Manipulación de la prensa

La prensa del norte, son campeones de la manipulación, viven mintiendo.

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El rostro de Chávez sigue transmitiendo autoridad

FOTO: AP

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Por: Heilet Morales

“El rostro del presidente Hugo Chávez, el que vi ayer en el féretro, sigue transmitiendo autoridad. Firmeza. Y ante él sus miles de seguidores le continúan lanzando besos, lo bendicen, lloran y, con el alma desgarrada de dolor, unos le gritan: ¡Te amo!, otros, se persignan y lo bendicen.
La urna abierta hasta la mitad de su cuerpo deja ver sobre su torso una banda roja que en letras bordadas con hilos dorados forman la palabra ‘Milicia’, su última creación en el seno de su Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Su boina roja estaba impecable, ese símbolo que en la cabeza de Chávez recuerda al hombre del ‘por ahora’ el 4 de febrero del 1992.

Una bandera venezolana cubre la caja de madera flanqueada por una guardia de honor del Ejército, otro de la Armada, de la Aviación y de la Guardia Nacional que cada dos horas se cambian. A la cabeza del Presidente está una gran cruz dorada. A sus pies, una espada de oro, símbolo del Libertador Simón Bolívar. Una vela, a un costado, no para de titilar. El Gran Collar del Libertador, también se deja ver.
Solo dos segundos se le puede observar. Eso me bastó para despedirme. Le dije: ‘Dios te bendiga’, seguido de un ‘fue un placer compartir tu tiempo desde mi trinchera del periodismo’.
En su urna se le ve imponente. Está vestido de verde oliva, el traje de gala del Ejército y, aunque suene lugar común, parecía dormido, decían reiteradas veces los miles de personas que lo veían, como yo, por no más de dos segundos. Su rostro —muy conservado— reflejaba tranquilidad, a la vez parecía retar a sus seguidores a seguir en la batalla. Transmitía la autoridad de siempre.
La imagen del Presidente que vi ayer es prácticamente la misma de toda su vida. La que conocí en Doha (Qatar), en la cumbre de los suramericanos y los árabes del 2009; la del Chávez que respetó y miró al otro país, al de los pobres, al del Valle, al del 23 de Enero, al de Antímano, al de Caricuao y La Pastora.

El dolor se siente a flor de piel. El salón está a reventar. Las colas de quienes también entrarán, como pude hacerlo yo, son interminables. En ese ambiente de recogimiento, de respeto, frente al Presidente, el cansancio que se apodera de uno, luego de siete horas de esperar para poder verlo, se desvanece.
En todo ese tiempo previo, pude comprobar que Jorge Giordani tenía razón… el afecto del pueblo hacia su líder “Es, más que amor, frenesí”… así le dijo el ministro, en el 2009, al propio Jefe del Estado en una de las tantas campañas. Frenesí, sí, eso siente su pueblo hacia él. El cuerpo del Presidente estaba ayer rodeado del amor colectivo.
Al interior del Gran Salón Simón Bolívar, con frescos en sus altísimas paredes alusivos a las batallas independentistas, estaban dos frentes, yo entré por el derecho, el más cercano a una familia Chávez devastada por la pérdida del hombre que dio a conocer a su Barinas natal en el mundo entero. Del otro lado, del izquierdo, las delegaciones de más de 57 países, en un espacio en el que se respiraba solemnidad y un profundo olor a rosas esparcido a lo largo y ancho de ‘La Casa de los Sueños Azules’, la Academia Militar de Venezuela, como le llaman cada hombre en armas forjado en esos enormes espacios.
El bullicio de los miles de venezolanos que acompañaban durante horas solo para ver brevemente a su líder desaparece apenas se está cerca del Hall, donde dos cámaras fijas no pierden detalle de cada uno de los visitantes al acercarse al féretro.
Está absolutamente prohibido tomar fotografías del cuerpo, del cumplimiento de esta orden se encarga la Guardia de Honor Presidencial, la misma que el 13 de abril se subió en la azotea del Palacio Blanco, frente a Miraflores, para ondear la bandera de Venezuela cuando el golpe de abril estaba en sus estertores.
Este jueves, los hombres de boina roja, con la inscripción GDH velaban por la seguridad de todo lo que estuviera cerca de su Comandante Presidente.
Al salir del enorme salón, recorrí los pasillos de la Casa de los Sueños Azules, en cuyas enormes paredes banderas de Venezuela se intercambian con miles de mensajes que a las 6:35 pm, cuando culminó mi periplo, ya no se podían leer; era uno sobre otro: ‘Chávez te amo’, ‘Vivirás en nuestros corazones’, ‘Gracias por ser el Presidente de los pobres’, son solo algunos de los que alcancé a leer, y que me ayudaron a entender esa conexión de amor, fervor, a veces hasta irracional, entre el Presidente y su gente.

Ese mismo río humano que lo acompañó a lo largo de su vida política se volcó a la Capilla Ardiente de la Academia Militar. Entrar era una auténtica odisea, pero estar allí me permitió ir a la revolución por dentro.
Ayer Caracas comenzó, a diferencia de la víspera, con más movimiento en las calles. A las 9:00 am ya estaba en Fuerte Tiuna, gracias al tráfico capitalino.
El chavismo de a pie estaba rodeando a su líder, bajo un sol inclemente en Caracas. Los seguidores eran miles, las colas terminaban en parabanes dispuestos a pocos metros de las entradas al recinto, pero no se sabía dónde empezaban. Se solapaban unas con otras, era como ver al distribuidor La Araña, pero formado por seres humanos, como las carabobeñas Marlene Maceda y María Moncada, quienes vestidas de rojo me decían : ‘Tranquilo camarada, aquí o entramos todos o no entra nadie. Si nuestro comandante estuviera vivo esto no estaría así. Salimos a las 4:00 de la mañana y llegamos a las 10 (am) viene mucha gente’.

‘Disciplina camaradas, disciplina’ gritaba a todo pulmón José León, quien me contó que hasta debió tomar una lancha para salir de su Chuao natal.
El caos se apoderaba entonces de las inmediaciones de la Academia, donde a cada hora, y mientras esté el cuerpo allí, suena una salva en honor al Presidente. Escuché siete salvas antes de lograr entrar.
Las barandas no resistían la marea roja, vi cuerpos de mujeres, hombres y hasta niños pasar delante de mí agobiados por el calor.
‘Aguanten camaradas’, ‘aguanten’, gritaban todos y yo también a medida que la marea me acercaba a la entrada, Marlene y María soportaban buscando aire y protegiéndose con sus manos de la ola humana que iba y venía.
La presencia del vicepresidente Nicolás Maduro, montado en una plataforma, desató la euforia colectiva. Escoltado por representantes del que será su Gabinete, en carácter de Presidente encargado, Maduro miraba desde la explanada a El Valle, su parroquia natal que puede verse desde la Academia y trató de que se guardara la compostura. Al verle, la gente empezó a gritar: ‘Ese es mi gallo’, decía Marlene con su piel bronceada por el sol, ‘pero al que amo está allá’, me dijo mirándome a los ojos.
Estar entre aquella multitud era como entrar al ‘ardimiento’ del que siempre habló el Presidente, el ardimiento de la Revolución por dentro, un calor humano que ayer se sentía entre miles de personas con un solo objetivo: ver al Comandante Presidente”.

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