscalía estatal de Miami-Dade.

Una investigación sobre la responsabilidad de la policía en la muerte de jóvenes afroamericanos ha sido prometida en noviembre, en una conferencia de prensa donde Thomas E. Pérez, un asistente de fiscal general, precisó que esta decisión surge después de recibir numerosas ”denuncias sobre un excesivo uso de la fuerza letal por arma de fuego por parte de miembros del Departamento de Policía” de este enclave mafioso del sur de la Florida.

Sin embargo, el Departamento de Justicia hará un estudio “de los métodos de entrenamiento y de las prácticas” de la policía de la ciudad de Miami pero no llevará a cabo investigaciones criminales de las muertes, que, supuestamente, están siendo “revisadas” por la fiscalía estatal de Miami-Dade.

Pérez reconoció que en dieciséis meses, se había registrado “nueve tiroteos en los que estaba involucrada la Policía, que son de interés y que debemos investigar”, y señaló que desde julio de 2010 oficiales del MPD han disparado y matado a ocho jóvenes además de herir de gravedad a un noveno.

Las familias de los muertos han exigido investigaciones en numerosas oportunidades pidiendo transparencia de parte de la policía y de la fiscalía estatal. El NAACP y la Unión de Libertades Civiles Americanas (ACLU) se sumaron a las solicitudes. El entonces jefe Miguel Exposito, despedido en septiembre último por insubordinación, ni contestó.

TODOS LOS PRETEXTOS SIRVEN PARA MATAR AL HOMBRE NEGRO

Los jóvenes de los barrios segregados de Miami que han sido víctimas fatales de tiros policíacos y cuyas circunstancias de la muerte será objeto del estudio federal en los referidos diez meses – sin que un solo informe de investigación haya sido entregado ni un solo policía inculpado – son:

- Travis McNeil, de 28 años, que estaba desarmado, fue muerto a tiros en su auto en el Pequeño Haití el 10 de febrero por el agente Reinaldo Goyo. Un amigo de McNeil, Kareem Williams, también recibió disparos, pero sobrevivió.

- Joell Lee Johnson, un menor de 16 años, baleado en una supuesta operación contra robos, el 11 de agosto de 2010,

- Gibson Junior Belizaire, de 21 años, muerto en un tiroteo con agentes en relación con una pelea familiar, el 14 del mismo mes;

- Tarnorris Tyrell Gaye, de 19 años, ejecutado el día 20 siguiente cuando, según la policía, apuntó a oficiales “con una escopeta mientras montaba bicicleta”.

- Brandon Foster, 22 años, asesinado con siete tiros por tres policías en diciembre pasado, en el barrio segregado de Liberty City.

- Lynn Weatherspoon, ejecutado a primeras horas del Año Nuevo 2011, supuestamente después de “un tiroteo” en el barrio segregado de Overtown, El policía que disparo ha sido identificado como Maurice Sodre, de 26 años.

- DeCarlos Moore, asesinado en julio 2010 cuando “los oficiales pensaron equivocadamente que sus gafas de sol eran un arma de fuego cuando los saco de su coche” (sic).

Todos eran de raza negra.

No se menciona el caso particularmente escandaloso, del asesinato en Miami Beach, el 30 de mayo último, de Raymond Herisse, de 22 años de edad, un joven haitiano residente del condado de Palm Beach, ejecutado de 100 balas por 12 policías, al negarse de parar su vehiculo al salir de una fiesta en la playa.

MIAMI PREFIERE ESCONDER SU HISTORIA DE RACISMO Y VIOLENCIA

“Tenemos una crisis en esta comunidad, donde el departamento de policía recurre con demasiada facilidad a la fuerza letal, especialmente cuando se trata de jóvenes de la raza negra…”, señaló Howard Simon, director ejecutivo de la ACLU de la Florida, al conversar con la prensa local.

La investigación es la segunda en una década que realizan las autoridades federales sobre violaciones sistémicas de los derechos humanos por parte de oficiales de la Policía de Miami.

La prensa local de Miami prefiere no mencionar a la historia de racismo y de violencia de esta ciudad.

En la madrugada del 17 de diciembre de 1979, la policía de Miami mata a golpes Arthur McDuffie, un motorista negro desarmado. Absolución de los oficiales por un jurado blanco en 17 de mayo 1980 provocó una rebelión que fue sofocada por 3.500 soldados de la guardia nacional.

En 1982, dos agentes de la policía mataron a un hombre negro de 20 años, Nevel Johnson Jr., sin provocación, en un salón de billar en las cercanías de Overtown. La verdadera rebelión popular docurrida espués de la absolución de uno de los asesinos fue sofocada por 3.500 soldados de la Guardia Nacional.

El 16 de enero de 1989 (Día de Martin Luther King), Clemente Lloyd, de 23 años, fue asesinado a balazos por un policía mientras conducía su motocicleta. Su pasajero, Allan Blanchard, de 24 años de edad, murió de sus heridas. Una rebelión estalló, y el oficial de policía asewsino, William Lozano, fue condenado por homicidio… pero en 1993 su condena fue revocada en apelación.

Esto en esta misma ciudad donde cinco cubanos fueron condenados a extravagantes sentencias de decenas de años de cárcel por infiltrar a organizaciones terroristas, inspiradas por el Estado y protegidas por las autoridades judiciales locales.

 

Tomado de http://www.tercerainformacion.es/

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